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En respuesta a la avalancha de desinformación sobre la pandemia, las verificaciones de plataformas independientes aumentaron un 900% entre enero y marzo de 2020, según un informe del Reuters Institute for the Study of Journalism.
En la muestra de 225 piezas de desinformación, el 59% implica alguna forma de reelaboración o recontextualización de la información existente, a menudo verdadera; el 38% es información inventada, y el 3%, bromas; en las redes sociales, los porcentajes son 87%, 12% y 1%, respectivamente. En la muestra no se encontraron ejemplos de falsificaciones profundas.
El informe habla solo de desinformación y evita términos tan populares como fake news (noticias falsas) y hoax (bulos). Pero ¿hay que dar por buena esta categorización? ¿Cómo clasificar la desinformación en español?
Asumir voluntariedad en la difusión de cualquier falsedad implica ignorar que junto con el engaño deliberado puede haber otros motivos, como la exageración, la broma o la simple redifusión ignorante y bienintencionada...
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