por JoAnna Novak

Cuando Mark Zuckerberg anunciĂł el cambio de nombre de Facebook a Meta a finales del mes pasado en una “carta del fundador”, yo estaba en una videollamada con mi grupo de escritura, hablando de los placeres tĂĄctiles de nuestro oficio: los beneficios de escribir a mano, nuestro amor por las hermosas libretas Rhodia, nuestros ejemplos favoritos de pĂĄginas manuscritas (el mĂ­o: las de David Foster Wallace, cargadas de obsesiĂłn). Entre los tres tenemos cinco mĂĄquinas de escribir y ninguna cuenta de redes sociales. Y allĂ­ estĂĄbamos en el metaverso, anhelando lo Ășnico que no nos puede proporcionar: la experiencia del tacto.

A travĂ©s de la realidad virtual y aumentada (y tambiĂ©n las gafas inteligentes Ray-Ban Stories), la tecnologĂ­a de Meta tiene como objetivo cambiar la forma en que vivimos y en que nos conectamos con amigos y familiares (imagina teletransportar a tu yo en versiĂłn holograma a conciertos o a cenas de AcciĂłn de Gracias). Excepto que, pese a todo su discurso sobre unir a las personas, Meta avanza una desconexiĂłn humana fundamental: elimina nuestros cuerpos de la ecuaciĂłn.

Yo, por mi parte, no me entregarĂ© con docilidad al metaverso. No porque estĂ© en contra de la tecnologĂ­a (no lo estoy) o porque estĂ© irrazonablemente apegada a los placeres de los bolĂ­grafos de tinta de gel y los libros de tapa dura (aunque quizĂĄs sĂ­ lo estoy). Es porque despuĂ©s de haber luchado contra la anorexia y la bulimia durante mĂĄs de 20 años, lo Ășltimo que quiero es una tecnologĂ­a que me aleje aĂșn mĂĄs de mi cuerpo. “Si perdemos el contacto con nosotros mismos”, escribe el filĂłsofo Richard Kearney, “perdemos el contacto con el mundo. Sin conexiĂłn tĂĄctil, no hay resonancia entre uno mismo y los demĂĄs”.

Meses de encierros, cĂłcteles por Zoom y saludos con el codo nos han dejado en una crisis de tacto. Libros como Touch: Recovering Our Most Vital Sense [Tacto: recuperando nuestro sentido mĂĄs vital] de Kearney y How to Feel: The Science and Meaning of Touch [CĂłmo sentir: la ciencia y el significado del tacto] de Sushma Subramanian, ambos publicados este año, tratan precisamente de esta necesidad bĂĄsica. Incluso hemos desarrollado un lenguaje que compara el tacto con el sustento bĂĄsico y la supervivencia: los artĂ­culos sobre “el hambre por el tacto” y “desnutriciĂłn de tacto” revelan cuĂĄn vital es esta conexiĂłn tĂĄctil. El tacto es fundamental para nuestra humanidad. Es el primer sentido que desarrollamos.

Los constructores de mundos virtuales tambiĂ©n lo saben y cada vez mĂĄs estĂĄn enfrentando la necesidad del tacto y desarrollando nuevas maneras de recrearlo. Por ejemplo, estĂĄ la criatura hĂĄptica de Steve Yonahan, una cosa zoomorfa, robĂłtica y lenta que ronronea y vibra, y que influye en los estados emocionales de los humanos que la acarician y la cargan. Investigadores de la Universidad de Texas A&M estĂĄn desarrollando pantallas tĂĄctiles con “efecto hĂĄptico mĂĄximo” para transmitir texturas (aseguran que podrĂĄs notar la diferencia entre sĂĄbanas de satĂ©n y percal, en lĂ­nea). Un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins descubriĂł que la incorporaciĂłn de retroalimentaciĂłn hĂĄptica en las prĂłtesis de extremidades superiores les ha facilitado su uso a las personas con amputaciones.

Tiffany Field, directora del Instituto de InvestigaciĂłn del Tacto de la Universidad de Miami, ha estudiado el tacto durante mĂĄs de cuatro dĂ©cadas. Sus investigaciones revelan la importancia del tacto desde las primeras etapas de la vida humana. El masaje prenatal reduce la posibilidad del bajo peso al nacer (asĂ­ como de la depresiĂłn posparto). Masajear las extremidades de los bebĂ©s prematuros con presiĂłn moderada los lleva a ganar peso un 47 por ciento mĂĄs rĂĄpido. El tacto produce oxitocina, la “hormona del abrazo” que une a los padres con sus reciĂ©n nacidos durante el tiempo en el que estĂĄn en contacto piel con piel. El tacto mejora la atenciĂłn y el rendimiento cuantitativo (velocidad y precisiĂłn en problemas matemĂĄticos). En las madres adolescentes que experimentan depresiĂłn, el masaje disminuye los comportamientos ansiosos. En pacientes con VIH, la terapia de masaje genera un aumento de las cĂ©lulas asesinas naturales. La anorexia, el autismo, los dolores de espalda, el cĂĄncer, el sĂ­ndrome de fatiga crĂłnica, la fibromialgia, la esclerosis mĂșltiple y el trastorno de estrĂ©s postraumĂĄtico responden positivamente al tacto.

Incluso las vĂ­ctimas de abuso sexual se benefician del tacto terapĂ©utico. DespuĂ©s de un mes de masajes dos veces por semana, las mujeres que formaron parte de un estudio del Instituto de InvestigaciĂłn del Tacto experimentaron menos depresiĂłn y ansiedad, y sus niveles de cortisol disminuyeron. Las mujeres en el grupo de control que no recibieron masajes “reportaron una actitud cada vez mĂĄs negativa hacia el tacto”.

Al leer sobre el trabajo de Liisa Holsti, una investigadora del dolor neonatal, y Karon MacLean, investigadora de hĂĄptica, me sorprendiĂł lo conmovida que podĂ­a llegar a sentirme al aprender sobre la tecnologĂ­a hĂĄptica. Su estudio de 2020 presentĂł el Calmer, una incubadora rectangular equipada con fuelles neumĂĄticos, altavoces de subgraves y un microcontrolador que replica la frecuencia respiratoria, los latidos del corazĂłn y el tacto de una madre para los bebĂ©s prematuros en la unidad de cuidados intensivos neonatales. El tiempo piel con piel o el mĂ©todo madre canguro, en el que el bebĂ© estĂĄ acostado boca abajo sobre el pecho de la madre o padre despuĂ©s de nacer, reduce el dolor neonatal. Si un padre no puede estar presente o una enfermera no estĂĄ disponible para calmar al bebĂ© durante un procedimiento de rutina, como la toma de una muestra de sangre, el Calmer ofrece una alternativa a la interacciĂłn con el tacto humano. Una madre que participĂł en el estudio lo describiĂł como un “yo de reserva”.

Debo admitir que fui adversa al tacto durante la mayor parte de mi vida (conozco a otras personas con trastornos alimentarios que también lo son; mi mejor amiga, quien era igualmente antitacto, y yo solíamos bromear sobre la incomodidad discorde de nuestro abrazo navideño). Eso cambió cuando tuve un bebé y descubrí cómo el peso de 2,7 kilogramos de mi hijo sobre mi pecho se sentía como el amor mås pesado del mundo. No es de extrañar que sea tan importante recrear tecnológicamente el primer sentido.

Y aunque la expansiĂłn del metaverso podrĂ­a incentivar a equipos como Facebook AI a desarrollar mĂĄs simulaciones somatosensoriales, soy escĂ©ptica sobre los valores que guiarĂĄn su trabajo. ÂżSerĂĄn tan Ă©ticos como Holsti y MacLean, quienes dedicaron 10 años a probar tres prototipos de una hĂĄptica diseñada para “replicar mas no remplazar” la presencia materna? ÂżSerĂĄ la compañía de Zuckerberg igual de sensible a los sentimientos de desconexiĂłn o incorporeidad de los usuarios cuando se les suministren tecnologĂ­as sensoriales como ReSkin, con sus “mĂłdulos de sensaciĂłn tĂĄctil adaptables y econĂłmicos”?

Meta es el resultado de la apuesta de Zuckerberg por la “internet personificada”, pero en Ășltima instancia es una tecnologĂ­a que nos mantiene distantes, y nos aleja aĂșn mĂĄs de nuestros cuerpos y de los demĂĄs. Estar desconectada de mi cuerpo alimentĂł el autodesprecio y el perfeccionismo que facilitaron mi trastorno alimentario. No necesitamos suplir nuestros cuerpos con hologramas y avatares. Necesitamos nutrir nuestro sentido del tacto. Un apretĂłn de manos firme durante la oraciĂłn antes de una comida, una caricia al perro en el sofĂĄ, un abrazo en serio. En otras palabras, las alegrĂ­as tĂĄctiles de estar vivo.

JoAnna Novak es autora de la colección de historias cortas Meaningful Work y de New Life, una colección de poemas de próxima aparición.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2021/11/28/espanol/opinion/metaverso-zuckerberg-realidad-virtual.html

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