La relación entre los jóvenes y el riesgo es compleja y el temor por él ha descendido en los últimos años. Emborracharse hasta perder el control o no usar protección en las relaciones sexuales es algo que les asusta cada vez menos.

por Juan Carlos Ballesteros Guerra – Profesor asociado y codirector Sociológica Tres SL, Universidad Complutense de Madrid

La juventud es un periodo de profundos cambios y transiciones personales. Se pasa del estatus de niño –completamente dependiente de los progenitores– a iniciar el camino que los llevarán al mundo adulto, trayecto que supone el desarrollo de las propias capacidades y el carácter individual.

En suma, se construye en este periodo la manera de estar en el mundo. Es a lo largo de este tránsito cuando los y las jóvenes experimentan con los límites, tanto los personales (los físicos y psicológicos) como los sociales (el conjunto de normas y reglas), poniendo prueba los recursos y capacidades personales. Y es ahí precisamente, como parte de ese crecimiento personal, donde tiene lugar la experimentación con el riesgo, tan propia y característica de la juventud.

La compleja relación entre el riesgo y la juventud

Para analizar la compleja relación entre el riesgo y la juventud, el equipo de Sociológica Tres realizamos en 2021 para el Centro Reina Sofía-FAD sobre Adolescencia y Juventud el Barómetro sobre salud y bienestar mediante el empleo de un cuestionario aplicado a una población representativa de chicos y chicas entre los 15 y 29 años.

Uno de los capítulos de este informe aborda la relación entre juventud y riesgo, tanto en lo que se refiere a las actitudes hacia el riesgo como en la percepción sobre la peligrosidad asociada a ciertos comportamientos.

En relación a su idea sobre el riesgo, se preguntó a chicos y chicas si les compensaría realizar determinados comportamientos que podrían conllevar ciertos riesgos, por los supuestos beneficios a conseguir. El análisis de sus respuestas, comparadas con las que se obtenían para la misma pregunta en el Barómetro de Salud 2019 (también realizado por el Centro Reina Sofia-FAD) demostró que aumentó en 2021 el porcentaje de jóvenes que declaraban que les compensa llevar a cabo –o les compensaría, si los llevaran a cabo– estos comportamientos.

Evolución grado de compensación hacia determinadas actividades de riesgo 2019-2021. Escala 0 (no compensa nada) a 10 (compensa totalmente). Puntos en la escala de 7 a 10 (compensa mucho o totalmente). Datos en %. Número de personas en la muestra: 1 501 (barómetro salud y bienestar 2021) y 1 200 (barómetro salud 2019). Proporcionado por el autor. , Proporcionado por el autor

Entre los años 2019 y 2021 aumentó espectacularmente la proporción de chicos y chicas que declararon que les compensa emborracharse hasta perder el conocimiento (del 14,6 % en 2019 al 26,3 % de 2021), practicar deportes de riesgo (del 20 % al 24,1 %), fumar porros (12,6 % al 16,5 %), no usar protección en las relaciones sexuales (del 9,5 % al 12,5 %), conducir a mucha velocidad (del 8,4 % al 12,1 %), meterse en peleas (del 6,9 % al 8,3 %) o conducir vehículos cuando han tomado drogas o alcohol (del 5,6 % al 7,7 %), por mencionar los elementos más llamativos .

Complementariamente a lo anterior, es interesante el análisis de la sensación de mayor o menor inseguridad de determinados comportamientos. En este, también el año 2021 representa un punto de inflexión importante con respecto a la misma pregunta realizada en 2019. Bajaron determinadas proporciones de chicos y chicas que manifestaron inseguridad si llevaran a cabo determinadas acciones. Por ejemplo, la proporción de chicos y chicas que manifiestan altos niveles de inseguridad en la conducción de vehículos bajó del 46,8 % del 2019 al 39 % del año 2021; del 50,7 % de los riesgos sexuales al 41,8 %. Del acoso, tanto en centros de estudio o trabajo y en redes sociales, pasó del 49,7 % para ambos en 2019 al 44,1 % y 42,3 %.

Violencia Física

En cuanto a la violencia física, pasó del 52,8 % al 46,3 % y, finalmente, en cuanto a los consumos de drogas, del 53,3 % al 49,6 %. Es decir, había bastante menos chicos y chicas en 2021 que se habrían sentido inseguros si hubieran tenido que llevar a cabo estas acciones.

Evolución de la percepción de inseguridad hacia determinados comportamientos 2019-2021. Escala 0 (nada seguro) a 10 (absolutamente seguro). Datos en % en el punto de la escala 0 a 3 (muy o totalmente inseguro). Proporcionado por el autor.

No resulta fácil la explicación de esta mayor presencia del riesgo en la vida de chicos y chicas, al menos en una parte relativamente importante de ellos. No cabe duda de que estos incrementos de chicos y chicas a los que les compensan determinados comportamientos o del decrecimiento de la sensación de peligro asociado a los mismos responden, por lo menos en parte, a una necesidad de contrarrestar las duras restricciones debidas a la pandemia COVID-19.

Tendencia a banalizar el peligro

La profunda experiencia de esta pandemia hace que cambie no solo el modelo de vida, sino también el conjunto de experiencias de las que disfrutar, pese a los riesgos que puedan suponer. Pero también se detecta cierta tendencia a la banalización del riesgo, del peligro, que puede estar muy en conexión con el surgimiento de nuevos códigos de valores entre la juventud que empujan a fomentar también una idea de disfrute máximo, potenciada extraordinariamente por la situación de pandemia y las restricciones que ha conllevado que han tendido a exacerbar estas cuestiones.

En estas minorías que confiesan tales percepciones hay todo tipo de perfiles de chicos y chicas, lo cual no implica que no puedan detectarse un perfil dominante: están sobrerrepresentados los hombres, los de menor edad y los de clases privilegiadas. Es un perfil que lleva a pensar que estamos tocando una cuestión muy relacionada con los valores de un cierto grupo juvenil.

Fuente: https://theconversation.com/chicos-menores-y-de-clases-privilegiadas-asi-son-los-jovenes-amantes-del-riesgo-186074

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