Estudio: Microbiota intestinal en mujeres con trastornos de la conducta alimentaria: Una nueva frontera en fisiopatología y tratamiento . Crédito de la imagen: Pormezz/Shutterstock.com

Comprender el eje intestino-cerebro es fundamental para abordar los trastornos alimentarios. Este estudio destaca la influencia de la microbiota y los enfoques terapéuticos emergentes.

por Dr. Sanchari Sinha Dutta, Ph.D.

¿Podría un intestino alterado estar propiciando trastornos alimentarios? Este estudio explica el circuito hormonal intestino-cerebro que regula la anorexia, los atracones y otros trastornos, y cómo restablecer el equilibrio microbiano puede facilitar una mejor recuperación.

Un artículo de revisión publicado en la revista Nutrients describió la participación de la microbiota intestinal en la fisiopatología de los trastornos alimentarios en mujeres. La revisión también ofreció una visión general de las terapias dirigidas a la microbiota que pueden complementar los tratamientos psicológicos y farmacológicos convencionales.

Fondo

Los trastornos de la conducta alimentaria son un grupo de trastornos que se caracterizan por cambios en los comportamientos alimentarios que pueden afectar tanto la salud física como la mental. La anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón son los trastornos alimentarios más comunes, que afectan predominantemente a las mujeres. Estos trastornos también se caracterizan por síntomas psicológicos como alteraciones de la imagen corporal, miedo intenso a subir de peso y conductas compensatorias.

La microbiota intestinal regula diversas funciones fisiológicas y está estrechamente relacionada con la salud y la enfermedad humanas. Se han observado alteraciones significativas en la composición y el funcionamiento de la microbiota intestinal en mujeres con trastornos de la conducta alimentaria. También se ha descubierto que las fluctuaciones hormonales relacionadas con la menstruación, el embarazo y la menopausia alteran la composición microbiana intestinal, lo que podría aumentar el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria en las mujeres.

Cambios en la microbiota intestinal en los trastornos alimentarios

Las alteraciones de la microbiota intestinal pueden contribuir sustancialmente a la compleja patogénesis de los trastornos alimentarios. Estas alteraciones pueden surgir de infecciones virales, bacterianas o parasitarias que interfieren con el eje intestino-cerebro y potencialmente aumentan el riesgo de trastornos alimentarios.

La reducción de la diversidad microbiana y los cambios en la composición hacia poblaciones bacterianas específicas han aumentado la producción de citocinas inflamatorias, que cruzan la barrera hematoencefálica y causan alteraciones en la señalización de los neurotransmisores en el cerebro.

El GABA es un neurotransmisor inhibidor que puede influir directamente en la conducta alimentaria mediante interacciones con metabolitos microbianos intestinales que modulan hormonas reguladoras del apetito, como el GLP-1, el PYY y la CCK. Las bacterias intestinales productoras de GABA, en particular las del género Bacteroides, se han identificado como moduladores clave del apetito del huésped.

Se ha observado que la desregulación de los péptidos intestinales relacionados con el apetito contribuye potencialmente a la reducción del hambre, al deterioro de la señalización de saciedad y a la alteración de la motilidad gastrointestinal, lo que posteriormente aumenta el riesgo de desarrollar anorexia nerviosa, un trastorno alimentario caracterizado por una ingesta de energía restringida en relación con las demandas fisiológicas del cuerpo, acompañada de una pérdida de peso significativa y síntomas psicológicos.

Se ha descubierto que los fármacos psicotrópicos utilizados para tratar a pacientes con trastornos alimentarios o la restricción calórica prolongada en pacientes con anorexia nerviosa reducen la diversidad de la microbiota intestinal y desencadenan un cambio de composición de bacterias beneficiosas hacia bacterias dañinas.

Nuevas evidencias destacan una interacción multifactorial entre las vías inmunitarias-inflamatorias, los trastornos de la conducta alimentaria y la psicopatología relacionada con el estado de ánimo. En pacientes con anorexia nerviosa, se ha observado una disminución de la abundancia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Esto altera la permeabilidad intestinal y facilita la translocación sanguínea de microbios y metabolitos microbianos. Esta cascada de reacciones aumenta posteriormente los niveles de citocinas proinflamatorias e impacta la señalización neuroinmunitaria y el funcionamiento cerebral.

Los AGCC derivados de la microbiota intestinal son cruciales para regular el apetito y mantener la homeostasis metabólica al aumentar las hormonas de la saciedad, la leptina, el péptido similar al glucagón-1 (GLP-1) y el péptido YY. 

Los AGCC influyen principalmente en la actividad cerebral alterando la neuroinflamación, promoviendo la maduración microglial y regulando la síntesis de neurotransmisores y factores neurotróficos. Se ha descubierto que la actividad inflamatoria cerebral aumenta el riesgo de anorexia nerviosa al suprimir la hormona estimulante del apetito, la grelina, lo que provoca saciedad precoz y una menor ingesta de alimentos. Sin embargo, la evidencia también sugiere que los AGCC pueden tener efectos contextuales sobre el apetito y el comportamiento, influenciados por la composición dietética, los taxones microbianos y la fisiología del huésped.

Influencia hormonal en mujeres con trastorno alimentario

Las hormonas sexuales femeninas, especialmente el estrógeno y la progesterona, tienen un impacto significativo en la microbiota intestinal y vaginal. Altos niveles de metabolitos de estrógeno se han relacionado con la diversidad microbiana, mientras que altos niveles de estrógenos progenitores no metabolizados se han vinculado con el desarrollo de cáncer de mama.

El estrógeno intestinal se refiere a los genes bacterianos que participan en la desconjugación y la recirculación de estrógenos en la sangre. Los estrógenos son esenciales para regular la motilidad y la permeabilidad intestinal, promover la diversidad de la microbiota intestinal y aumentar la abundancia de bacterias beneficiosas. La microbiota intestinal, por otro lado, desempeña un papel crucial en la regulación del metabolismo de los estrógenos. Las alteraciones en este eje estrógeno-microbiota pueden contribuir al desarrollo de trastornos sensibles a las hormonas, incluyendo aquellos con componentes psicológicos y metabólicos.  

Se ha descubierto que las fluctuaciones cíclicas de estrógeno y progesterona durante el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia afectan el equilibrio del ecosistema microbiano, lo que provoca cambios en la composición y estabilidad de la microbiota intestinal. Estos cambios se asocian con fluctuaciones del estado de ánimo, alteraciones del apetito y antojos, que también son comunes en los trastornos alimentarios. En personas con vulnerabilidades psicológicas preexistentes, estos cambios microbianos impulsados por las hormonas pueden exacerbar los trastornos alimentarios, especialmente durante períodos hormonalmente sensibles como la pubertad, el embarazo y la menopausia.

Intervenciones dirigidas a la microbiota intestinal

Los tratamientos psicológicos y farmacológicos convencionales para los trastornos alimentarios han mostrado un éxito limitado. Dada la importante participación de la microbiota intestinal en la patogénesis de estos trastornos, los investigadores buscan desarrollar intervenciones dirigidas a la microbiota, como probióticos, prebióticos, modulación dietética y trasplante de microbiota fecal, que puedan complementar las terapias convencionales.

Varios estudios en animales han sugerido que los probióticos pueden mejorar la conducta alimentaria al regular la saciedad, atenuar los patrones de alimentación compulsiva y modular la adicción a la comida. Estas mejoras se asocian con el efecto beneficioso de los probióticos en la composición de la microbiota intestinal y la producción de metabolitos, hormonas y neurotransmisores que ejercen efectos beneficiosos en el eje intestino-cerebro.

En ensayos clínicos con humanos, se ha demostrado que la suplementación con probióticos, la terapia cognitivo-conductual y un programa de pérdida de peso mejoran las medidas antropométricas, reducen la adicción a la comida y regulan la conducta alimentaria. En adultos con obesidad, la suplementación con probióticos, junto con la modificación de la dieta, alivia los atracones, los síntomas del estado de ánimo y los índices metabólicos.

El trasplante de microbiota fecal (TMF) es una estrategia prometedora para restaurar la homeostasis microbiana intestinal. En pacientes anoréxicas, se ha observado que el TMF mejora el peso corporal, el porcentaje de grasa corporal, la diversidad de la microbiota intestinal y los niveles de metabolitos microbianos. Sin embargo, estos hallazgos se basan en estudios piloto o a pequeña escala, y la seguridad y eficacia a largo plazo del TMF en poblaciones con trastornos alimentarios aún no se han establecido por completo.

La nutrición de precisión y las intervenciones personalizadas basadas en el microbioma están cobrando importancia en el ámbito médico para el manejo de los trastornos alimentarios. Estas intervenciones se centran principalmente en las necesidades específicas de cada paciente, incluyendo planes dietéticos, psicobióticos (un probiótico) y suplementos adaptados a la microbiota y los perfiles nutricionales de cada individuo. Estas intervenciones son cruciales para restaurar la salud intestinal y mejorar los resultados.

Aunque prometedores, estos enfoques aún se consideran exploratorios y requieren mayor validación clínica antes de su aplicación generalizada.

Fuente: https://www.news-medical.net/news/20250716/Gut-brain-axis-in-eating-disorders-offers-new-treatment-potential.aspx

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