Changing the way we think, feel, act, and communicate: a new perspective against ageism.

por Marco Espíldora Hidalgo, María Paz Carvajal Díaz, Beatriz Alejandra Urrutia Quiroz, María José Gálvez Pérez, Gerardo Fasce Pineda

El edadismo, entendido como los estereotipos, prejuicios y discriminación hacia las personas mayores, constituye una de las formas de exclusión más naturalizadas en las sociedades contemporáneas. Tradicionalmente, se ha analizado en tres niveles: cómo pensamos (estereotipos), cómo sentimos (prejuicios) y cómo actuamos (discriminación)1, 2. Sin embargo, en el contexto actual de envejecimiento poblacional y transformación cultural, consideramos necesario ampliar este marco para incluir el lenguaje y la comunicación como dimensiones constitutivas del fenómeno.

En la actual sociedad de la información caracterizada por una conectividad permanente, el lenguaje no solo refleja, sino que configura y perpetúa el edadismo3, 4, 5. Expresiones cotidianas, discursos mediáticos y formas de dirigirse a las personas mayores pueden ser en sí mismas prácticas edadistas. Esto ocurre especialmente cuando la vejez se describe desde la carencia o la fragilidad, reproduciendo patrones como la infantilización, la invisibilización, la homogeneización o la exclusión. También se refleja en el uso de enfoques teóricos que minimizan su experiencia, como por ejemplo, hablar de «ciclo vital» en lugar de «curso de vida». Cambiar el lenguaje es un acto transformador: las palabras no solo nombran el mundo, lo crean. Al hablar podemos generar nuevas interpretaciones, relatos, posibilidades y formas de ser6. Por tanto, revisar y modificar nuestras prácticas comunicativas es fundamental para erradicar el edadismo y avanzar hacia una sociedad más equitativa.

En 2021, surge el término «gerocomunicación», definido como la comunicación de las vejeces, en plural, para visibilizar la diversidad y heterogeneidad de las personas mayores7, 8, 9. Esta perspectiva invita a utilizar un lenguaje inclusivo e integrador, alejado de expresiones peyorativas, estigmatizantes o paternalistas. Para superar el edadismo, es imprescindible revisar el vocabulario y las narrativas públicas y privadas sobre la vejez, así como formar en comunicación inclusiva a quienes diseñan y transmiten mensajes. También se deben promover imágenes y discursos que reflejen la diversidad, capacidades y derechos de las personas mayores, involucrándolas activamente en la adopción y construcción de nuevas representaciones sobre el envejecimiento que resignifiquen su experiencia y eviten la estigmatización10, 11. La edad no define en forma absoluta a las personas; es solo un aspecto más de su identidad. Las palabras y las imágenes que usamos pueden crear percepciones diferentes y promover actitudes más positivas o negativas hacia las personas mayores. El lenguaje nunca es neutro: puede reproducir o desafiar las ideas preconcebidas sobre la vejez.

Erradicar el edadismo requiere un cambio profundo que abarque cómo pensamos, sentimos, actuamos y, especialmente, cómo hablamos y comunicamos. Avanzar hacia una gerocomunicación transformadora es clave para construir una sociedad intergeneracionalmente justa, donde todas las personas, independientemente de su edad, sean reconocidas en su dignidad y diversidad.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación específica.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

Bibliografía

Fuente: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0211139X26000090

Referencia en KW: https://kwfoundation.org/blog/2025/05/10/escala-de-edadismo-de-la-oms/

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