Los síntomas psicológicos y conductuales asociados a la enfermedad de Alzheimer hacen referencia a alteraciones que afectan a la percepción del entorno y de las situaciones, al pensamiento, al estado de ánimo y a la conducta de la persona afectada.

por Fundación Pasqual Maragall (material proporcionado por César Guerreros – Perú)

La enfermedad de Alzheimer conlleva una variedad de síntomas que no solo se enmarcan en la esfera cognitiva (como pueden ser la pérdida de memoria, la dificultad para mantener la atención o para encontrar determinadas palabras al hablar) sino que también pueden aparecer comportamientos o
cambios afectivos y de humor que no siempre son fáciles de comprender o manejar y que pueden interferir en la realización fluida de las actividades cotidianas.

La distinción entre síntomas psicológicos y conductuales no siempre tiene una frontera claramente definida, en cualquier caso, en el día a día, es importante comprender estos síntomas y disponer de estrategias para manejarlos.

Estos síntomas suelen estar vinculados con las lesiones cerebrales causadas por el Alzheimer, pero también pueden ser resultado de factores ambientales y del entorno. Por ejemplo, la forma de gestionar las conductas alteradas por parte de quien cuida, como intentar razonar con reflexiones muy elaboradas o enfadarse, pueden aumentar la frustración de la persona con Alzheimer frente a sus dificultades y, posiblemente, generar irritabilidad en ella.

La complejidad añadida de los síntomas psicológicos y conductuales es que pueden aparecer de forma frecuente, darse en cualquier fase, en distinto orden y con diferente intensidad. Por este motivo no hay una “fórmula” que permita saber cuándo se van a producir, cuánto van a durar o qué hacer para que
desaparezcan. Sin embargo, es importante tener presente que no todas las personas con un diagnóstico de Alzheimer experimentan todos estos síntomas.

Indudablemente, estas conductas pueden generar un elevado grado de malestar en la vida diaria de todo el entorno familiar, es decir, tanto en la persona diagnosticada como en quienes le cuidan. Generalmente es la familia, y más concretamente la persona cuidadora principal quien detecta el inicio de esta
sintomatología que suele provocar una mayor sensación de sobrecarga y ansiedad.

Tener información sobre cada uno de los síntomas puede ayudar a detectarlos, así como a adaptarse a las diferentes fases de la enfermedad de Alzheimer. Y, aunque no existe ninguna fórmula infalible, a partir de algunas recomendaciones, se puede tratar de minimizar o evitar esta sintomatología.

Asimismo, a través de las recomendaciones prácticas recogidas en esta guía, se mostrará que es el entorno físico y humano el que se debería adaptar a la nueva realidad que vive la persona con Alzheimer.

Esto implica modificar tanto aspectos del entorno físico como la forma de interactuar con la persona afectada, siendo conscientes de que a menudo no se puede cambiar ni controlar su comportamiento y que la persona con Alzheimer, a veces, tampoco puede controlarlo. Tratar de imponer o forzar otros comportamientos sin considerar estos factores, puede llevar a resultados no deseados o a empeorar la situación.

La aparición de síntomas psicológicos y conductuales es habitual en la demencia, sea por Alzheimer o por otra causa. No obstante, es importante tener presente que la manifestación de unos u otros síntomas es muy variable, tanto entre distintos tipos de demencia, como entre personas con una misma enfermedad causante de demencia, como el Alzheimer, que es el foco principal de esta guía.

En esta guía se recogen los síntomas psicológicos y conductuales más frecuentes en la enfermedad de Alzheimer, para facilitar su organización y lectura, se ha seguido la clasificación que aporta la Asociación Internacional de Psicogeriatría (IPA) (2015).

Fuente: https://fpmaragall.org/

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