Entrar en el terreno de Simone de Beauvoir constituye un desafĂo fascinante y absolutamente necesario para cualquier profesional de la gerosexologĂa. Si Jean-Luc Nancy habla de la apertura del cuerpo y Comte-Sponville de la alegrĂa del deseo, Beauvoir sitĂşa —con la honestidad brutal que la caracterizaba— frente a una realidad más cruda: la mirada de la sociedad.