El envejecimiento de la población es una realidad global que exige una reevaluación integral de los modelos de atención en salud. Tradicionalmente, la salud sexual ha sido un tema relegado o incluso
invisibilizado en el contexto de la vejez, a menudo caricaturizada o, peor aún, asumida como inexistente. Esta omisión, sin embargo, es un grave error de salud pública que tiene consecuencias directas y perjudiciales en la calidad de vida, el bienestar emocional y la salud física de las personas mayores.