Los científicos han soñado durante mucho tiempo con una prótesis de memoria. Las primeras pruebas en humanos parecen prometedoras.
Los científicos han soñado durante mucho tiempo con una prótesis de memoria. Las primeras pruebas en humanos parecen prometedoras.
Aunque solemos preocuparnos por la inhalación de partículas víricas como el coronavirus, una nueva investigación demuestra que la calidad del aire en el trabajo puede tener efectos en la función cognitiva.
A diferencia de otras zonas del cerebro con nombres célebres como el hipocampo y la amígdala, el claustro no ha forjado todavía su reputación en nuestro imaginario cultural.
Los pacientes se someten a intervenciones para lograr una temperatura cerebral “normal”; un parámetro que permanece indefinido para los humanos. La profunda sensibilidad de la función neuronal a la temperatura implica que el cerebro debería ser isotérmico, pero las observaciones de pacientes y primates no humanos sugieren una variación espaciotemporal significativa.
Los abuelos son especiales en la vida de un nieto. Quien aún lo tiene consigo se considera afortunado, quién no la misma suerte los anhela. Y una forma de encontrarla es en Twitch.
Los recuerdos son como escenas de una película, y el cerebro es un excelente editor de video.
Los seres humanos no tienen rival en el área de la cognición. Después de todo, ninguna otra especie ha enviado sondas a otros planetas, producido vacunas que salvan vidas o creado poesía.
Los seres humanos evolucionamos en un entorno en el que la comida era escasa y había que esforzarse para conseguirla. Nada que ver con la situación actual, en la que todos tenemos a mano comida en abundancia. Eso no solo afecta a nuestro peso: también se resienten las funciones cognitivas.
Aunque nos duela, existe una jerarquía social en la que hay oprimidos e inocentes que sufren la desdicha y el castigo sin merecerlo, mientras muchos de “los de arriba” les miran con indiferencia. Así lo refleja la galardonada película Los santos inocentes, basada en el libro del mismo título de Miguel Delibes.
En el siglo I, si sufrías migraña era posible que alguien te recetara unas cuantas descargas eléctricas del pez torpedo para aliviar tu dolor. Más tarde, en el siglo XI, los médicos empleaban las descargas del pez gato para reducir las crisis epilépticas.
IMPORTANTE: KW Foundation no vende publicidad de terceros ni promociona contenidos pagos. Somos independientes, desde siempre.