Durante una semana este verano, Taylor y su compañera de piso usaron cámaras GoPro sujetas a la frente mientras pintaban, esculpían y hacían tareas domésticas. Entrenaban un modelo de visión artificial, sincronizando cuidadosamente sus grabaciones para que el sistema pudiera captar múltiples ángulos del mismo comportamiento. Era un trabajo difícil en muchos sentidos, pero les pagaban bien, y le permitía a Taylor dedicar la mayor parte del día a crear arte.