La exploración espacial ha sido, desde sus inicios, un símbolo de avance tecnológico, ambición humana y colaboración científica global. A pesar de haber nacido en un contexto de rivalidad geopolítica, el impacto que ha generado en la imaginación colectiva y en el desarrollo de soluciones terrestres es innegable. Hoy, en plena crisis climática y social, resurge la pregunta: ¿vale la pena seguir invirtiendo en el cosmos cuando hay tanto por resolver aquí abajo?