La vulnerabilidad residencial de niños y adolescentes impacta en su educación, aumenta el riesgo de pobreza e influye en su salud, física, social y mental.
La vulnerabilidad residencial de niños y adolescentes impacta en su educación, aumenta el riesgo de pobreza e influye en su salud, física, social y mental.
La pandemia de covid-19 ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad ante nuevas enfermedades hasta ahora desconocidas.
En los últimos meses hemos asistido a una situación sin precedentes en la historia reciente mundial. La crisis generada por el covid-19 ha puesto patas arriba la situación social conocida hasta ahora. Sus efectos están presentes en nuestro día a día. Desde el “mundo adulto” prestamos atención a cuestiones como la economía, la salud, el empleo o el turismo, pero no estamos poniendo nuestra mirada en cómo esta crisis afecta a las necesidades de la infancia.
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