Cada vez que un deportista al que seguimos llega a una final, vibramos de emoción. Y si gana, sentimos la victoria casi como si fuera nuestra. También a nivel cerebral, según a demostrado la neurociencia.
Cada vez que un deportista al que seguimos llega a una final, vibramos de emoción. Y si gana, sentimos la victoria casi como si fuera nuestra. También a nivel cerebral, según a demostrado la neurociencia.
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