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Si 2024 destacó por ser el aƱo en que todos, hasta el jurado de los Nobel, quedamos deslumbrados por la maravillosa promesa que el aprendizaje automĆ”tico podĆa suponer para el avance de la humanidad, su hermano pequeƱo, 2025, es la revancha del sentido crĆtico.
por Laura G. de Rivera, The Conversation
Si no lo entiende, es normal. Es un tĆtulo en clave que solo podrĆan descifrar los adolescentes de la casa, si no fuera porque aquĆ les traigo el spoiler. ā6 7ā (six seven) ha sido elegido el vocablo del aƱo 2025 por Dictionary.com, en encarnizada competencia con ārage baitā āganadora segĆŗn Diccionario Cambridge de inglĆ©sā y āparasocialā āla seleccionada por Diccionario Oxfordā. Las tres nos interesan mucho, pero vayamos por partes.
6 7 es eso que no es nada y, a la vez, tiene el poderĆo suficiente para servir de respuesta para todo. Sirve como sustituto perfecto a āno sĆ©ā, āquizĆ”ā, āy a mĆ quĆ©ā, āquiĆ©n sabeā, āme da igualā, ācomo quierasā, āpaso de todoā o āvaya novedadā, por ejemplo. Pertenece, como escriben los autores de este interesante artĆculo, a la ājerga brainrotā, es decir, ātĆ©rminos intencionalmente absurdos y sin sentido diseƱados para ser remezclados infinitamente y utilizados, incluso, como elemento de burla o incordio hacia adultos o profesoresā. Por cierto, eso de ābrainrotā significa ācerebro podridoā en inglĆ©s, que es como se nos queda la sesera cuando sucumbimos a los algoritmos adictivos de internet: dejamos de pensar, de ser, de saber⦠y nos convertimos en un pedazo de carne con un dedo que hace scroll.
ĀæY quĆ© tiene que ver con el resumen de 2025? 6 7 es la cara que ponemos cuando nos enteramos de que todos esos superpoderes que prometĆa tener la inteligencia artificial son, en lo que nos toca como ciudadanos de a pie, un jardĆn lleno de cacas de vaca. Porque, aparte de su papel estrella en la automatización de la industria y la investigación, en su uso domĆ©stico estĆ” siendo algo que beneficia sobre todo a las plataformas digitales que usamos āo nos usanā.
Hora de analizar los efectos secundarios
Si 2024 destacó por ser el aƱo en que todos, hasta el jurado de los Nobel, quedamos deslumbrados por la maravillosa promesa que el aprendizaje automĆ”tico podĆa suponer para el avance de la humanidad, su hermano pequeƱo, 2025, es la revancha del sentido crĆtico.
Hemos sabido cómo, con analizar solo una foto nuestra, existen programas de inteligencia artificial que pueden hacer un retrato robot detallado de cómo somos, hasta de cuÔnto ganamos. No es que los algoritmos nos lean la mente, es que estÔn diseñados para satisfacer los intereses económicos de las plataformas que hay detrÔs.
Hay quienes definen la tecnologĆa mediĆ”tica moderna como ātĆ©cnicas que nos sumergen en una realidad constantemente retocada, filtrada y cada vez mĆ”s distante de la experiencia directaā. A esa fabricación de lo real que sustituye lo vivido, Gunter Anders la llamó āfantasmasāā. Un riesgo que encaja con otra de las palabras del aƱo, “parasocialā, entendida como aquello que finge el contacto entre personas, pero no es mĆ”s que puro aislamiento: exactamente lo que hacen las redes sociales, cuando nos comunicamos con cientos de personas a base de corazoncitos⦠pero lo hacemos desde la inmensa soledad de nuestra pantalla rectangular. Y eso sin hablar de esos chatbots que se convierten en compaƱeros y confidentes, haciĆ©ndonos olvidar que son solo programas de ordenador.
Si no lo entiende, es normal. Es un tĆtulo en clave que solo podrĆan descifrar los adolescentes de la casa, si no fuera porque aquĆ les traigo el spoiler. ā6 7ā (six seven) ha sido elegido el vocablo del aƱo 2025 por Dictionary.com, en encarnizada competencia con ārage baitā āganadora segĆŗn Diccionario Cambridge de inglĆ©sā y āparasocialā āla seleccionada por Diccionario Oxfordā. Las tres nos interesan mucho, pero vayamos por partes.
6 7 es eso que no es nada y, a la vez, tiene el poderĆo suficiente para servir de respuesta para todo. Sirve como sustituto perfecto a āno sĆ©ā, āquizĆ”ā, āy a mĆ quĆ©ā, āquiĆ©n sabeā, āme da igualā, ācomo quierasā, āpaso de todoā o āvaya novedadā, por ejemplo. Pertenece, como escriben los autores de este interesante artĆculo, a la ājerga brainrotā, es decir, ātĆ©rminos intencionalmente absurdos y sin sentido diseƱados para ser remezclados infinitamente y utilizados, incluso, como elemento de burla o incordio hacia adultos o profesoresā. Por cierto, eso de ābrainrotā significa ācerebro podridoā en inglĆ©s, que es como se nos queda la sesera cuando sucumbimos a los algoritmos adictivos de internet: dejamos de pensar, de ser, de saber⦠y nos convertimos en un pedazo de carne con un dedo que hace scroll.
ĀæY quĆ© tiene que ver con el resumen de 2025? 6 7 es la cara que ponemos cuando nos enteramos de que todos esos superpoderes que prometĆa tener la inteligencia artificial son, en lo que nos toca como ciudadanos de a pie, un jardĆn lleno de cacas de vaca. Porque, aparte de su papel estrella en la automatización de la industria y la investigación, en su uso domĆ©stico estĆ” siendo algo que beneficia sobre todo a las plataformas digitales que usamos āo nos usanā.
Otra cosa que debemos recordar es que, al ser pura estadĆstica, la IA se puede equivocar y no es fĆ”cil saber quiĆ©n pagarĆa por esos errores, sean grandes o pequeƱos. Todo apunta a que es hora de adaptar las normas para prevenir los riesgos de la inteligencia artificial, de verdad y en la prĆ”ctica.
Unos y ceros sin emociones
Por otra parte, cuando hablamos con ChatGPT como si fuera una persona y, peor aĆŗn, nos responde de la misma manera que lo harĆa una persona, podemos entrar un bucle pantanoso. Y es que otorgar cualidades humanas a la tecnologĆa no nos ayuda a comprenderla, eso estĆ” claro. āEl imaginario en torno a una tecnologĆa determina el modo en que el pĆŗblico la entiende y, por lo tanto, guĆa su uso, su diseƱo y su impacto socialā. Para empezar, la IA que tenemos hoy no siente ni padece: āno es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadĆsticaā.
Somos nosotros, los usuarios humanos, los que sĆ tenemos emociones: descubrir cómo las plataformas digitales las explotan para engancharnos estĆ” detrĆ”s de otra de las palabras estrella de este aƱo. āRage baitā hace alusión a eso, a cómo hacemos clic, compartimos o comentamos un post o noticia solo porque ha encendido el botón de nuestra ira.
Pepitos Grillo imprescindibles
Los investigadores que firman nuestros artĆculos nos ayudan a aclarar confusiones. Hemos aprendido, por ejemplo, que Alphafold, el programa de IA para predecir la estructura de las proteĆnas por el que sus creadores recibieron el Nobel de QuĆmica, no es código abierto. No es ciencia abierta, como se nos dio a entender, sino un producto que la empresa privada DeepMind (Google-Alphabet) deja usar a los cientĆficos, sin dejarles conocer sus entraƱas ni modificarlo.
Otras voces denuncian que el lado oscuro de la tecnologĆa estĆ” dando pie a una nueva especie de trabajadores, los neoesclavos digitales.
CientĆficos comprometidos
No es cuestión de ponernos sombrĆos, solo de ser conscientes de la realidad poliĆ©drica. El avance tecnológico estĆ” bien, sĆ, de acuerdo. Pero tambiĆ©n debemos exponer su lado no tan amable āo directamente oscuroā, esa otra cara de la moneda. Es necesario para avanzar de forma limpia y Ć©tica⦠y para que los tomadores de decisiones no tengan que sonrojarse a la hora de rendir cuentas a la ciudadanĆa.
Porque cada innovación debe ir acompaƱada de la evaluación de sus riesgos y de sus consecuencias no deseadas o no imaginadas. āLa ciencia no puede desligarse de la sociedad, pues siempre estĆ” impregnada de valores, visiones del mundo y consecuencias prĆ”cticasā, tal y como seƱala otro de nuestros autores. Hoy, mĆ”s que nunca, necesitamos cientĆficos comprometidos, que hagan estudios independientes y ayuden a los gobernantes a emprender acciones mejor informadas, en beneficio de la gente.
La transición digital contamina
TambiĆ©n hemos dado voz a interesantes estudios sobre los efectos secundarios del progreso informĆ”tico: el impacto medioambiental de la inteligencia artificial. Por ejemplo, las consultas a ChatGPT consumen 1000 MWh cada dĆa en el mundo, hasta el punto de que Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon han firmado acuerdos para comprar energĆa de plantas nucleares, asegurando el flujo de vatios para sus centros de dato. En este contexto, varias investigaciones confĆan en la fotónica y en la nanotecnologĆa para que la IA sostenible no quede en utopĆa.
Al mismo tiempo, hemos aprendido que solo una de cada dĆez baterĆas de litio (las que usan nuestros smartphones y portĆ”tiles) se recicla y que existen cientĆficos devanĆ”ndose los sesos para encontrar la manera en que el binomio ātransición verdeā e āimpacto medioambiental de los minerales crĆticosā (como litio o silicio) no nos cree disonancia cognitiva.
Otra vertiente del progreso mal entendido son los tóxicos que llegan a la gente desde muy diversas fuentes, incluso juguetes con plomo, retardantes de llama y ftalatos, ropa con formaldehĆdo y disruptores endocrinos o esos microplĆ”sticos persistentes que podrĆan invadir el perfecto y bello ecosistema que late en una gota del ocĆ©ano. Pero lo interesante no es quejarse, sino buscar soluciones: ya hay tecnologĆas que permiten descomponer plĆ”sticos usando bacterias o crear biomateriales de verdad biodegradables. Solo falta invertir en ellas e implementarlas.
La vida en cĆŗbits
En el resumen de este aƱo tampoco pueden faltar la mención al entrelazamiento entre luz y materia, con esos maravillosos artĆculos que nos ayudan a entender quiĆ©n mató al pobre gato de Schrƶdinger o cómo la fĆsica cuĆ”ntica entra de lleno en nuestras vidas. Este tema ha sido el protagonista del Nobel de FĆsica 2025, otorgado a los experimentos pioneros que allanaron el camino para las computadoras cuĆ”nticas.
Forman parte de esos misterios apasionantes que nuestros autores se aventuran a explicarnos, como el origen de la primera superkilonova observada en el cosmos, las claves de la vida halladas en el asteroide Bennu o la materia oscura observada por primera vez. Porque el cielo siempre ha fascinado al ser humano y lo sigue haciendo. Si no que se lo digan a todos los amantes de contemplar eclipses, que el aƱo que se avecina disfrutarƔn de lo lindo.
Nosotros seguiremos aquĆ, al pie del cañón, tratando de ofrecerles un fiel rompecabezas de la realidad cientĆfica y tecnológica para que puedan formarse una idea lo mĆ”s completa e informada posible del lugar que quieren ocupar en el mundo.
Fuente: https://theconversation.com/ciencia-2025-six-seven-o-el-estado-digital-de-la-cuestion-272619