La escueta narraciĂłn que hace la Wikipedia de la muerte de los cuatro presidentes de Estados Unidos que han sido asesinados es un buen ejercicio para la memoria histĂłrica de la medicina. Con todos ellos, Lincoln en 1865, Garfield en 1881, McKinley en 1901 y Kennedy en 1963, los medicina de la Ă©poca hizo todo lo que pudo por salvarles la vida. De los cuatro magnicidios, el más ilustrativo es el de Garfield, que recibiĂł dos balazos que no afectaron ningĂşn Ăłrgano vital. El ilustre herido permaneciĂł más de dos meses en cama en la Casa Blanca, mientras los mĂ©dicos –en su afán por encontrar una de las balas– fueron convirtiendo una herida de unos milĂmetros en una herida grave. Y acabĂł muriendo “por culpa de la infecciĂłn y de la hemorragia interna que le causaron los mĂ©dicos”.