A Estocolmo se la ha denominado “fábrica de unicornios” por su éxito con las nuevas empresas. Una conexión única con la filosofía deportiva ayuda a explicar por qué.
por Eric Markowitz
Puntos clave
- Los entrenadores de fútbol suecos Sven-Göran Eriksson y Pia Sundhage redefinieron el liderazgo.
- Su estilo de gestión se basaba en un enfoque “pragmático sueco” del trabajo en equipo y la colaboración.
- Este espíritu refleja el estilo de liderazgo que ha llevado a muchas empresas suecas al éxito global.
En una noche tormentosa en el Estadio Olímpico de Múnich en septiembre de 2001, el escenario estaba preparado para un enfrentamiento épico. Inglaterra, que luchaba por un lugar en la Copa del Mundo, se enfrentaba a su archirrival: Alemania.
El aire estaba cargado de electricidad, con la expectativa de una batalla que parecía destinada a ser desgarradora. El dominio de Alemania -y su récord de fortaleza- se cernía sobre el equipo inglés como una fuerza inamovible. Para la mayoría de los entrenadores, el camino a seguir habría sido obvio: jugar a lo seguro, defender atrás y esperar un momento de suerte para pasar con un empate. Pero Sven-Göran Eriksson, el nuevo entrenador de Inglaterra, no creía en el modo supervivencia. En cambio, eligió una estrategia tan audaz que parecía temeraria. El plan de Eriksson era claro: desatar el poder ofensivo de Inglaterra, explotar las debilidades de Alemania y aspirar a nada menos que el dominio total.
Lo que siguió fue nada menos que impresionante.
Inglaterra desmanteló a Alemania por 5-1, silenciando a la multitud local y reescribiendo la historia. El triplete de Michael Owen fue la pieza central de la noche, pero la verdadera estrella fue el liderazgo de Eriksson. Su decisión de apoyarse en las fortalezas del equipo, en lugar de refugiarse en la cautela, desafió las expectativas y definió el partido. Fue una victoria nacida de un pragmatismo sereno, un marcado contraste con los estilos de liderazgo fogosos y autoritarios que suelen celebrarse en los deportes.
Franz Beckenbauer, el jugador y ex entrenador alemán campeón del mundo, comentó más tarde: “Nunca había visto a un equipo inglés jugar mejor al fútbol. Tenían ritmo, agresividad, movimiento y habilidad. Era un fútbol de fantasía”.
Eriksson, que falleció en agosto de 2024, no solo ganó el partido; redefinió cómo podría ser el liderazgo bajo presión.
Esta silenciosa revolución en el liderazgo no empezó esa noche. El estilo de Eriksson se basaba en un enfoque claramente sueco del trabajo en equipo y la colaboración, descrito recientemente como “pragmático sueco” por profesores de las escuelas de negocios que creen que los ejecutivos modernos podrían aprender de ese enfoque.
El método de Eriksson no se basaba en el carisma ni en una presencia imponente, sino en crear un entorno en el que todos pudieran destacar. Eriksson nunca fue la voz más fuerte de la sala, pero obtuvo resultados al empoderar a sus jugadores y al personal, confiando en que estarían a la altura de las circunstancias.
Este espíritu no sólo funcionó en el campo de fútbol, sino que reflejó el estilo de liderazgo que ha llevado a muchas empresas suecas al éxito global. De hecho, la Escuela Wharton ha llamado a Estocolmo una “fábrica de unicornios”. Las estadísticas respaldan este apodo: la capital sueca ha producido una de las mayores cantidades de empresas emergentes de mil millones de dólares per cápita, superada sólo por Silicon Valley.
Y a diferencia de sus pares estadounidenses, que tienden a ensalzar a los fundadores (pensemos en todas las hagiografías de Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Elon Musk, etc.), las empresas suecas tienden a apoyar al equipo por encima del individuo. “La idea del emprendedor en el garaje o en el pequeño almacén es romántica y verdadera en muchos sentidos, pero eso no ocurre sin mucha otra infraestructura”, afirma el profesor de Wharton Exequiel Hernández.
La capital sueca ha producido uno de los números más altos de empresas emergentes de mil millones de dólares per cápita, superada sólo por Silicon Valley.
El enfoque empresarial de Suecia se ha caracterizado desde hace mucho tiempo por la cooperación, el consenso y la adaptabilidad, pero es posible que este tipo de cultura sea más fácil de ver en el campo deportivo que en la sala de juntas. La actitud tranquila y facilitadora de Eriksson demostró que el liderazgo no tiene por qué ser una cuestión de dominación, sino de permitir que los demás rindan al máximo.
La genialidad de este enfoque reside en su humildad. Eriksson no se aferró al control ni a la microgestión. Contrató a expertos en acondicionamiento físico y psicología, confiando en ellos para que perfeccionaran el rendimiento del equipo. Esta delegación no fue un signo de debilidad, sino un reconocimiento de que el conocimiento especializado podía fortalecer al colectivo.
Al centrarse en el panorama general, Eriksson construyó un sistema en el que las personas podían prosperar. Este espíritu de liderazgo pragmático sueco no era exclusivo de él en el fútbol: Pia Sundhage también lo encarnaba. Como entrenadora principal de la selección nacional femenina de fútbol de Estados Unidos entre 2007 y 2012, Sundhage, oriunda de Ulricehamn, Suecia, impartió una clase magistral sobre el estilo de liderazgo de su país. Se hizo cargo de un equipo en crisis, fracturado por discordias internas después de un decepcionante tercer puesto en la Copa Mundial de 2007. Las tensiones aumentaron después de que la guardameta suplente Hope Solo criticara públicamente a su ex entrenador, Greg Ryan.
Sundhage no perdió tiempo en marcar un nuevo tono. En su primera reunión de equipo, cantó “The Times They Are A-Changin’” de Bob Dylan, señalando un cambio del conflicto a la colaboración y trazando un camino a seguir. Su liderazgo, tranquilo pero firme, priorizó al equipo sobre el individuo. Reintegraba a Solo al hacerles a los jugadores una pregunta simple: “¿Quieren ganar?” Su argumento era claro: la victoria requería unidad y los mejores jugadores tenían que jugar, sin importar las tensiones pasadas. Este enfoque inclusivo reflejaba el énfasis sueco en el consenso y el pragmatismo.

Sundhage también transformó el estilo de juego del equipo, pasando del atletismo puro a un juego más técnico y orientado a la posesión. Bajo su liderazgo, Estados Unidos ganó dos medallas de oro olímpicas y un segundo puesto en la Copa del Mundo de 2011. Su capacidad para estabilizar al equipo en situaciones de alta presión, como el épico partido de cuartos de final de 2011 contra Brasil, mostró su mentalidad serena y orientada a los resultados.
Al igual que Eriksson, Sundhage se destacó por empoderar a sus jugadores y fomentar un ambiente de confianza. Llevaba su guitarra a los ensayos y usaba la música para aliviar la tensión y generar camaradería. Los jugadores apreciaron su capacidad para combinar la alegría con las altas expectativas. Abby Wambach señaló que Sundhage “me mostró lo que es amar el juego”, mientras que Hope Solo dijo que Sundhage permitió a los jugadores “ser individuos mientras nos mostraba lo que realmente es un EQUIPO”.
Al centrarse en el éxito colectivo por encima del estrellato individual, Sundhage personificó el pragmatismo sueco. Su legado de liderazgo va más allá de victorias y medallas: demuestra que un liderazgo sereno y colaborativo puede lograr resultados extraordinarios.
Conclusión n° 1: empoderar, no controlar
Eriksson y Sundhage prosperaron empoderando a quienes los rodeaban. Eriksson confiaba en que sus jugadores y su personal harían su trabajo. Sundhage generó confianza a través del refuerzo positivo y la comunicación abierta. Ambos crearon entornos en los que las personas se sentían valoradas y motivadas para rendir al máximo. En las organizaciones, esto significa dar a las personas la autonomía para tomar decisiones y asumir la responsabilidad de sus funciones. Los líderes que empoderan a sus equipos obtienen mejores resultados porque fomentan la creatividad, el compromiso y la colaboración.
Conclusión n° 2: la flexibilidad es lo mejor en el largo plazo
Tanto Eriksson como Sundhage eran maestros de la adaptación. Ajustaban sus tácticas y estrategias para adaptarse al momento. La flexibilidad no significa falta de estructura, sino estar abierto al cambio y dispuesto a adaptarse cuando sea necesario. Esta mentalidad es especialmente esencial en el entorno altamente dinámico de hoy. Para las empresas, la lección es clara: la adhesión rígida a procesos obsoletos puede ser una desventaja. Las organizaciones que adoptan el cambio y la innovación están mejor equipadas para navegar por la incertidumbre y prosperar en el largo plazo.
Conclusión n° 3: la colaboración supera a la jerarquía.
La colaboración fue la base del éxito de Eriksson y Sundhage. Eriksson creó consenso, involucrando a los participantes en las decisiones y fomentando un sentido de pertenencia. Sundhage creó un entorno inclusivo en el que todos comprendían su función y se sentían parte del éxito del equipo. Este enfoque es igualmente valioso en los negocios. Los líderes que priorizan la colaboración sobre el mando crean organizaciones que son más innovadoras y resilientes. Al valorar las perspectivas diversas y fomentar el diálogo abierto, liberan todo el potencial de sus equipos. El máximo éxito: empoderar a los demás.
En definitiva, no hay mayor indicador de éxito como líder que el hecho de que tu equipo esté presente en tu funeral, no solo para llorar, sino para celebrar la forma en que los ayudaste a lograr sus objetivos. El fallecimiento de Sven-Göran Eriksson en 2024 fue recibido con una efusión de amor y respeto por parte de los jugadores a los que guió.
David Beckham lo calificó de “verdadero caballero” y dijo que estaría “eternamente agradecido” por haber sido nombrado capitán bajo el liderazgo de Eriksson. Wayne Rooney, quien debutó con Inglaterra siendo adolescente bajo el mando de Eriksson, lo describió como un “hombre especial” que le brindó una ayuda y consejos invaluables durante los primeros años de su carrera.
John Terry y Frank Lampard expresaron sentimientos similares, destacando el estilo tranquilo y solidario de Eriksson como clave para su crecimiento. Como dijo el portero Kasper Schmeichel, Eriksson fue el primer entrenador en llamarlo “de clase mundial”, lo que lo hizo sentir “de tres metros de alto” e inspiró la confianza que lo llevaría a ganar un título de la Premier League.
Estos homenajes no se limitan a las tácticas de Eriksson, sino que muestran el poder silencioso del pragmatismo sueco. Empoderó a otros, generó colaboración y se adaptó a los desafíos, dejando un impacto duradero. El liderazgo no se trata de dominar, sino de ayudar a otros a prosperar. Los jugadores de Eriksson no solo ganaron, sino que crecieron. Cuando un equipo te recuerda no solo por las victorias sino por la humanidad que aportaste, ese es el legado definitivo. Al final, como nos recuerda la carrera de Eriksson, no se trata del líder, se trata del equipo.
Fuente: https://bigthink.com/the-long-game/the-lasting-genius-of-swedish-pragmatics-in-soccer-and-startups/