por Eva Catalán

La FilosofĂa analiza, busca conexiones, se hace las preguntas de más difĂcil respuesta: ante una pandemia sin precedentes, nuestros expertos en este campo no han dejado de reflexionar sobre las posibles consecuencias en el devenir de la humanidad de un evento histĂłrico.
Roberto R. Amarayo, del Instituto de FilosofĂa del CSIC, decidiĂł hacerlo con un afán constructivo. En su artĂculo Reflexiones desde la filosofĂa: lo que el COVID puede enseñarnos, Aramayo se pregunta si un reto planetario como el actual podrĂa servir para algo bueno. No sĂłlo para recordarnos la importancia de invertir en ciencia y salud, y obligarnos a un necesario replanteamiento de nuestras prioridades (colectivas y personales), sino sencillamente obligándonos a sacar lecciones positivas, a aprender de lo sucedido y vivido, y trascender las lecturas catastrofistas.
La prueba de que los lectores ansiaban una reflexiĂłn en positivo está en que su artĂculo es, por el momento, el más leĂdo de la secciĂłn de Cultura.
Posverdad: Âżla estupidez de siempre?
2020 ha desarrollado tambiĂ©n pensamiento más allá de la pandemia. Uno de los temas que más nos ha preocupado, y sobre el que más han trabajado los filĂłsofos en todo el mundo, es el de la posverdad y el impacto polĂtico y social que tienen los medios de comunicaciĂłn digitales y en particular las redes sociales.
AgustĂn Arrieta, de la Universidad del PaĂs Vasco (UPV-EHU), nos ayuda a comprender los peligros de esta tendencia que no deja de crecer. Estableciendo el germen de este concepto en los escritos de Harry G. Frankfurt, Hannah Arendt, y Lee McIntyre, Arrieta explica cĂłmo la actitud de desprecio hacia la verdad y lo que la rodea (los hechos, las pruebas, la objetividad, la evidencia) fomenta la apariciĂłn de afirmaciones tan preocupantes como que “la objetividad no existe” o actitudes negacionistas frente a las verdades cientĂficas. Por eso, sostiene Arrieta, La posverdad es más peligrosa que la mentira.
Una de los causantes de la posverdad es un mal tan antiguo como la humanidad. En ¿Qué es la estupidez?, Antonio Fernández Vicente, de la Universidad de Castilla La Mancha, la define: son las personas convencidas de estar en lo cierto. Su fanatismo, responsable en buena medida de la polarización ideológica que nos rodea, se propaga especialmente en los mensajes breves y unidireccionales de Twitter y Facebook.
La estupidez es peor que la maldad: hiere sin ni siquiera reportar un beneficio al que lo hace. EstĂşpido es quien rechaza la autocrĂtica y la duda. Termina con una recomendaciĂłn: ya que la estupidez siempre insiste, deberĂamos acudir al Ăşnico antĂdoto posible, y hacernos, cada cierto tiempo, una pregunta imprescindible: “¿Y si estuviese equivocado?”.

Soledad no deseada
Otra pandemia, esta silenciosa y menos inmediata en su impacto, afecta a la sociedad del siglo XXI: la soledad. Melania Moscoso PĂ©rez y Txetxu AusĂn, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, nos avisan de Por quĂ© no debemos romantizar la soledad. Al contrario de lo que la literatura romántica y la Ă©tica protestante transmiten, la soledad, sobre todo la no buscada, no es fecunda ni facilita la producciĂłn intelectual.
La soledad no deseada, incluso aunque nos encuentre en un “cuarto propio hiperconectado”, tiene consecuencias nefastas para la salud, la mental, como es obvio, pero tambiĂ©n para la salud fĂsica. Y no están solas Ăşnicamente las personas de edad avanzada o sin familia: uno de los colectivos con mayor probabilidad de padecerla son las madres solteras de 18 a 24 años. Porque la dedicaciĂłn exclusiva al cuidado, como la que realizan en nuestro paĂs una mayorĂa de mujeres que se dedican a la atenciĂłn de personas dependientes, favorece la cronificaciĂłn de la soledad. Más allá de los avatares particulares de cada biografĂa, hay factores estructurales que agravan la soledad, como el gĂ©nero, el entorno fĂsico, la situaciĂłn econĂłmica o el nivel de estudios.
Y para luchar contra la soledad, y contra muchas otras injusticias o situaciones no deseables, no importa solamente lo que podemos hacer, sino tambiĂ©n, o incluso más, lo que no debemos dejar de hacer. Sobre esta pertinente disquisiciĂłn escribiĂł Txetxu AusĂn en Hacer o no hacer: la importancia de la Ă©tica en la enseñanza. Como sujetos de un mundo de espectadores, profusamente interconectado, no podemos eludir nuestra responsabilidad, ni por acciĂłn, ni por omisiĂłn. Por eso preocupa la decisiĂłn de retirar la asignatura de Ética de segundo de la ESO, puesto que es una asignatura que deberĂa ayudar a los futuros adultos ciudadanos a entender sus responsabilidades cĂvicas.
Dialoguemos y exijamos a nuestro intelecto ir más allá de lo fácil y de lo cómodo.
Fuente: https://theconversation.com/filosofia-2020-reflexiones-entre-la-pandemia-y-la-posverdad-152559