Cuando se vuelve constante, la queja puede erosionar nuestra salud mental, pero hay estrategias para cambiar de actitud.
por MarĂa J. GarcĂa-Rubio, Universidad Internacional de Valencia

Imaginemos una situación de lo más común. Dos personas que caminan apresuradamente se cruzan por la calle. Pueden ser amigos, compañeros de trabajo o conocidos. Uno de ellos saluda con un “hey, ¿qué tal estás?” o “¿cómo te va?”. Automáticamente, el otro responde: “Vamos tirando” o “vamos, que no es poco”. Poco después, cada uno sigue por su lado. El breve encuentro está marcado desde el principio por la queja sistemática.
En pleno siglo XXI, las sociedades desarrolladas aceptan este tipo de actitud como una forma rutinaria de interacción social. De hecho, es bastante frecuente escuchar quejas sobre el tráfico, el clima, el trabajo o las dificultades económicas. Para muchos, es algo inofensivo e incluso terapéutico, porque les sirve de desahogo emocional.
Sin embargo, se ha demostrado que el lamento crĂłnico tiene un impacto significativo en la salud emocional, mental e incluso fĂsica tanto de quienes se quejan como de quienes reciben los comentarios pesarosos.
Un fenĂłmeno cotidiano
AquĂ abordaremos la expresiĂłn repetida de insatisfacciĂłn, frustraciĂłn o malestar por situaciones percibidas como negativas. Se trata de un fenĂłmeno casi universal que puede extrapolarse a contextos familiares, laborales y sociales. Lejos de una visiĂłn catastrofista, quejarse ocasionalmente es una parte normal de la experiencia humana. El desgaste emocional y fisiolĂłgico ocurre cuando ese talante negativo invade nuestras rutinas diarias.
Pero ¿por qué nos quejamos tanto? Algunos expertos consideran que actúa como un mecanismo de afrontamiento a través del cual liberamos tensión o buscamos validación. Concretamente, se ha observado que mediante la queja buscamos que aprueben nuestra opinión o percepción, como si se tratara de un bucle.
Hasta aquĂ, funciona como una estrategia de presentaciĂłn ante nuestro grupo social; es una funciĂłn adaptativa del ser humano.
El problema es cuando se cronifica y extiende a numerosos contextos. Es una situación que empeora con el uso y abuso de las redes sociales, donde es frecuente que personas influyentes en las poblaciones más jóvenes dediquen gran parte de su contenido a despotricar sobre esto y aquello como estrategia de captación de seguidores o para crear debate e intercambio de comentarios.
Impacto en el cerebro y la salud mental
Aunque es un campo de investigaciĂłn pionero y requiere más estudios, la neurociencia ya se ha adentrado en la etiologĂa y las consecuencias de la queja.
Diversas investigaciones han confirmado que el cerebro humano está diseñado para identificar amenazas y problemas, lo que explica por quĂ© es tan fácil centrarse en lo negativo y por quĂ© algunas personas tienden a quejarse más que otras. Se trata de un mecanismo evolutivo con un origen protector: el cerebro tiende a fijarse en lo negativo porque le permitĂa enfrentarse a un peligro real hace miles de años y aumentaba las opciones de supervivencia.
Este efecto, denominado sesgo de negatividad, puede volverse contraproducente en el entorno moderno, ya que focalizarse en lo malo de manera continua puede alterar la forma en que las personas ven el mundo y promover asĂ nuevas interacciones como las que se basan en la queja.
Algunos estudios señalan que el acto de lamentarse puede provocar cambios estructurales en el cerebro que, a su vez, generan problemas en la resolución de problemas y la función cognitiva. Esto significa que las personas quejumbrosas pueden pueden ver mermadas funciones como la resolución de problemas, la toma de decisiones o la planificación. Esto genera aún más frustración y, en consecuencia, más quejas.
Además, se ha observado que la queja cotidiana se correlaciona con la sintomatologĂa ansioso-depresiva. En concreto, con pensamientos intrusivos, rumiaciones, baja autoestima, cansancio y fatiga mental. Por ello, los individuos que no paran de lamentarse por todo suelen ser más pesimistas y menos resilientes frente a las adversidades.
Estrategias para cambiar de actitud
A continuación explicamos algunas de las formas de interacción y afrontamiento más recomendadas en consulta psicológica:
- Practicar la gratitud. Centrar la atención en el momento con el foco en lo que tenemos favorece el agradecimiento. Registrar las cosas por las que podemos sentirnos agradecidos en un diario ayuda a cambiar la perspectiva.
- Buscar soluciones. Hacer, por ejemplo, una lista de posibles acciones para mejorar una situación nos da una sensación de control y reduce la frustración.
- Prestar atenciĂłn a nuestras palabras. La psiconeurolingĂĽĂstica nos enseña que ser consciente del lenguaje que utilizamos y modificarlo para que sea más positivo o neutral nos puede ayudar a cambiar el patrĂłn de pensamiento.
- Establecer lĂmites con los demás. Se trata de un mecanismo de protecciĂłn. Supone, por ejemplo, evitar conversaciones que se centren demasiado en lo negativo o proponer un enfoque más constructivo para los problemas.
Sin duda, ser consciente del hábito malsano de quejarse sin descanso e intentar cambiarlo es esencial para mejorar la calidad de vida. Es un objetivo que forma parte del crecimiento personal de cada individuo y que se puede reforzar con el apoyo de la terapia psicológica.
Antes de quejarse otra vez, tenga en cuenta los efectos cerebrales, emocionales y sociales que conlleva. Y recuerde: la queja no es negativa si no se cronifica. No somos perfectos, somos humanos.