Una mirada clínica para mejorar el diagnóstico diferencial en pacientes con síntomas persistentes en otoño e invierno.
por Dra. Amelia Zarauza
| Introducción |
Durante los meses de otoño e invierno, los profesionales de la salud observamos un aumento significativo de consultas por síntomas respiratorios, tales como congestión nasal, estornudos, tos y dificultad para respirar, que suelen atribuirse con frecuencia a infecciones virales estacionales. Sin embargo, en muchos pacientes, especialmente aquellos con antecedentes atópicos, estos síntomas pueden deberse a enfermedades alérgicas respiratorias, exacerbadas por factores ambientales típicos de esta época del año.
| Factores de riesgo y exposición en invierno |
Factores tales como la disminución de la ventilación, el pasar mayor tiempo en interiores, y el uso de elementos guardados, como ropa de invierno, mantas, alfombras, estufas y peluches, contribuyen a una mayor exposición a los alérgenos domésticos.
Ambientes cerrados, húmedos y calefaccionados también pueden favorecer la acumulación de polvo, ácaros y hongos ambientales. Esta combinación constituye un escenario propicio para desencadenar y exacerbar enfermedades respiratorias alérgicas, como la rinitis y el asma.
| Alérgenos frecuentes: ácaros y hongos ambientales |
Los ácaros del polvo doméstico representan una de las principales causas de rinitis alérgica y asma persistente. Se desarrollan con facilidad en ambientes cálidos y húmedos, y proliferan en colchones, almohadas, tapizados y objetos textiles almacenados.
Por otro lado, los hongos ambientales como Alternaria, Cladosporium e incluso Aspergillus, pueden actuar como desencadenantes respiratorios, especialmente en espacios con humedad y mala ventilación. Estos alérgenos suelen estar subdiagnosticados y su exposición crónica puede pasar desapercibida durante semanas, meses o incluso años.
| Manifestaciones clínicas y diagnóstico diferencial |
Los síntomas alérgicos respiratorios pueden confundirse fácilmente con cuadros virales: congestión nasal persistente, rinorrea acuosa, tos, estornudos frecuentes, prurito nasal y ocular, faringitis, y en algunos casos, empeoramiento del asma bronquial. Una característica clave es la recurrencia estacional y la falta de respuesta sostenida a tratamientos sintomáticos inespecíficos.
La evaluación alergológica y la historia clínica detallada permiten diferenciar estos cuadros, evitando el uso innecesario de antibióticos, descongestivos y antitusivos, optimizando el manejo de la patología.
| Control ambiental: medidas prácticas para aplicar y comunicar |
El control ambiental sigue siendo una herramienta fundamental en el manejo de las alergias respiratorias. A continuación, se desarrollan medidas concretas con su justificación clínica, junto con sugerencias sobre cómo comunicarlas al paciente:
• Ventilar los ambientes: permite disminuir la concentración de alérgenos y contaminantes. Se recomienda abrir las ventanas al menos una vez al día, durante 10 a 15 minutos, asegurando una correcta circulación de aire.
• Evitar estufas a combustión: este tipo de calefacción puede liberar contaminantes, como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y otras partículas que agravan los síntomas respiratorios. Se recomienda utilizar calefactores eléctricos o splits, manteniendo siempre ventilación cruzada.
• Lavar textiles almacenados con agua caliente: los ácaros del polvo mueren a temperaturas superiores a 55 °C. Lavar mantas, sábanas y peluches ayuda a reducir su presencia antes de volver a usarlos.
• Reducir la acumulación de polvo: implica limpiar con frecuencia superficies, estanterías y textiles. Se recomienda el uso de paños húmedos, en lugar de plumeros, y aspiradoras con filtro HEPA cuando sea posible.
| Estas recomendaciones deben transmitirse durante la consulta de manera clara, empática y adaptadas a las posibilidades de cada paciente. Explicar el porqué de cada medida, con ejemplos sencillos y realistas, no solo mejora la adherencia, sino que también ayuda a que las personas comprendan mejor su condición y ganen confianza en su tratamiento. |
La educación médica, bien comunicada, es un acto de cuidado que puede aliviar síntomas, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
| Conclusión |
Reconocer el impacto de los alérgenos ambientales en invierno es clave para mejorar el diagnóstico diferencial de las enfermedades respiratorias. Un abordaje clínico adecuado, apoyado en la evidencia médica y centrado en la prevención, nos permite mejorar la calidad de vida de niños, adolescentes y adultos con enfermedades alérgicas respiratorias persistentes.
Desde la consulta diaria tenemos la oportunidad de acompañar y orientar a nuestros pacientes con herramientas eficaces y fundamentadas en guías internacionales. Medidas simples, accesibles y basadas en la evidencia pueden transformar la calidad de vida de quienes conviven con alergias respiratorias, recordándonos que un buen diagnóstico es también un acto de cuidado.
* Amelia Zarauza es médica pediatra (UBA), alergóloga e inmunóloga clínica. Especialista en Salud y Ambiente. Subdirectora de la Carrera de Médico Especialista en Alergia e Inmunología – UBA. Responsable del Área de Alergia a Fármacos del Hospital Argerich. Docente universitaria en la UNLaM. Realiza práctica asistencial en pediatría y también es instructora en mindfulness para profesionales de la salud y comunidades educativas.
Referencias bibliográficas
1. Global Initiative for Asthma (GINA). Global Strategy for Asthma Management and Prevention, 2024. Disponible en: https://ginasthma.org/
2. Bousquet J, Khaltaev N, Cruz AA, et al. Allergic Rhinitis and its Impact on Asthma (ARIA) 2008 update. Allergy. 2008;63(Suppl 86):8-160. Disponible en: https://www.euforea.eu/aria/
3. European Academy of Allergy and Clinical Immunology (EAACI). Guías clínicas y recursos. Disponible en: https://www.eaaci.org/