La filosofía, en su afán por descifrar la condición humana, nos ofrece lentes para entender no solo el mundo, sino también las urgencias de nuestro tiempo. Cuando miramos el rostro del envejecimiento y el sufrimiento de millones de personas mayores en Latinoamérica, que enfrentan la pobreza, la enfermedad y la soledad, nos preguntamos: ¿dónde radica la responsabilidad? Para responder a esta inquietud, podemos recurrir a las profundas ideas de dos pensadoras extraordinarias: Hannah Arendt y Adela Cortina.
por Alexandra Caballero Guzmán MD MSc, Médica especialista en cuidado con perspectiva de género
Desde la perspectiva de Hannah Arendt, una de las mayores preocupaciones era la pérdida de la esfera pública, ese espacio de interacción y acción política donde los ciudadanos se encuentran para deliberar y actuar juntos. Arendt lamentaba que la vida moderna nos ha recluido en la esfera privada, enfocados en nuestras propias necesidades y en el consumo, mientras que los asuntos que nos atañen como comunidad se desvanecen. El problema del envejecimiento solitario y empobrecido es, en esencia, un fracaso de la esfera pública. Es un problema que nos afecta a todos, pero que a menudo relegamos a la intimidad del hogar o, peor aún, a la indiferencia total. La responsabilidad, para Arendt, no es solo un acto individual, sino también un deber de participación en el mundo compartido. No mirar hacia otro lado es el primer paso para no caer en la trampa de la apatía…
Fuente: Alexandra Caballero Guzmán MD MSc, Médica especialista en cuidado con perspectiva de género