Las redes sociales y los móviles se han revelado como un gran disruptor para las conversaciones cara a cara. Investigaciones recientes estÔn demostrando de manera fehaciente que el uso irreflexivo (y casi adictivo) del móvil tiene un efecto directo en la calidad de las conversaciones que mantenemos.

por Estrella Montolƭo DurƔn, CatedrƔtica de Lengua EspaƱola. Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

La relación compulsiva con los dispositivos vampiriza la atención, base de la escucha y de la conversación significativa. Los estudios revelan que la simple presencia de un móvil, aunque estĆ© en modo silencio, divide la atención de los participantes entre las personas reales presentes y la gente virtual. Ese móvil silencioso inhibe la posibilidad de iniciar y compartir conversaciones de interĆ©s, dado que los participantes sospechan de manera inconsciente que el dispositivo puede reclamar la atención de su propietario en cualquier momento desde un universo virtual paralelo, por lo que deciden ā€œsurfearā€ los temas de conversación en lugar de profundizar en ellos.

De hecho, los niƱos y jóvenes que han crecido en familias en las que las comidas familiares han estado colonizadas por pantallas (televisión, tablet y el omnipresente móvil) muestran un dĆ©ficit manifiesto de habilidades comunicativas y conversacionales. No saben interpretar las seƱales no verbales de sus interlocutores (activan menos neuronas espejo, base de la empatĆ­a); y temen exponerse a la conversación real ā€œno editada previamenteā€, es decir, realizada aquĆ­ y ahora. Claro estĆ”, saben ā€œhablarā€, pero no gestionan con solvencia el intercambio cooperativo que nos ha permitido a los humanos llegar hasta el siglo XXI: la conversación.

Aprender a conversar de manera competente

El lenguaje articulado, una capacidad intrínsecamente humana, es de naturaleza genética; esto es, cualquier ser humano, por remoto que sea el lugar en el que ha nacido, puede hablar. La dimensión mÔs genuina del lenguaje como herramienta de comunicación es la conversación cotidiana. Y a conversar de manera solvente se aprende. Entre otras habilidades, se aprende cómo entrar de manera adecuada en las conversaciones, cómo mantenerlas en un tono cooperativo o cómo afrontar con empatía y asertividad los diÔlogos difíciles.

En otras palabras, el lenguaje es, por tanto, un don innato. La conversación, en cambio, es un aprendizaje cultural.

Dime Berlin

En este sentido, es necesario subrayar la importancia educativa de la familia en las capacidades conversacionales de sus retoƱos. Del mismo modo que nuestras familias nos dotan de un determinado capital económico –y, asĆ­, algunos tienen la fortuna de heredar un piso, mientras que otros tenemos que adquirirlo con nuestros propios medios–, las familias nos proporcionan tambiĆ©n un determinado capital lingüístico. Por ejemplo, el acceso a un lĆ©xico amplio, preciso, cuidado, quizĆ” incluso plurilingüe; o, con menor fortuna familiar, a un vocabulario simple y reducido. Lo mismo cabe decir sobre la sintaxis: algunos heredan el contacto desde la infancia con construcciones sintĆ”cticas complejas que permiten elaborar el pensamiento con mayor sofisticación, mientras que otros infantes reciben de su entorno verbal solo estructuras paratĆ”cticas sin apenas conexión entre ellas.

Pues bien, de la misma manera, nuestras familias nos confieren también un determinado capital conversacional. Todos hemos podido observar niños que pueden afrontar con tranquilidad conversaciones, por ejemplo, con adultos de mayor jerarquía que sus padres, mientras que otros se sienten confusos porque no saben cómo deben reaccionar. Hay niños que han aprendido a inhibir su habla mientras habla su interlocutor y a esperar su momento, frente a otros chiquillos (y multitud de adultos) que no han recibido nunca esa enseñanza.

En las sociedades desarrolladas, el ideal es que la escuela funcione como instrumento de igualación que permita que los niños que han crecido con una prÔctica lingüística y conversacional de menor calidad en sus familias puedan entrar en contacto con modelos lingüísticos mÔs ricos y estimulantes, que les permitan reconocer y expresar mejor sus emociones, sentimientos y argumentaciones. Sin embargo, esa igualación no siempre funciona de manera óptima.

Nuestras conversaciones nos identifican

Educar(nos) en el lenguaje y la conversación es crucial por muchas razones, que se concretan en el hecho de que nuestra manera de conversar tiene un impacto decisivo en la construcción de nuestra imagen, de la percepción que los demÔs tienen de nosotros.

Nuestras conversaciones nos identifican, nos construyen como individuos y crean o destruyen nuestras relaciones sociales, tanto las personales como las profesionales. Sherry Turkle lo expresa asĆ­ en su metaestudio sobre la conversación: ā€œLa calidad de nuestras conversaciones estĆ” directamente ligada a nuestra felicidad personal y a nuestro Ć©xito social y profesionalā€.

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional

Si lo pensamos, resulta llamativo el muy distinto grado de interĆ©s que reciben en el espacio pĆŗblico diferentes –por asĆ­ decirlo– ā€œautomatismos humanosā€. La respiración o la alimentación son un caso claro: la nutrición se ha convertido en un tema prioritario de salud pĆŗblica. Por el contrario, conocemos muy poco la extraordinaria capacidad humana que es el lenguaje articulado. ĀæQuĆ© sabemos acerca de cómo afrontar una conversación que se anticipa incómoda? ĀæSobre cómo dialogar con personas diferentes a nosotros? ĀæSobre cómo –lección primera de empatĆ­a y cooperación– escuchar al otro cuando habla?

Necesitamos urgentemente una alfabetización conversacional en nuestros espacios pĆŗblicos que nos permita tener mayor reflexividad y conocimiento sobre las extraordinarias potencialidades de la conversación cotidiana, asĆ­ como identificar cuĆ”ndo nos encontramos ante una conversación basura, que, como la comida basura, no alimenta, sino que, antes bien, intoxica.

Cuando mantenemos una conversación humana, aquĆ­ y ahora, en la que los cuerpos estĆ”n presentes y la atención tambiĆ©n, ocurren fenómenos fascinantes. Por un lado, se produce una sincronización corporal: los cuerpos de las personas que interactĆŗan se adaptan el uno al otro, se imitan inconscientemente, coordinĆ”ndose entre sĆ­. Y no solo eso, sino que las tomografĆ­as muestran que los cerebros de quienes conversan se sincronizan igualmente  y que la sincronización es tanto mĆ”s intensa cuanto mĆ”s profunda y significativa resulta la conversación para quienes hablan.

Una sugerencia: cenar en casa sin móviles ni dispositivos a la vista manteniendo una conversación genuina tiene un impacto en el éxito personal y profesional de los mÔs jóvenes de la familia superior a pagarles un mÔster en una escuela de negocios.

Fuente: https://theconversation.com/a-conversar-se-aprende-270502

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