Entrar en el terreno de Simone de Beauvoir constituye un desafío fascinante y absolutamente necesario para cualquier profesional de la gerosexología. Si Jean-Luc Nancy habla de la apertura del cuerpo y Comte-Sponville de la alegría del deseo, Beauvoir sitúa —con la honestidad brutal que la caracterizaba— frente a una realidad más cruda: la mirada de la sociedad.

por Dra. Alexandra Caballero Guzmán MD MSc Gerosexóloga y especialista en cuidado con perspectiva de género. Bogotá-Colombia

En su obra “La Vejez” (1970), Beauvoir no solo realiza un análisis sociológico; lanza un grito de guerra contra la deshumanización del anciano. Para ella, la vejez se convierte en la “parodia de la vida” si se
permite que otros, ajenos al individuo, definan quién es y qué siente.

La persona mayor para la sociedad es a menudo un ser “neutro”. Se asume que, al cruzar cierta frontera cronológica, la persona pierde su género, su erotismo y su derecho a la intimidad. Beauvoir denunció esto
como una de las mayores hipocresías de la humanidad. Su análisis invita a realizar un duelo por la juventud, sí, pero no para rendirse, sino para reinventar un deseo que sea verdaderamente libre.

El “Secreto Vergonzoso”: Rompiendo el Tabú

Beauvoir señala que la sexualidad de los mayores es tratada como un “secreto vergonzoso” o, peor aún, como algo “ridículo” o “sucio”. Esta mirada externa es lo que ella denomina el “ser-para-otro”. Se observa
a diario en la consulta de geriatría: el adulto mayor se mira al espejo y, en lugar de ver su propio deseo, ve reflejado el prejuicio de sus hijos, de sus médicos y de su entorno.

La sociedad desexualiza a los mayores para no tener que enfrentarse a su propia finitud. Si el anciano no tiene deseo, entonces “está casi muerto” y no molesta. La propuesta de Beauvoir es: reclamar el derecho
a la subjetividad. El deseo no es algo que se otorga desde afuera; es una pulsión interna que no tiene fecha de caducidad.

El Duelo por el “Cuerpo Objeto”

Para Beauvoir, la juventud vive el cuerpo como un objeto de exhibición y competencia. En la vejez, ese “cuerpo objeto” se pierde. Sin embargo, aquí es donde comienza la verdadera libertad. Al dejar de intentar encajar en los moldes de belleza comercial, el individuo puede pasar al “cuerpo vivido”. En la gerosexología, esto resulta vital: el duelo no es por la pérdida de la sexualidad, sino por la pérdida de un modelo de sexualidad (el modelo joven, rápido y atlético).

La reinvención consiste en descubrir que el placer no depende de la firmeza de los tejidos, sino de la intensidad de la presencia.

La Sexualidad como Proyecto de Vida

Una de las ideas más potentes de Beauvoir es que el hombre y la mujer no están “terminados” hasta que mueren. La vida debe ser un proyecto.

En la juventud: La sexualidad suele ser un proyecto de autoafirmación o reproducción.

En la vejez: La sexualidad puede ser un proyecto de comunicación y trascendencia.

Beauvoir argumenta que si se mantienen pasiones (intelectuales, políticas, afectivas), la vitalidad se mantiene. La sexualidad en la edad mayor es una forma de mantener el hilo que une al individuo con el
mundo. No es “gimnasia”, es compromiso con la vida.

La Diferencia de Género: Una Doble Lucha

Como pionera del feminismo, Beauvoir destaca que la mujer sufre una doble desexualización. El hombre mayor suele ser visto como “interesante” o “maduro”, mientras que la mujer mayor es invisibilizada más rápidamente.

La propuesta desde la gerosexología es trabajar en el empoderamiento de la mujer mayor para que recupere la propiedad de su placer. La menopausia, lejos de ser el fin, puede ser el inicio de una sexualidad sin miedos, sin riesgos de embarazo y con un autoconocimiento mucho más profundo.

Conclusión: De la Resignación a la Rebelión

Simone de Beauvoir deja una lección contundente: no hay que aceptar la vejez con una resignación pasiva. La actividad sexual en el envejecimiento es un acto de resistencia política y personal.

Reinventar el deseo significa entender que la sexualidad no es solo un acto físico, sino la expresión de una persona que se niega a ser invisible. Como profesionales y como seres humanos, el deber es validar ese deseo, protegerlo y celebrarlo como la prueba máxima de que se está vivo.

A continuación, el artículo completo:

Fuente: Dra. Alexandra Caballero Guzmán MD MSc Gerosexóloga y especialista en cuidado con perspectiva de género. Bogotá-Colombia

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