La primera ola de GenAI vino con grandes ambiciones y una curva de aprendizaje aĂşn mayor. Las empresas gastaron millones en conectar sus propias pilas, con la esperanza de convertir los pilotos en producciĂłn. Nos prometieron transformaciĂłn. Lo que la mayorĂa obtuvo en cambio fue deuda tĂ©cnica. En retrospectiva, el error fue claro: todos intentaron construir la infraestructura ellos mismos.