El pÔrkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo mÔs común después de la enfermedad de Alzheimer. Globalmente, tiene una incidencia de 10 a 50 por cada 100.000 personas/año y una prevalencia de 100-300 por cada 100.000 personas. Lo peor es que, debido al envejecimiento progresivo de la población mundial, se espera que el número de personas que la sufren aumente hasta duplicarse en el año 2030.

Cuando el pĆ”rkinson ataca, unas de las principales afectadas son las neuronas dopaminĆ©rgicas. Su deterioro progresivo provoca una disminución de los niveles de dopamina que ocasiona un proceso neurodegenerativo multisistĆ©mico. Durante mucho tiempo las caracterĆsticas patológicas de la enfermedad fueron vinculadas a la deposición intracelular de la proteĆna alfa-sinucleĆna, que conduce a la muerte neuronal y provoca neuroinflamación.
Hoy en dĆa, existe una mayor conciencia de que la enfermedad de Parkinson es un trastorno multisistĆ©mico que afecta tanto al sistema nervioso central como al sistema perifĆ©rico. En consecuencia, los pacientes que desarrollan la enfermedad de Parkinson padecen sĆntomas motores caracterĆsticos que incluyen temblor en reposo, bradicinesia, rigidez y anomalĆas en la marcha, dificultades de equilibrio y pĆ©rdida de movimiento espontĆ”neo, asĆ como hiposmia, trastornos del sueƱo, depresión y sĆntomas gastrointestinales como la gastroparesia o estreƱimiento. Estos Ćŗltimos son, de hecho, los primeros en aparecer en muchos pacientes.
Consecuencias cerebrales de una microbiota alterada
ĀæPor quĆ©? Antes de nada, conviene recordar que, inmediatamente despuĆ©s de nacer, el intestino de los mamĆferos es colonizado por la microbiota intestinal, algo absolutamente necesario para el desarrollo de un intestino funcional. La composición de estas comunidades microbianas estĆ” determinada por la interacción entre el medio ambiente circundante inicial, la dieta y el estado de salud del huĆ©sped.
Las bacterias comensales que pueblan el intestino humano se clasifican en varios filos, que incluyen principalmente Bacteroidetes y Firmicutes, seguidos de Actinobacteria, Proteobacteria y Verrucomicrobia. Muchos estudios han informado que alteraciones significativas de la microbiota intestinal pueden ser relacionadas con la enfermedad de Parkinson. Y podrĆa explicar que a veces los problemas gastrointestinales precedan al inicio de los sĆntomas motores.
A falta de un consenso contundente sobre las caracterĆsticas de la microbiota especĆfica asociada al pĆ”rkinson, son varios los anĆ”lisis que apuntan a que existe relación directa entre la enfermedad y la reducción de poblaciones de la familia Prevotellaceae. TambiĆ©n parece estar ligado al enriquecimiento poblacional de proteobacterias (Burkholderiales), enterobacterias y bacterias pertenecientes a las familias Peptostreptococcaceae y Lachnospiraceae.
Que los microorganismos del tracto intestinal afecten a la función cerebral podrĆa deberse a la regulación de las respuestas inmunitarias, la permeabilidad intestinal y los Ć”cidos grasos de cadena corta producidos por los microbios intestinales. Particularmente el Ć”cido acĆ©tico, el Ć”cido propiónico y el Ć”cido butĆrico, originados durante la fermentación bacteriana de fibras en el intestino.
Estos Ć”cidos grasos de cadena corta actĆŗan como fuente de energĆa para los colonocitos (cĆ©lulas que recubren el epitelio del colón), regulan la barrera intestinal e influyen en las respuestas inflamatorias. Y resulta que varios estudios han relacionado alteraciones de la microbiota con la disminución de las concentraciones de Ć”cidos grasos de cadena corta, en particular el Ć”cido butĆrico, en pacientes con la enfermedad de Parkinson.
Cerebro, intestino e inflamación
Cuando el microbioma intestinal se desequilibra (disbiosis intestinal) algunas de las consecuencias inmediatas son la inflamación intestinal, el estreñimiento, la diarrea y las nÔuseas.
Pues bien, se cree que el plegamiento incorrecto y la agregación de la proteĆna alfa-sinucleĆna es una consecuencia de esa inflamación intestinal. De hecho, la microbiota intestinal, especialmente una microbiota proinflamatoria y disbiótica, puede activar de forma crónica los sistemas inmunológicos de la mucosa intestinal, sistĆ©mica y cerebral, lo que puede culminar en una neuroinflamación.
En otras palabras, una combinación de microbiota proinflamatoria y la activación inmune exagerada de las mucosas parece ser el mecanismo subyacente de la inflamación intestinal en la enfermedad de Parkinson. Por tanto, la microbiota intestinal disbiótica es un desencadenante y/o un facilitador de la neuroinflamación sostenida que puede iniciar y/o promover la patogénesis de la enfermedad de Parkinson.
Por fortuna, es posible modificar nuestra microbiota intestinal y recuperar su equilibrio aplicando algunas pautas sencillas. A saber: consumir una dieta rica en fibra, limitar el estrés, evitar el consumo de alcohol y tabaco, usar convenientemente probióticos y prebióticos para regular la microbiota intestinal y realizar ejercicio a diario.
En Ćŗltima instancia, es posible realizar unĀ trasplante de microbiota fecalĀ que consiste en el restablecimiento de una comunidad microbiana intestinal adecuada mediante la transferencia de la microbiota intestinal de un donante sano al tracto gastrointestinal del paciente. Esta tĆ©cnica se ha utilizado para el tratamiento de infecciones gastrointestinales u otros trastornos como por ejemplo la infección recurrente porĀ Clostridioides difficile, la enfermedad intestinal inflamatoria y el sĆndrome del intestino irritable. Sin embargo, recientemente la FDA informó de que este tratamiento conlleva unĀ riesgo latente de adquirir infecciones graves o potencialmente mortales.