Se llamaban Orestes, Rañeta, el Tísico, Trasdelrío, José el Comido y Tomås el de Coruña, y eran un grupo de jóvenes que en 1853 decidieron dejar Galicia en busca de un futuro mejor en Cuba.

por BBC News Mundo

“Azucre” es la primera novela de la autora gallega Bibiana Candia.© Ricardo Domingo/CortesĂ­a FundaciĂłn TelefĂłnica

Podría haber sido una mås de las miles de historias que marcaron a esa comunidad de España, que entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, vio a generaciones enteras emprender rumbo a América, huyendo de la pobreza, el hambre o la guerra.

Sin embargo, Orestes, Rañeta, el Tísico, Trasdelrío, el Comido y Tomås el de Coruña protagonizan una historia de la emigración que no se ha contado, o al menos no se ha contado tanto.

Y son los protagonistas de “Azucre”, la primera novela de la autora gallega Bibiana Candia, una ficciĂłn basada en una historia tan real como horrible: la de 1.700 gallegos que emigraron a Cuba en esos años y fueron esclavizados por Urbano FeijĂło de Sotomayor, otro gallego afincado en la isla caribeña.

El libro empieza con una dedicatoria que es toda una declaraciĂłn de intenciones: “A los emigrantes que no pudieron contar su historia y a los que se quedaron que nunca recibieron una carta”.

Candia entendió que si esta historia no había llegado a la memoria popular fue porque sus protagonistas no habían podido contarla. Así que les dio voz a través de unos personajes entrañables que pierden su inocencia en un viaje brutal al horror.

Hablamos con la autora en el marco del Hay Festival QuerĂ©taro, que se realiza entre el 1 y el 4 de septiembre en esa ciudad mexicana.

Como gallega y hablando con una autora gallega, la primera pregunta es casi obligatoria, dado lo poco que se conoce popularmente esta historia: ÂżcĂłmo llega a ti?

Yo tampoco habĂ­a oĂ­do hablar nunca de ella. Simplemente una amiga un dĂ­a me preguntĂł si conocĂ­a la historia de los gallegos que se llevaron a trabajar el azĂșcar en el siglo XIX y fueron esclavizados.

Yo era muy escéptica al principio, pensaba que no era verdad.

Luego pensé que se trataba de una anécdota de unas pocas personas que mandaron y tuvieron mala suerte y que esa anécdota se engordó mucho a través del tiempo.

Pero ella me enviĂł un mail con un par de links, entre ellos un documental de Radio TelevisiĂłn Española. Es decir, esto no estaba oculto en ningĂșn sitio.

Yo creo que me lo mandĂł con la idea de que escribiera un artĂ­culo.

Pero tirando del hilo, la cosa fue mucho mås que un artículo
 ¿por qué una novela de ficción?

Cuando vi lo que me enviĂł dije: “pero esto es mucha gente, fue una empresa; no es una anĂ©cdota, es una cosa mucho mĂĄs seria”.

Me pongo a buscar información y encuentro artículos académicos, actas de cortes y un montón de documentación.

Empiezo a preguntar a mi alrededor y nadie tenĂ­a idea. A nadie le sonaba de nada, salvo gente muy metida en el tema histĂłrico, especialistas en el siglo XIX, o personas en un nicho muy especĂ­fico.

En ese momento, me surge como un enigma narrativo: si los gallegos tenemos esta tradiciĂłn de literatura oral, y esta tradiciĂłn de inmigraciĂłn, cĂłmo puede ser que esta historia no nos ha llegado por memoria popular. Hay algo aquĂ­ que no funciona.

Entonces llegué a la conclusión, después de darle muchas vueltas, de que efectivamente no nos había llegado porque en realidad sus protagonistas no nos la habían contado.

Los informes que tenemos valen para la parte oficial de la vida, pero lo que es el legado humano que trae una historia a la memoria popular es la voz en primera persona.

Así que no tenía sentido escribir un artículo, porque eso no iba a llegar a donde yo quería: ¿qué hay que hacer para que esta historia se conozca?

Lo que hay que hacer es recrear esas voces, recrear el relato popular, la memoria colectiva. Y para eso es necesaria una novela, una ficciĂłn y que la ficciĂłn, en cierto modo, enmiende la realidad.

La historia de los 1.700 gallegos que emigraron a Cuba buscando fortuna y acabaron de esclavos en las plantaciones de azĂșcar© Pepitas ed.

Y el producto es “Azucre”, que es una novela histĂłrica, tĂ©cnicamente, pero no tan histĂłrica desde el punto de vista formal, ya que los datos histĂłricos estĂĄn ausentes, y la voz recae totalmente en los protagonistas.

La prioridad era ver la situaciĂłn desde los ojos de ellos.

Claro que la novela tiene una documentaciĂłn formal muy seria. Aunque en el texto los datos no estĂĄn, me tuve que estudiar todo lo que pasĂł para poder construir el mundo que les rodea y colocarlos a ellos en las situaciones adecuadas.

La clave era entender cĂłmo se habĂ­an visto personas que salen de su aldea, que no conocĂ­an nada, y de repente los meten en un barco, los llevan al otro lado del mundo sin tener ni idea.

Muchos de ellos no habĂ­an visto el mar en su vida, no sabĂ­an leer, no sabĂ­an escribir, y aparecen en Cuba, que era como otro planeta, y estĂĄn completamente indefensos ante lo que les va a suceder.

Esa era la historia potente realmente. Lo importante, lo crucial, lo fundamental eran las voces de ellos.

Son personajes ademås muy familiares para aquellos conectados con historias de emigración, aquellos jóvenes que emigran de su pequeña aldea y se enfrentan a un mundo absolutamente desconocido. Son los protagonistas de la historia colectiva de Galicia.

Al principio, cuando ya sabĂ­a que tenĂ­a que ser una novela, mi primer impulso fue pensar “yo no puedo escribirla, porque yo escribo literatura contemporĂĄnea, poesĂ­a. Yo no tengo la voz para contar esto”.

Pero al instante pensĂ© en mi abuelo, que era un señor labrador de una aldea cerca de Santiago de Compostela y que nunca tuvo un trabajo cualificado y que mal leĂ­a y escribĂ­a. Y pensĂ© “claro, es que mi abuelo hubiera sido uno de ellos perfectamente”.

Ahí fue cuando me di cuenta de que yo a ellos los conocía, sabía quiénes eran, pues son la memoria de mi abuelo, de mi bisabuelo, lo que ellos contaban de las romerías, de marcharse, de pasar hambre.

Y eso hace que, aunque tĂș no lo hayas vivido, sigues teniendo un contacto muy fuerte con toda esa memoria.

“Azucre” es casi una historia de horror y, sin embargo, te quedas pegado a la entrañabilidad e inocencia de sus personajes

A mí lo que mås me preocupaba cuando la escribí era que, del mismo modo que para mí ellos eran gente muy real, yo quería que los lectores se encariñaran con ellos.

Porque al ver la novela desde la contracapa tĂș ya tienes el spoiler entero, ya sabes que van a ir de esclavos. Cuando rompes esa tensiĂłn de la narraciĂłn desde el inicio, tiene que haber un aliciente para continuar leyendo.

Entonces mi Ășnica baza era justamente conseguir que se encariñaran y que quisieran ver quĂ© les va a pasar.

Me dijeron en una presentaciĂłn que “Azucre” era una obra sobre la pĂ©rdida de la inocencia. Y me pareciĂł que estaba muy acertado

Normalmente, cuando una persona se hace adulta de repente suele ser siempre por un trauma, o bien por una muerte, por una pérdida, por un ataque, por una guerra


Y eso es lo que les pasa a ellos, que dentro de su pobreza y de sus condiciones de vida eran gente inocente, niños inocentes, que de pronto lo Ășnico que tienen por delante es la supervivencia.

Y sĂ­ querĂ­a que dentro del horror hubiese trazos de luz, porque si no serĂ­a insoportable de leer. Y parte de eso era que fuesen simpĂĄticos, tiernos, que fuesen capaces de hacernos reĂ­r a pesar de todo lo que les estaba pasando.

Que también es parte de la realidad de las historias, incluso en los momentos mås terribles.

La historia de los 1.700 gallegos que emigraron a Cuba buscando fortuna y acabaron de esclavos en las plantaciones de azĂșcar© Ăngel Manso

ÂżSentiste que habĂ­a como una especie de deuda para con ellos?

Totalmente. Yo creo que por un lado esta novela es un homenaje a ellos.

Es verdad que nuestra literatura le ha rendido muchos homenajes a la inmigraciĂłn, pero a mĂ­ me parece que sobre todo hoy en dĂ­a, que estamos mĂĄs distanciados de sus generaciones, todavĂ­a es mĂĄs necesario tener una idea muy clara y muy sĂłlida de cĂłmo fue la vida hace nada.

Creo que es importante tener claro de dónde venimos para saber quiénes somos.

Y toda esa historia que nos precede, tanto si la afrontamos como si no, nos va a afectar exactamente igual.

Por tanto, nos hace mĂĄs adultos como sociedad ser conscientes de lo que tenemos por detrĂĄs, de que hubo gente muy prĂłxima a nosotros, en unas generaciones muy prĂłximas, que lo pasĂł muy mal.

Yo creo que en la construcción de nuestra memoria colectiva, nos han contado sobre todo la historia de los héroes y de las grandes gestas, y que la memoria de los antihéroes, de los pobres de la tierra, de los nadies, no niega pero sí matiza mucho esa historia de la épica.

Me parece que es muy importante tener claro que todas las gestas se construyen muchas veces sobre las vidas de muchos desgraciados.

Nosotros ahora, por fortuna, estamos en el lado mås favorecido del mundo, pero esas cosas cambian, son cíclicas, y ahora hay otros Orestes y otros Rañeta que estån tratando de encontrar un futuro mejor en otros puntos del mundo.

Lo vemos ahora en las historias y las penurias de tantos migrantes, incluidos los centroamericanos que atraviesan MĂ©xico para llegar a Estados Unidos.

Es una constante.

El siglo XIX fue el principio del comercio global. De hecho, el primer producto que globalmente atravesó el mundo para venderse fueron justamente las personas que salían de África y se llevaban a América.

Y desde entonces es exactamente igual.

El mundo se ha sofisticado tecnolĂłgicamente, pero los mecanismos que mueven el mundo son los mismos. Por lo tanto, siguen pasando las mismas infamias a nuestro alrededor.

Sigue habiendo personas desesperadas que buscan un futuro mejor y van a intentarlo por todos los medios. Y siempre va a haber tambiĂ©n, por desgracia, gente sin escrĂșpulos que va a intentar aprovecharse de ellos.

Y esa gente estå en el desierto de México, en las ofertas de trabajo para señoras latinoamericanas o del este de Europa que les dicen que vengan a España a trabajar en el servicio doméstico y luego se encuentran con la prostitución, que es una esclavitud terrorífica.

En el MediterrĂĄneo lo tenemos todos los dĂ­as, cuando hace un año veĂ­amos a la gente tratando de huir colgada de los aviones en AfganistĂĄn


Y esas historias, esas pequeñas historias, no van a estar en los libros.

Ese es un material fantĂĄstico para la literatura, que tiene un potencial enorme para contrarrestar la Historia con mayĂșsculas, que siempre va a ser como mucho mĂĄs frĂ­a contando los sucesos.

Grabado de una plantaciĂłn de azĂșcar en Cuba.© Getty Images

Hablando de gente sin escrĂșpulos
 estos chicos fueron esclavizados, por uno de los suyos, por otro gallego: FeijĂło de Sotomayor. ÂżEs un personaje que se intentĂł esconder de alguna forma?

Qué va, si tiene hasta pågina en Wikipedia.

Es un clåsico de un señor que es diputado, que tiene completa impunidad y en realidad él sabía perfectamente que no le iba a pasar nada.

La empresa se disuelve, él se queda con todo el dinero que había recaudado hasta entonces y no tiene que indemnizar a los trabajadores, por supuesto. Y se decreta que si alguno de los trabajadores quiere solicitar una indemnización tiene que hacer una denuncia individual en un jurado de arbitraje.

Los casos, evidentemente, fueron mĂ­nimos.

Él no perdiĂł ningĂșn tipo de estatus por esta situaciĂłn, que esto tambiĂ©n es una historia muy moderna.

Hay gente que se aprovecha de su explotaciĂłn de privilegio para conseguir un negocio, enriquecerse, hacerlo fraudulentamente o de manera criminal. Y despuĂ©s no ve consecuencias por sus actos.Y continĂșa ademĂĄs con su consideraciĂłn social.

En la novela aparece båsicamente como un fantasma, literalmente, por dos razones: porque para mí lo primordial eran las voces de ellos y porque ademås es un personaje sobradamente conocido, hemos conocido a muchos como él. Es un villano muy clåsico.

Fuente: https://www.msn.com/es-xl/noticias/mundo/la-historia-de-los-1700-gallegos-que-emigraron-a-cuba-buscando-fortuna-y-acabaron-de-esclavos-en-las-plantaciones-de-az%C3%BAcar/ar-AA11qqJg

Deja una respuesta