A partir de dos cartas de Raoul Vaneigem y Ernesto Sabato, escritas a sus 78 y 89 aƱos respectivamente, el autor desgrana unas propuestas para vivir bien en un mundo dominado por lo digital.

por Antonio FernƔndez Vicente, Universidad de Castilla-La Mancha

Miriam Persand/Telos

A menudo se habla sobre la incomprensión entre generaciones que han crecido en épocas con mentalidades y modos de vivir muy dispares. Un abismo parece separar senectud y juventud. Sin embargo, la sabiduría de la experiencia podría articularse como una orientación certera, en especial en una época desencantada. La inteligencia de quienes han pasado la mayor parte de sus días en un mundo analógico podría iluminar con mÔs claridad nuestro presente.

QuizĆ”s las voces de Raoul Vaneigem y Ernesto Sabato ayuden al respecto, sin caer en la nostalgia idealista: ā€œLa frase ‘todo tiempo pasado fue mejor’ no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente– la gente las echa en el olvidoā€.

Vaneigem fue una de las figuras mĆ”s caracterĆ­sticas del impulso revolucionario del mayo francĆ©s del 68. Se hacĆ­a eco del profundo malestar entre la juventud. En una carta dirigida a sus hijos ya los hijos del porvenir, fechada en 2012, afirmaba que lo que no arraiga en la vivencia diaria, se hunde en el olvido hasta desaparecer. Y desde la platea de sus 78 aƱos de experiencia constataba que, en los pequeƱos gestos, casi insignificantes en apariencia, se despliega el campo de batalla por el buen vivir. Para vivir mejor urge cambiar los hĆ”bitos de vida y la mentalidad que los fundamenta.

En esa misma carta, Vaneigem aludía a la red como un mercado de la soledad, donde lo que se comparte es la propia alienación y la mera ilusión de encuentros. Invitaba a la reflexión acerca de las rutinas diarias que convierten el tiempo de vida en una sucesión de obligaciones pesadas.

En lugar de adaptarse de forma pasiva y automÔtica a cualquier innovación digital, ¿por qué no reflexionar sobre los efectos de incorporarla en la vida diaria? ¿Es un progreso humano lo que se presenta como progreso tecnológico?

El apƩndice vital

Los dispositivos digitales son una segunda naturaleza, cuyo cuestionamiento se soslaya. Nos sentimos obligados a seguir la corriente sin reflexión alguna. Los comportamientos repetitivos hacen de la pantalla del telĆ©fono inteligente un centro vital bajo el mandato social de estar siempre conectado.

El suministro continuo de estímulos en forma de notificaciones, piezas audiovisuales y mensajes de texto o voz conforman una vertiginosa rutina. Aún mÔs acelerada para quienes, desde edades tempranas, se han acostumbrado a una manera de percibir que privilegia los ritmos velocidades y la lógica de la extrema brevedad. Sin embargo, para pensar y cultivarse hace falta tiempo y dedicación. ¿Y si la tecnología favorece la incultura?

Por otra parte, las redes, observa Geert Lovink , producen tristeza porque nos vuelven dependientes de un sistema de gratificaciones tan emocionales e hipnóticas como efĆ­meras. Fomentan el conflicto insustancial y el narcisismo desopilante.

Es el cebo que utilizan las grandes corporaciones del mundo digital para captar la atención. Su modelo de negocio es cronófago: se alimenta de tiempo secuestrado. Y los hĆ”bitos de consultar a cada instante el smartphone , como si fuese un orĆ”culo religioso, se vuelven una tiranĆ­a autoimpuesta.

AdemÔs, el dictado de comunicar en tiempo real obliga a asumir que no somos mÔs que una marca comercial, a mostrarnos bajo un Ôngulo tan interesante como interesado. Ocurre como si fuésemos un producto mÔs que se vende al mejor postor en el escaparate virtual. Para sentirse vivo, hay que hacerse visible en un entorno saturado de imÔgenes que pugnan por un nicho en el panteón inmaterial de la fugaz gloria.

La tiranĆ­a de la visibilidad criticada por Claudine Haroche y Nicole Aubert intensifica la sensación de irrealidad e inautenticidad. Se vive en constante competencia para alcanzar una pizca de notoriedad, un like o alguna visualización mĆ”s que confiera certificado de existencia.

Vaneigem escribĆ­a en Aviso a los vivos sobre la muerte que los gobiernas : ā€œPara vivir felices, vivamos escondidosā€. No seguir la lógica de la visibilidad es un acto subversivo.

Religión ‘tech’: paradojas

Se podrĆ­a pensar que la fascinación tecnológica adopta un cariz incluso religioso. En su sentido etimológico, la religión proviene de la voz latina re-ligare , volver a unir lo que se habĆ­a separado. El mundo tecnológico viene a colmar el vacĆ­o de sentido que constataba Vaneigem. A falta de Ć­dolos sagrados, se idolatra la tecnologĆ­a.

Paradójicamente, la religión tech celebra la libertad individual anulĆ”ndola. Los mercaderes de la atención parasitan los tiempos de vida, hasta el punto de hacer de la distracción permanente un estilo de vida que deteriora las capacidades memorĆ­sticas y cognitivas. Es el individualismo gregario criticado por Vaneigem.

Y tambiĆ©n paradójicamente, lo que vendrĆ­a a ser un instrumento de cohesión social se convierte en un laberinto de aislamiento. Se hace mĆ”s infrecuente el arte de la conversación, como seƱala Sherry Turkle , uno de los ejes fundamentales de la vida social. ĀæQuĆ© se pierde cuando se acostumbra a los jóvenes a privilegiar la comunicación a travĆ©s de la pantalla? ĀæDónde quedan la espontaneidad y calidez de los encuentros cara a cara?

El mundo personalizado, atomizado y editado del smartphone viene a ser el contrapunto de lo que Vaneigem entendĆ­a como buen vivir. ĀæNo es una rutina antagonista de la curiosidad, de la sede de conocer y del deseo de aprender? ĀæNo es origen de apatĆ­a e indiferencia a todo lo que no sean intereses personales? Es un mundo donde la iGen, como explica Jean Twenge , sufre una fragilidad extrema y falta de vĆ­nculos afectivos.

ĀæY si no viĆ©semos mĆ”s que aquello que ilumina la pantalla? Ernesto Sabato advertĆ­a sobre la privación sensorial pasiva que se acepta como un destino. En sus cartas tituladas La resistencia hacĆ­a un llamamiento contra la resignación cuando contaba 89 aƱos. ĀæPor quĆ© seguir mirando con indiferencia la infinita riqueza de lo que nos rodea? ĀæPor quĆ© sentir la vida a travĆ©s de las pantallas? ĀæNo son mĆ”quinas de abstracción?

Abstraer proviene del latĆ­n ab-trahere , sacar de. HabrĆ­a que preguntarse quiĆ©n estĆ” sacando quĆ© de nuestro campo de percepción. ĀæSon los algoritmos de las plataformas los que eligen en quĆ© vamos a centrar la atención? Y, obviamente, condenan a la inexistencia de todo lo demĆ”s. ĀæNo es esto una pĆ©rdida de libertad, una forma amable de incomunicación?

Parece que estamos conectados al mundo, pero en realidad nos encontramos aletargados ante la minúscula pantalla que escamotea lo simple y lo cercano. Sabato creía en la humanidad de lo próximo, de lo que se puede sentir con los cinco sentidos. Abstraerse de las pantallas implica construir puentes de comunicación plena entre almas.

ā€œLo peor es el vĆ©rtigoā€

Sabato se oponía al intrascendente ajetreo que acumula cada vez mÔs y mÔs episodios de vida en cada vez menos tiempo. Para reconocer y alentar los espacios de encuentro, con los demÔs y con el mundo, necesitamos serenidad y una cierta lentitud. El vértigo conduce al miedo ante la desorbitada aceleración, al temor a la irrelevancia social, al pavor al fracaso.

ĀæNo se concibe la vida como una fatigosa carrera contra el reloj, contra los demĆ”s? ĀæQuĆ© sucede cuando no se cultiva el arte de la espera? De Andrea Kƶhler aprendemos que la espera es un tiempo regalado de parĆ©ntesis, imprescindible para valorar el pasado y construir el futuro. Quien no aprende a esperar cae en la desesperanza. La impaciencia constante es un camino seguro al malestar.

Es la lógica 24/7 que Jonathan Crary critica: se eliminan de raĆ­z los tiempos dedicados a la reflexión y la contemplación, que se consideran inĆŗtiles. Se aprende a obedecer al algoritmo, ya que se considera una fuente de autoridad indiscutible, eficaz y mĆ”s rĆ”pida que cualquier ser humano. Se abole el sentido crĆ­tico y se delegan las decisiones diarias en procesos automatizados. Es algo que Sabato ya denunciaba en Hombres y engranajes , en 1951. ĀæNo estamos frente al paroxismo de la deshumanización por la tecnologĆ­a? ĀæPor quĆ© no valorar la lentitud y el camino mĆ”s largo?

Aprender a disfrutar de los seres y las cosas, a apreciar la belleza. Tanto Vaneigem como Sabato, desde el cabal pensamiento sobre su tiempo, advirtieron cómo las formas hegemónicas de vivir contribuían al malestar profundo. Las rutinas de vida donde confluyen tecnología y afÔn de lucro producen indefectiblemente ansiedad, intensifican el cautiverio de la soledad y diseminan la sensación de vacío.

La revolución de la vida cotidiana que propugnaban Vaneigem y Sabato consiste en el rechazo silencioso y diario de las prioridades axiológicas que contribuyen al malestar. Es una enseƱanza para jóvenes y no tan jóvenes: resistir en lo cotidiano ante todo aquello que nos vuelve inhumanos. El comienzo podrĆ­a ser un gesto sencillo como apagar el telĆ©fono inteligente durante un concierto o tratar de disfrutar de un paisaje sin someterlo a la tortura del selfie . O un amable ā€œbuenos dĆ­asā€ mirando a los ojos.

Un dolce stil novo es preciso para construir vidas cotidianas que redunden en una tecnologĆ­a mĆ”s humana y, por tanto, en una sociedad mĆ”s digna.

Fuente: https://theconversation.com/cartas-desde-la-vejez-a-proposito-del-buen-vivir-250103

Deja una respuesta