ĀæSe avecina un giro en el tercer acto de la energĆa nuclear?
por Mark Anderson
Cuando Ernest Sternglass subió las escaleras del nĆŗmero 112 de la calle Mercer en abril de 1947, supo que no serĆa un dĆa normal. Como un diĆ”cono de iglesia convocado para reunirse con el Papa, Sternglass āun investigador de 23 aƱos del Laboratorio de ArtillerĆa Naval en Washington, D.C.ā habĆa llegado a Princeton, Nueva Jersey, por invitación de su residente mĆ”s renombrado, Albert Einstein. Habiendo completado solo una licenciatura en ingenierĆa elĆ©ctrica, le habĆa escrito a Einstein a principios de ese mes sobre el trabajo que estaba realizando en su laboratorio. Para su gran sorpresa, Einstein no solo respondió rĆ”pidamente, sino que le solicitó que visitara Princeton para hablar del trabajo en persona.

Lo que Sternglass no sabĆa es que su visita a Einstein desencadenarĆa una cadena de correspondencia, que involucraba tanto un experimento inĆ©dito (el suyo) como una hipótesis inĆ©dita (la de Einstein), que juntas podrĆan constituir una de las piezas cientĆficas mĆ”s importantes y olvidadas del siglo. La razón por la que esta ciencia fue ignorada es bastante evidente: se adelantó al menos una generación a su tiempo. Ahora, mĆ”s de medio siglo despuĆ©s, el trabajo estĆ” siendo reexaminado, con implicaciones potencialmente profundas para la producción de energĆa sostenible. Sternglass iba a descubrir cómo crear neutrones libres con los niveles de energĆa de un enchufe domĆ©stico, y Einstein iba a explicar por quĆ©.
Sin embargo, aquel dĆa de primavera de 1947, Sternglass era un humilde visitante de la BasĆlica de San Pedro de la FĆsica. Al llegar a Princeton, llamó a la puerta de la casa de tablillas, una secretaria le abrió el vestĆbulo y pronto se encontró con la ahora famosa silueta: un hombre mayor con una aureola de pelo encrespado, vestido con un viejo chĆ”ndal y zapatillas.
Sternglass contactó con Einstein porque su laboratorio en Washington investigaba cómo se expulsan los electrones de un metal al ser impactados por un haz de electrones. La Marina querĆa comprender mejor este proceso para desarrollar cĆ”maras de visión nocturna, fotografĆa y video sensibles a la luz infrarroja emitida por el calor corporal.
La razón por la cual se pasó por alto la ciencia es bastante clara: estaba al menos una generación adelantada a su tiempo.
A primera vista, los hallazgos de Sternglass podrĆan parecer una simple curiosidad militar, poco digna de ser consultada por el mismĆsimo arquitecto del espacio-tiempo. Pero Einstein habĆa ganado el Premio Nobel por una teorĆa que explicaba un fenómeno relacionado con la investigación de la Armada: la expulsión de electrones de un metal iluminado por un haz de luz ultravioleta, un proceso llamado efecto fotoelĆ©ctrico. Sternglass habĆa empezado a sospechar que la teorĆa que explicaba su proceso āllamada emisión secundaria de electronesā era simplemente errónea. Ā«AquĆ estaba yo, con veintipocos aƱosĀ», escribe Sternglass en sus memorias de 1997, Before the Big Bang , Ā«sin ninguna formación avanzada en fĆsica, a punto de preguntarle al cientĆfico mĆ”s renombrado del mundo desde Newton quĆ© pensaba de mis ideasĀ».
Los dos, por invitación de Einstein, salieron al patio trasero del nĆŗmero 112 de Mercer Street. Einstein apreció la oportunidad de pasear con invitados por sus modestos pero queridos jardines. Sternglass encontró un punto en comĆŗn con su anfitrión. Ā«TenĆamos un pequeƱo jardĆn en las afueras de BerlĆn, donde mi padre habĆa construido una casa de veranoĀ», recuerda Sternglass. Ambos eran judĆos alemanes nativos que habĆan escapado de la Alemania nazi en la dĆ©cada de 1930, cuando aĆŗn existĆa la posibilidad de huir. Einstein canceló sus citas para el resto de la tarde.
Sternglass le explicó a Einstein cómo la teorĆa mĆ”s reciente de la emisión secundaria de electrones era, irónicamente, demasiado parecida al modelo del propio Einstein del efecto fotoelĆ©ctrico. La teorĆa fotoelĆ©ctrica de Einstein consideraba solo los electrones mĆ”s externos del Ć”tomo, los mĆ”s alejados del nĆŗcleo. Esta era una suposición segura, confirmada por la ciencia actual. Pero un electrón y un fotón son cosas diferentes. Los electrones pueden tener una mayor fuerza que la luz ultravioleta y, por lo tanto, pueden penetrar mĆ”s profundamente en el Ć”tomo. Por lo tanto, cada electrón que orbita el Ć”tomo debe tenerse en cuenta en una teorĆa realista de la emisión secundaria de electrones, dijo Sternglass. “Eso me parece razonable”, fue la respuesta de Einstein.
La conversación derivó hacia un tema muy importante para Sternglass: las partĆculas nucleares, y en particular, el neutrón. Los neutrones son agentes de transmutación: pueden transformar un elemento de la tabla periódica en otro. En aquel entonces se sabĆa que el protón y el neutrón, que se encuentran estrechamente unidos en el nĆŗcleo del Ć”tomo, podĆan transformarse entre sĆ si se emparejaban con un electrón. De esta manera, se podĆa aƱadir un neutrón a un isótopo estable del carbono (con, por ejemplo, seis protones y siete neutrones en su nĆŗcleo) para crear el isótopo inestable, el carbono-14, que tiene seis protones y ocho neutrones. DespuĆ©s de un tiempo (una media de 5730 aƱos), el carbono-14 libera un electrón para formar un isótopo estable del nitrógeno, con siete protones y siete neutrones. He aquĆ, entonces, otra conexión con Einstein: Isaac Newton, cuyas leyes de la fĆsica Einstein demostró que eran incompletas, estaba obsesionado con la transmutación de elementos (una parte de la antigua tradición de la alquimia) y mantenĆa una de las bibliotecas alquĆmicas mĆ”s grandes de su tiempo.
Sternglass habĆa trabajado con la teorĆa de la relatividad de Einstein y habĆa llegado a soluciones para sus ecuaciones que representaban configuraciones orbitales estables de un electrón y su contraparte de antimateria, el positrón. Interpretó estos pares orbitales como equivalentes a protones y neutrones. Hoy en dĆa entendemos que estos modelos son fascinantes desde el punto de vista creativo, pero tambiĆ©n incorrectos (los quarks forman protones y neutrones).
Sin embargo, esto condujo a Sternglass a una hipótesis crucial. Si los neutrones y los protones son, en efecto, primos nucleares que difieren en su composición en un solo electrón, como sugerĆa el modelo de Sternglass, entonces podrĆa haber una forma indirecta de crear neutrones a partir de protones y electrones. Einstein tambiĆ©n habĆa estado lidiando con la naturaleza del electrón, que deja solo dos fotones tras colisionar con su contraparte de antimateria, y no un bestiario de partĆculas como el resultante de una colisión entre un protón y un neutrón. ĀæEra el electrón una especie aparte?
En pocos aƱos, Sternglass colisionarĆa electrones con protones a energĆas demasiado bajas para ser consideradas interesantes, y reportarĆa resultados sorprendentes a su mentor en Princeton. Einstein, por su parte, vio potencial en el joven ingeniero. Su consejo de despedida fue sorprendente: Ā«No hagas lo que yo he hechoĀ», le dijo Einstein a Sternglass. Ā«Siempre mantĆ©n un trabajo de zapatero donde puedas levantarte por la maƱana y reconocer que estĆ”s haciendo algo Ćŗtil. Nadie puede ser un genio y resolver los problemas del universo todos los dĆasĀ».
Sternglass siguió el consejo. En lugar de matricularse en un programa de posgrado de fĆsica pura, ingresó en el programa de doctorado del nuevo departamento de ingenierĆa fĆsica de su alma mĆ”ter, la Universidad de Cornell. Su tutor de posgrado fue Phillip Morrison, veterano del Proyecto Manhattan, quien compartĆa oficina con Richard Feynman, otro veterano de la bomba atómica. Morrison le dijo a Sternglass que podĆa realizar sus experimentos con neutrones siempre que Sternglass tambiĆ©n trabajara en el tema, mĆ”s convencional, de la emisión secundaria de electrones. Sternglass accedió.
El 19 de noviembre de 1950, Sternglass escribió una carta a Einstein para contarle su Ćŗltimo trabajo. La carta, hoy en los Archivos Einstein de JerusalĆ©n, revela a un joven fĆsico entusiasta que claramente esperaba el momento oportuno para reconectarse con un corresponsal especial. Ā«He tenido la fortuna de poder resolver el problema de la emisión secundariaĀ», escribió Sternglass. Ā«Dado que usted fue uno de los primeros en animarme en mi enfoque, sentĆ la necesidad de contarle brevemente lo que encontré». AsĆ se reanudó la correspondencia entre maestro y alumno.
Una vez que Sternglass dominó el problema de la emisión secundaria de electrones, centró su atención en las ideas sobre neutrones y electrones que habĆa discutido con Einstein. Y le escribió a su mentor en cuanto obtuvo resultados experimentales que le convencieron.
En una carta a Einstein fechada el 26 de agosto de 1951, Sternglass escribió: «QuizÔs le interese saber que en el transcurso de los últimos dos meses he podido obtener evidencia experimental de la formación de neutrones a partir de protones y electrones en una descarga de hidrógeno de alto voltaje».
La transmutación de neutrones podrĆa, en principio, producir metales preciosos: el sueƱo descabellado de los alquimistas medievales.
El experimento de neutrones de Sternglass consistió en un tubo de vidrio al vacĆo de menos de 30 cm de largo lleno de gas hidrógeno. Disparó un cañón de electrones, similar al que se encuentra en los antiguos televisores de tubo, a travĆ©s del gas y contra finas lĆ”minas de plata e indio en el extremo del tubo. No se conocĆa ninguna forma de que un haz de electrones de las energĆas que estudiaba (unos 35 000 electronvoltios) pudiera inducir radiactividad en las lĆ”minas. Sin embargo, esto fue lo que observó repetidamente. Al realizar un experimento de control con el haz atravesando aire normal, las lĆ”minas no se volvieron radiactivas.
La firma radiactiva sugerĆa que los dos isótopos estables que componen la plata (plata-107 con 60 neutrones y plata-109 con 62 neutrones) estaban experimentando una transmutación. AƱadir un neutrón a cada uno producirĆa los isótopos plata-108 y plata-110, que son inestables. Cuando la plata-108 se desintegra, emite un electrón (o partĆcula beta) en un promedio de 2,3 minutos. El Ć”tomo sobrante se convierte en el isótopo estable cadmio-108. La plata-110 tiene una vida mĆ”s corta, desintegrĆ”ndose en beta en cadmio-110 en solo 24 segundos. “DeberĆa esperar observar una desintegración que dure del orden de 3 a 4 minutos”, escribió Sternglass en su cuaderno de laboratorio. HabĆa visto precisamente eso. Su lĆ”mina de plata actuaba precisamente como si hubiera sido bombardeada por neutrones de baja energĆa.
Pero esto contradecĆa los modelos convencionales de fĆsica de partĆculas y nuclear. Los haces de electrones pueden rebotar en Ć”tomos de plata en una lĆ”mina metĆ”lica. Pueden, como el propio Sternglass habĆa estudiado, arrancar otros electrones de un Ć”tomo de plata. Sin embargo, los electrones en el tubo de Sternglass, impulsados āāpor tan solo 35.000 voltios, se movĆan demasiado lento para producir reacciones nucleares. Einstein le seƱaló a Sternglass en una carta fechada tan solo cuatro dĆas despuĆ©s: Ā«Para formar un neutrón, se necesita un electrón que haya pasado por 780.000 voltiosĀ».
Sternglass sabĆa que una fuente de neutrones de baja energĆa podrĆa tener consecuencias drĆ”sticas. En 1951, la principal fĆ”brica de neutrones del mundo era una planta de mil millones de dólares ubicada en las instalaciones de la Comisión de EnergĆa Atómica en Hanford, Washington. Pero Sternglass parecĆa estar produciendo neutrones con un sistema experimental que costaba solo miles de dólares. Una vez producidos, estos neutrones libres podrĆan actuar como una especie de “piedra filosofal”. PodrĆan, por ejemplo, crear Ć”tomos de plutonio a partir de uranio. De hecho, teóricamente podrĆan transmutar cualquier elemento del universo.
La transmutación de neutrones podrĆa, en principio, producir metales preciosos: el sueƱo descabellado de los alquimistas medievales. Pero el coste serĆa prohibitivo. Hoy, sin embargo, se vislumbra un objetivo diferente y mĆ”s atractivo: la energĆa limpia. El resultado de una transmutación a menudo serĆa un Ć”tomo inestable, destinado a la desintegración. Al hacerlo, emitirĆa un electrón o fotón energĆ©tico. Si esta partĆcula energĆ©tica pudiera ser capturada, podrĆa transformarse en calor y energĆa utilizable.
En 1951, Sternglass solo registró ideas preliminares sobre las aplicaciones de su aparente descubrimiento. Ā«Lo que encontrĆ© [podrĆa] ser de gran interĆ©sĀ», escribió Sternglass en su cuaderno de laboratorio inĆ©dito. Ā«Se obtendrĆa un proceso de formación de neutrones increĆblemente simple, que incluso podrĆa utilizarse en aplicaciones de energĆa atómicaĀ».
Fuera cual fuese el futuro, Sternglass estaba eufórico. A mitad de la primera noche de recopilación de datos, llamó a su esposa y a Lyman Parratt, profesor de fĆsica de Cornell que construyó el tubo de rayos X de su experimento. Al llegar a casa, tambiĆ©n llamó a Morrison, quien le dijo que dudaba que los neutrones de baja energĆa pudieran haber estado involucrados. AsĆ que, durante el resto de julio, Sternglass perfeccionó su experimento y continuó recopilando datos. Renovó el sistema de bombeo de gas de su tubo, repitió parte de su experimento en el fondo de una mina de sal para excluir los rayos cósmicos y estudió teorĆas alternativas. Todo apuntaba a los neutrones. La literatura cientĆfica tambiĆ©n parecĆa apoyarlo. J.J. Thomson, ganador del Premio Nobel y descubridor del electrón, habĆa informado de un hallazgo similar en 1914. Ā«Observó una radiación emitida por el platinoĀ», escribió Sternglass en su cuaderno, Ā«… Ā”que ahora creo que es una emisión beta bajo la influencia del bombardeo de neutrones!Ā».
La desintegración radiactiva puede transformarse en un baƱo de calor inocuo. Y, por supuesto, la energĆa tĆ©rmica puede convertirse fĆ”cilmente en electricidad.
El interĆ©s por el resultado de Sternglass en el departamento de fĆsica de Cornell estuvo mezclado con escĆ”ndalo. Un profesor le comentó que habĆa oĆdo rumores de que Sternglass falsificaba sus datos. MĆ”s tarde, ese mismo otoƱo, Sternglass grabó otro intercambio directo. Ā«Hablar con el profesor āāā ayer me molestó bastanteĀ», escribió Sternglass. Ā«Dijo que, incluso admitiendo que pudiera haber algĆŗn efecto perceptible en mis datos, no le interesarĆaĀ». ⦠Y que habĆa muchos Ā«experimentos extraƱosĀ» en la historia de la fĆsica que nadie podĆa explicar⦠Me pareció que esta era, sin duda, una actitud cientĆfica extraƱaĀ», continuó Sternglass.
Einstein, sin embargo, fue mĆ”s reflexivo. En un breve pĆ”rrafo de una carta fechada el 30 de agosto de 1951, escribió dos frases tan perspicaces como cualquier idea que hubiera formulado en sus aƱos de posguerra en Princeton. Ā«QuizĆ”s se produzcan reacciones en las que varios electrones transfieran energĆa simultĆ”neamente a un protónĀ», escribió Einstein (Ć©nfasis suyo). Ā«SegĆŗn la teorĆa cuĆ”ntica, esto es algo concebible, aunque no probableĀ». Lo que Einstein le habĆa sugerido a Sternglass implicaba conjuntos de electrones que se comportaban colectivamente como una sola entidad con atributos compartidos. ImagĆnenselo como un grupo de niƱos que juntan sus monedas para comprar una barra de chocolate. Hoy en dĆa, todo, desde los superconductores hasta los lĆ”seres, depende del comportamiento colectivo de los electrones, pero en la dĆ©cada de 1950 esto era en gran medida una perspectiva lejana y teórica.
Einstein habĆa dado un salto caracterĆsticamente brillante. Pero ni Ć©l ni Sternglass ni, de hecho, ningĆŗn contemporĆ”neo tenĆa la tecnologĆa ni el marco teórico para dar sentido a los datos de Sternglass. Ni sus datos ni la suposición de Einstein se publicaron. Sternglass ya tenĆa un tema de tesis: la emisión secundaria de electrones, un tema que no alborotó las plumas. Como Sternglass lo describe en Before the Big Bang , volvió a ejecutar su experimento de creación de neutrones nueve aƱos despuĆ©s cuando trabajaba en Westinghouse Research Laboratories. Para entonces, sin embargo, Einstein ya habĆa muerto. Y utilizando las instalaciones del laboratorio de Westinghouse, Sternglass no pudo replicar sus datos de Cornell (aunque vale la pena seƱalar que un colega suyo en el Naval Ordnance Laboratory habĆa podido reproducir sus datos en 1953). “Hasta el dĆa de hoy, sigue siendo un misterio cómo se pueden formar los neutrones a energĆas mucho mĆ”s bajas de lo esperado en el complejo entorno de un tubo de descarga de gas”, concluye Sternglass en su libro de 1997.
Ese podrĆa haber sido el final de la historia. Pero, en una convergencia inesperada, una lĆnea de investigación completamente independiente, iniciada hace 25 aƱos, ha resucitado el interĆ©s en los neutrones de baja energĆa de Sternglass. En 1989, dos quĆmicos de la Universidad de Utah causaron un revuelo mediĆ”tico mundial al anunciar en una conferencia de prensa la invención de un mĆ©todo para provocar la fusión nuclear en un sencillo aparato de sobremesa. Stanley Pons y Martin Fleischmann habĆan descubierto que al pasar corriente elĆ©ctrica a travĆ©s de un electrodo de paladio especialmente preparado e inmerso en agua pesada se producĆa una gran cantidad de calor, superior a la esperada en una reacción quĆmica. Ā«Fusión frĆaĀ», proclamaban los titulares.
Pero los fĆsicos de entonces respondieron de forma muy similar a la actual: la fusión frĆa era simplemente imposible. No existĆa la radiactividad, los rayos gamma ni los neutrones de alta energĆa que se espera que acompaƱen a una reacción de fusión. ĀæQuĆ© podĆa explicar, entonces, los datos? A medida que la fusión frĆa se convertĆa en un campo paria, algunos la relacionaron con los neutrones de baja energĆa. En mayo de 1989, tan solo un mes despuĆ©s de que Pons y Fleischmann publicaran sus datos, alguien llamado Larry A. Hull escribió una carta al editor de Chemical & Engineering News especulando que podrĆan haber estado observando no fusión, sino transmutación, provocada por los mismos neutrones de baja energĆa que Sternglass afirmaba haber observado.
Esta interpretación permaneció en la periferia de la comunidad de investigación de la fusión frĆa (que a su vez se encontraba en la periferia de la comunidad cientĆfica mĆ”s amplia) durante mĆ”s de una dĆ©cada. Fue solo en 2006, con la publicación de un artĆculo histórico en el European Journal of Physics C , que las transmutaciones inducidas por neutrones, como algo distinto de la fusión frĆa, comenzaron a surgir como una teorĆa viable. El artĆculo predice que los electrones en una superficie metĆ”lica recubierta de Ć”tomos de hidrógeno, deuterio o tritio pueden comportarse colectivamente (como Einstein habĆa predicho) cuando son impulsados āāpor un campo electromagnĆ©tico oscilante a una frecuencia particular. Este comportamiento colectivo puede darles suficiente energĆa para combinarse con el hidrógeno, el deuterio o el tritio y formar neutrones.
El artĆculo continĆŗa explicando que los neutrones resultantes viajan muy lentamente; de āāhecho, tan lentamente que son absorbidos por un Ć”tomo cercano incluso antes de que puedan abandonar la microscópica proximidad de su lugar de origen. El Ć”tomo se vuelve entonces inestable y podrĆa expulsar subproductos de la desintegración radiactiva, como rayos gamma o electrones energĆ©ticos. Un artĆculo independiente de los mismos autores calcula que las superficies microscópicas de los electrodos, como las que tienden a producir neutrones de baja energĆa, absorben eficazmente los rayos gamma radiactivos. Por lo tanto, la desintegración radiactiva puede transformarse en un baƱo de calor inocuo. Y, por supuesto, la energĆa tĆ©rmica puede convertirse fĆ”cilmente en electricidad.
La imagen de arriba no implica fusión, que requerirĆa energĆas deslumbrantes, similares a la llamada Ā«fuerza fuerteĀ» que mantiene unidos a neutrones y protones. En cambio, requiere energĆas mĆ”s bajas, similares a la fuerza nuclear dĆ©bil, que media la captura de un electrón por un protón.
Los autores de los artĆculos āAllan Widom, profesor de fĆsica de la Universidad de Northeastern, y Lewis Larsen, consultor de la industria energĆ©tica con sede en Chicagoā desarrollaron sus ideas independientemente del trabajo inĆ©dito de Sternglass-Einstein. Aunque tanto Widom como Larsen declinaron ser entrevistados para este artĆculo, ambos han seƱalado por separado que solo despuĆ©s de la publicación de su artĆculo se toparon con el trabajo de Sternglass y la interpretación de Einstein. Ā«Lo verdaderamente asombroso de esto es que Einstein simplemente analizó los datos de Sternglass y se dio cuenta de inmediato de que la producción de neutrones observada debĆa de implicar algĆŗn tipo de efecto colectivo de muchos cuerpos con electronesĀ», escribe Larsen.
Los artĆculos de Widom-Larsen marcaron el inicio de lo que solo puede describirse como un pequeƱo renacimiento en la investigación de las reacciones nucleares de baja energĆa (habiĆ©ndose abandonado el tĆ©rmino “fusión frĆa”). En marzo de 2012, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), que gestiona el colisionador de partĆculas mĆ”s potente del mundo, celebró su primer coloquio relacionado con los datos de Pons-Fleischmann desde 1989. En noviembre de 2012, la Sociedad Nuclear Americana celebró una sesión paralela sobre reacciones nucleares de baja energĆa en su reunión de invierno en San Diego. Y el Centro de Investigación Langley de la NASA en Hampton, Virginia, ha ideado una serie de experimentos para poner a prueba la teorĆa de Widom-Larsen.
Los investigadores estĆ”n dejando claro que existe un creciente conjunto de datos experimentales que concuerdan con la teorĆa. Francesco Celani, investigador del Instituto Italiano de FĆsica Nuclear, describió a su audiencia del CERN 20 experimentos posteriores a Pons y Fleischmann que tambiĆ©n han producido cantidades inexplicables de calor, aunque solo se pudieron repetir esporĆ”dicamente. Yogendra Srivastava, profesor de fĆsica en la Universidad de Perugia en Italia, explicó en el mismo coloquio que se han publicado cientos de artĆculos sobre cables delgados que, al sobrecargarse con corriente elĆ©ctrica, explotan y, segĆŗn algunos experimentos, producen neutrones. Describió cómo cualquier tecnologĆa potencial basada en la producción de neutrones de baja energĆa serĆa la primera explotación por parte de la humanidad de la fuerza dĆ©bil, una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. Como lo expresó Joseph Zawodny, un cientĆfico investigador senior de la NASA Langley: āNo puedo imaginar que exista toda una fuerza de la naturaleza ahĆ afuera, una de solo unas pocas, que sea aburrida, desinteresante y sin ninguna utilidadā.
En la misma reunión de la Sociedad Nuclear Americana, celebrada en noviembre, Tadahiko Iwamura, de Mitsubishi Heavy Industries en Japón, describió los experimentos de Mitsubishi sobre la transmutación inducida por neutrones. Iwamura comentó que su laboratorio habĆa observado cómo el elemento radiactivo cesio se transformaba en praseodimio, un elemento mĆ”s pesado y menos daƱino, al forzar el paso del deuterio a travĆ©s de Ć©l. El cesio se encuentra comĆŗnmente en los residuos nucleares. Durante la sesión de preguntas y respuestas, Iwamura sorprendió al pĆŗblico al admitir que otros cientĆficos de Toyota habĆan confirmado de forma independiente los datos de transmutación de Mitsubishi.
Pero la investigación se enfrenta a un fuerte viento en contra del escepticismo pĆŗblico y cientĆfico. Esto se debe en parte a la continua actividad de un grupo mucho mĆ”s grande de fusionistas frĆos actuales, que no han logrado proponer ninguna teorĆa sostenible para la fusión nuclear de mesa. “La distinción entre la ciencia real y la pseudociencia no es ampliamente conocida todavĆa”, dice Steven Krivit, editor de New Energy Times , un boletĆn dedicado al movimiento cientĆfico clandestino iniciado por los experimentos Pons-Fleischmann. Incluso la NASA ha recibido su cuota de crĆticas. En 2011, el sitio web de vigilancia NASA Watch tituló una historia con el tĆtulo “ĀæPor quĆ© la NASA Langley pierde tiempo en la investigación de la fusión frĆa?”, un tĆtulo que ignora la distinción entre la fusión (fuerza fuerte) y las reacciones nucleares de baja energĆa (fuerza dĆ©bil).
El campo tambiĆ©n se ve afectado por la variabilidad de los datos experimentales, afirma Dennis Bushnell, cientĆfico jefe de la NASA Langley. La incapacidad de Sternglass para reproducir sus datos de Cornell en Westinghouse fue un primer indicio de ello. Bushnell seƱala que, segĆŗn la teorĆa de Widom-Larsen, incitar a un protón a capturar un electrón requiere campos elĆ©ctricos locales extremadamente intensos, de hasta 100 000 millones de voltios por metro. Ā«Y hay varias maneras de conseguirloĀ», afirma Bushnell. Ā«Una es aumentar el voltaje. La otra es reducir los metrosĀ». Si la transmutación depende realmente de caracterĆsticas a escala nanomĆ©trica, como granos de polvo, grietas o impurezas (caracterĆsticas con Ā«metros reducidosĀ»), los experimentalistas deben resolver el difĆcil reto experimental de controlar sus materiales a estas escalas.
Zawodny, si bien deja claro que la transmutación solo es una promesa provisional, afirma que no se pueden ignorar las aplicaciones para la generación de energĆa. “Las reacciones nucleares de baja energĆa aĆŗn no pueden hervir una taza de tĆ©”, afirma. “Pero si esto se desarrollara de la manera mĆ”s óptima y reemplazara todas las formas de generación de energĆa, estarĆamos hablando de un mercado de 6 billones de dólares o mĆ”s al aƱo”, aƱade. “Si esto es real, el impacto es tan enorme y las aplicaciones a nuestros problemas actuales y la capacidad de resolverlos rĆ”pidamente son tan obvias que no podemos dejar de hacerlo”.
El investigador que coincide con Zawodny y estĆ” decidido a seguir esta controvertida pero potencialmente importante lĆnea de investigación, agradecerĆ” el consejo de despedida de Einstein a Sternglass. En marzo de 1954, trece meses antes de su fallecimiento, Sternglass envió a su mentor una copia de su Ćŗltima publicación sobre la emisión secundaria de electrones, asĆ como una tarjeta de felicitación por su 75.Āŗ cumpleaƱos. En la que serĆa su Ćŗltima carta a Sternglass, Einstein le envió una nota de agradecimiento impresa. En el reverso de la tarjeta habĆa una respuesta manuscrita de tan solo dos palabras.
āSĆ© tercoā, dijo Einstein.
Mark Anderson es un periodista de ciencia y tecnologĆa que ha escrito para Discover, Technology Review, Scientific American, Science, Wired, IEEE Spectrum, New Scientist y Rolling Stone.āØ
Las cartas de Albert Einstein (escritas en alemĆ”n) a Ernest Sternglass fueron traducidas al inglĆ©s para este artĆculo por Hans-Jochen Trost. Para mĆ”s información sobre la teorĆa de Widom-Larsen y las reacciones nucleares de baja energĆa, consulte el boletĆn New Energy Times.āØ
Agradecemos a Ephraim Fischbach por su experiencia en los aspectos tĆ©cnicos de este artĆculo.
Este artĆculo apareció originalmente en la edición de invierno de 2014 de Nautilus Quarterly.