Lo importante no es tanto dĂłnde o cuánto usamos las nuevas tecnologĂas, sino cĂłmo las aprovechamos.
por MarĂa del Mar GrandĂo PĂ©rez, Universidad de Murcia
En un contexto social donde la tecnologĂa corre más rápido que nosotros, es importante saber quĂ© hacer con ella para sacar el máximo partido en nuestras vidas. Los Ăşltimos datos de consumo digital recabados por el Instituto Nacional de EstadĂstica confirman el uso intensivo y generalizado de la tecnologĂa por parte de la poblaciĂłn española, consolidando su presencia en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, tanto a nivel personal en el hogar como a nivel social como herramienta comunicativa.
Datos recientes de nuestro estudio sobre bienestar digital con la Universidad Europea del Bienestar (EUNIWELL) corroboran esta tendencia de consumo intensivo también en Europa.
La tecnologĂa facilita la vida de la poblaciĂłn adulta europea en muchas facetas, tanto en el trabajo (con una percepciĂłn de mayor productividad y facilidad para la conciliaciĂłn personal) como en el ámbito de las relaciones sociales. Sin embargo, tambiĂ©n hemos observado efectos adversos como fatiga tecnolĂłgica, dificultad de desconexiĂłn o desconfianza hacia ciertos contenidos digitales, entre ellos los producidos por inteligencia artificial generativa.
TecnologĂa para implementar la mejor versiĂłn de nosotros mismos
Utilizar la tecnologĂa con un propĂłsito consciente nos permite aprovecharla para nuestro desarrollo personal e integral. No se trata sĂłlo de estar o no conectado, sino de que esa conexiĂłn, cuando sea necesaria, sea consciente y significativa para nosotros. De esta manera, cuidamos nuestro equilibrio personal, nuestras relaciones laborales y educativas o nuestras relaciones sociales. Utilizada de este modo, la tecnologĂa nos ayuda a aprender, a cuidarnos y, por quĂ© no, a desplegar la mejor versiĂłn de nosotros mismos.
Por ejemplo, realizar una videollamada con nuestros seres queridos o leer la prensa digital por la mañana puede considerarse un uso consciente y saludable de la tecnologĂa, ya que nos permite afianzar lazos familiares o estar bien informados.
En contraste, un consumo no consciente se manifiesta cuando tomamos el móvil sin un motivo claro, como un tic inconsciente o por miedo a perdernos algo, fenómeno conocido como FOMO (por las siglas en inglés de Fear Of Missing Out : miedo a perderse algo).
Este tipo de comportamiento está relacionado con las interrupciones tecnolĂłgicas diarias, que son distracciones frecuentes en nuestras acciones diarias provocadas por el uso constante de dispositivos digitales a lo largo del dĂa. Estas interrupciones pueden afectar negativamente nuestra productividad, concentraciĂłn, comunicaciĂłn, bienestar general e incluso las relaciones sociales.
De esta manera, cuando nuestras conexiones tienen un momento y un propĂłsito claro, dejamos de consumir de manera automática. Recuperamos las riendas de nuestro consumo tecnolĂłgico, nuestra conciencia deja de estar en “piloto automático” y estamos menos expuestos a la fatiga o la desconfianza. Podemos, asĂ, sacar el máximo partido de la tecnologĂa para nuestra autorrealizaciĂłn.
En esta lĂnea, las tecnologĂas pueden apoyar un aprendizaje formal en instituciones educativas ya travĂ©s de cursos en lĂnea . Pero resultan especialmente interesantes para aquellos que, aĂşn no formando parte de una comunidad educativa reglada, las quieren utilizar de manera autodidacta para mejorar su formaciĂłn personal. Rompiendo barreras geográficas y dejándose llevar por la cultura de la curiosidad, el autodidacta busca, practica y aprende.
El primer ejemplo de autoaprendizaje tecnolĂłgico lo vemos en el movimiento fandom . Los fans fueron los primeros en crear productos artĂsticos y culturales a partir de libros o pelĂculas, pero observamos ahora cĂłmo esta práctica está muy extendida. Los booktubers y booktokers , por ejemplo, aprenden a hablar en pĂşblico ya realizar análisis literarios de sus libros favoritos mientras manejan las redes sociales.
En YouTube tambiĂ©n podemos ver ensayos audiovisuales o remezclas donde de manera autodidacta –jĂłvenes y no tan jĂłvenes– editan vĂdeos al mismo tiempo que ofrecen una aproximaciĂłn crĂtica a la cultura popular.
El acceso al conocimiento experto se ha democratizado
Además, la tecnologĂa nos puede ofrecer un aprendizaje para toda una vida, llena de significado, que podamos compartir con aquellos que coinciden en nuestra pasiĂłn o motivaciĂłn particular, aunque estĂ©n al otro lado del planeta, o especialmente por eso.
El acceso al conocimiento experto se ha democratizado: existen vĂdeos, pĂłdcasts o newsletters que nos permiten ahondar en nuestros intereses y aficiones , en aquello que queremos aprender. De hecho, muchas grandes universidades como Harvard o el MIT ofrecen cursos gratuitos sobre multitud de temas. Es importante aquĂ saber elegir bien las fuentes, que sean autorizadas en cada materia. No guiarnos tanto por influencers , sino por personas que han logrado el reconocimiento de una comunidad y despuĂ©s un seguimiento masivo, y no al revĂ©s.
La inteligencia artificial generativa tambiĂ©n ofrece interesantes posibilidades de autoaprendizaje, asĂ como de creaciĂłn de contenido. A travĂ©s de numerosas plataformas podemos resolver dudas al instante sobre cualquier cuestiĂłn. La IA nos permite, además, generar contenido digital como mĂşsica o vĂdeos, o aprender un idioma con programas que simulan diálogos naturales y que nos ofrecen feedback instantáneo.
A diferencia de un buscador tradicional, que ofrece una lista de enlaces cuando se le hace una pregunta, la IA elabora una respuesta concreta con toda la informaciĂłn que se encuentra disponible en internet indicando las fuentes de la informaciĂłn utilizadas. Esta transparencia en cuanto a las fuentes no garantiza la confiabilidad total de la informaciĂłn; por ejemplo, que estĂ© actualizado. Sigue siendo fundamental desarrollar un pensamiento crĂtico al interpretar los contenidos generados por la IA.
Los niños tienen una actitud más crĂtica hacia la IA que los adultos.
El fuerte impulso que la inteligencia artificial está dando a la educaciĂłn autodidacta plantea tambiĂ©n un gran reto: comprender su impacto en los procesos cognitivos y en la creatividad humana. En este sentido, datos recientes de The Alan Turing Institute revelan cĂłmo los niños entre 9 y 12 años presentan una aproximaciĂłn crĂtica más aguda hacia la IA que los adultos, incluyendo la conciencia sobre la posibilidad de errores y los sesgos en las decisiones algorĂtmicas.
Este dato sugiere que, cuando los niños entran en contacto con la inteligencia artificial desde edades tempranas, la pueden incorporar de forma natural en su manera de aproximarse al mundo y, en lugar de aceptarla pasivamente, tienden a cuestionar los resultados que les ofrecen. Esta actitud crĂtica es menor en adultos, que al mostrar una mayor confianza en la tecnologĂa puede ver reducida su capacidad para detectar errores o limitaciones.
De ahĂ la importancia de una educaciĂłn especĂfica en inteligencia artificial , lo que hoy se conoce como IA Literacy , tanto en edades tempranas como en adultos. Quienes aprendan a comprender, utilizar y relacionarse de forma crĂtica con la IA aprovecharán mejor sus posibilidades para el aprendizaje autĂłnomo y el desarrollo integral como personas.
SerĂa interesante, por tanto, en aras del fomento del autoaprendizaje y el uso tecnolĂłgico hacia el bienestar, no acotar las posibilidades de los más jĂłvenes contando las horas que utilizan pantallas, sino centrarnos principalmente en que las usen de forma consciente y con un propĂłsito claro para su autoconocimiento y crecimiento personal.
Tal vez asĂ pongamos fin a muchos de los problemas que tiene la tecnologĂa utilizada en modo automático.