Colombia atraviesa una transición demogrÔfica sin precedentes. No se trata de una proyección lejana ni de un fenómeno gradual: es una realidad que ya estÔ en marcha y que transformarÔ de manera profunda nuestra economía, nuestra sociedad y, de forma ineludible, nuestro sistema financiero.

por Banca de las Oportunidades

Las proyecciones oficiales son claras. Hacia 2070, mÔs de la mitad de la población colombiana tendrÔ 50 años o mÔs, y solo una de cada diez personas serÔ menor de 14 años. La edad promedio del país prÔcticamente se duplicarÔ, pasando de 22,6 años en 1950 a 48,6 años en 2070. Al mismo tiempo, la relación entre personas mayores y población infantil se multiplicarÔ por veinte, rompiendo el equilibrio generacional que durante décadas sostuvo nuestros modelos económicos y sociales.

Esta transformación responde a dos grandes logros —y desafĆ­os— del desarrollo del paĆ­s: vivimos mĆ”s tiempo y nacen menos personas. La esperanza de vida al nacer pasó de 56 aƱos en 1950 a una proyección de cerca de 82 aƱos en 2070, mientras que la tasa de fecundidad descendió de 6,7 a 1,2 hijos por mujer. La longevidad es, sin duda, una buena noticia. Pero solo lo serĆ” plenamente si estamos preparados para ella.

La transición demogrÔfica nos confronta con una verdad incómoda: muchos de los modelos financieros, económicos y sociales vigentes fueron diseñados para un país que ya no existe. La pérdida del bono demogrÔfico implica un aumento de la tasa de dependencia y plantea preguntas urgentes sobre productividad, sostenibilidad fiscal, ciclos de consumo y bienestar. Este escenario encierra riesgos reales, pero también una oportunidad histórica para innovar, anticipar y rediseñar.

Envejecer hoy no es lo mismo que envejecer hace cincuenta o setenta años. La nueva longevidad viene acompañada de avances en salud, educación, tecnología y expectativas de vida, y da lugar a un segmento de personas mayores cada vez mÔs diverso, heterogéneo y dinÔmico. No existe una única forma de envejecer. Las trayectorias vitales, los niveles de ingreso, las condiciones de salud, los intereses, la experiencia acumulada y las formas de participación hacen de la vejez una etapa plural, que no puede ni debe abordarse desde estereotipos o etiquetas.

En este contexto, cobra fuerza el enfoque de stage, not age: no se trata únicamente de la edad cronológica, sino de la etapa vital en la que se encuentran las personas. Lejos de asociar la vejez exclusivamente con la dependencia o la inactividad, la nueva longevidad pone en el centro el potencial de las personas mayores como protagonistas, agentes económicos y actores sociales.

AcompaƱar el proceso de aging well —un envejecimiento saludable, activo y productivo— no es solo
una aspiración individual, es una condición esencial para el bienestar colectivo y la sostenibilidad del desarrollo. Esto implica promover:

  • Envejecimiento saludable, que reduzca la vulnerabilidad ante choques económicos asociados a la salud.
  • Envejecimiento activo, que fortalezca la autonomĆ­a, la participación social, el aprendizaje
    continuo y el bienestar integral.
  • Envejecimiento productivo, que impulse la estabilidad económica, la generación de ingresos, la empleabilidad y emprendimiento sĆ©nior y la planificación financiera de mediano y largo plazo.

A continuación, los insumos completos:

Fuente: https://www.bancadelasoportunidades.gov.co/

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