La neurobiología de la salud mental y la resiliencia es un campo fascinante que explora las intrincadas conexiones entre el cerebro, las emociones y el comportamiento. La neuroplasticidad y la adaptación cerebral son mecanismos clave que contribuyen a la capacidad de recuperarse de la adversidad y mantener el bienestar mental. Los investigadores están descubriendo información valiosa sobre los fundamentos neurobiológicos de la resiliencia mediante el estudio de marcadores biológicos.
por Deliana Infante – Reviewed by Danielle Ellis, B.Sc.

Introducción a la neurobiología de la resiliencia
La resiliencia es la capacidad de un individuo para soportar y superar los efectos sociales, psicológicos y biológicos perjudiciales del estrés severo que, de otro modo, podrían poner en peligro su salud mental y física. Estudios recientes sugieren que la resiliencia humana no es simplemente la ausencia de respuestas patológicas observadas en individuos vulnerables, sino más bien un proceso activo y adaptativo.
El campo de la neurobiología de la resiliencia proporciona información valiosa sobre los mecanismos biológicos responsables de la capacidad de un individuo para adaptarse a la adversidad. La genética y el eje neuroendocrino se encuentran entre los factores biológicos que contribuyen a ello. Además, los factores psicológicos, incluido el contexto social del desarrollo, influyen significativamente en la resiliencia. Estos factores están interconectados y pueden determinar si un individuo exhibe un comportamiento resiliente.
El circuito de resiliencia del cerebro
El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHA) es clave para el desarrollo de la resiliencia. En momentos de estrés, el hipotálamo secreta la hormona liberadora de corticotropina (CRH), que libera la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) de la glándula pituitaria. En consecuencia, las glándulas suprarrenales producen cortisol, que es fundamental para el manejo del estrés, la resiliencia al estrés y la homeostasis. Los glucocorticoides ejercen una retroalimentación negativa para suprimir el hiperactivo eje HHA.
Otros factores que influyen son las hormonas testosterona y dehidroepiandrosterona (DHEA). Los estudios han demostrado que unos niveles más elevados de testosterona pueden estar relacionados con una mayor resistencia al estrés. Se ha descubierto que la testosterona mejora la plasticidad neuronal, que es la capacidad del cerebro de adaptarse y cambiar en respuesta a nuevas experiencias.
La dehidroepiandrosterona (DHEA) es un neuroesteroide producido en las glándulas suprarrenales y se ha descubierto que desempeña un papel en la resiliencia. Se ha descubierto que la DHEA tiene efectos neuroprotectores en el cerebro y puede ayudar a regular el estado de ánimo y las emociones.
El neuropéptido Y (NPY), un neurotransmisor del cerebro, también se ha relacionado con la resiliencia. El NPY actúa modulando la respuesta al estrés y promoviendo la estabilidad emocional. Los estudios han demostrado que los niveles más altos de NPY están asociados con una mayor resiliencia al estrés y una mejor regulación emocional.
Además, los factores genéticos también intervienen en la neurobiología de la resiliencia. Las investigaciones han identificado SNP específicos y variantes alélicas asociadas con la susceptibilidad al estrés. Estas variantes genéticas pueden afectar el funcionamiento de varios neurotransmisores, transportadores, chaperonas y receptores involucrados en la regulación del estrés, como FKBP5, ADCYAP1R1, CRHR1, 5–HTTLRP y NPY.
Además, estudios recientes han puesto de relieve la participación de diferentes fenotipos de células cerebrales en la vulnerabilidad y la resiliencia al estrés. Por ejemplo, ciertos tipos de células, como los astrocitos y la microglia, muestran una polarización hacia un fenotipo proinflamatorio (M1) asociado con la vulnerabilidad al estrés, mientras que un fenotipo antiinflamatorio (M2) es más propenso a la resiliencia.
Estrés, adversidad y adaptación cerebral
Las personas resilientes muestran una regulación más eficiente del eje HPA, con un retorno más rápido a la normalidad después de un factor estresante, lo que ayuda a prevenir la exposición prolongada a las hormonas del estrés. La exposición prolongada a estas hormonas puede encoger el hipocampo; las personas resilientes a menudo muestran un volumen hipocampal más preservado.
El estrés crónico puede reducir los niveles de serotonina y dopamina, lo que contribuye al desarrollo de trastornos del estado de ánimo. Las personas resilientes tienden a tener una señalización de serotonina más robusta y niveles más altos de dopamina. Estas personas también pueden tener una liberación y regulación más eficientes de oxitocina y endorfinas.
La resiliencia también implica adaptar los circuitos neuronales que intervienen en la regulación de las emociones y el procesamiento cognitivo. Estas personas suelen mostrar una actividad aumentada de la corteza prefrontal, lo que les permite regular las emociones, tomar decisiones adaptativas e inhibir las respuestas impulsivas.
Además, la amígdala, una región del cerebro involucrada en el procesamiento de las emociones, tiende a tener menor reactividad en individuos resilientes, lo que sugiere que pueden modular eficazmente sus respuestas emocionales a los factores estresantes.
Salud mental y resiliencia
La salud mental y el bienestar se ven significativamente influenciados por las adaptaciones neurobiológicas de la resiliencia. La preservación de las estructuras cerebrales, la regulación eficaz del estrés, la señalización de neurotransmisores potentes y el aumento de la conectividad neuronal favorecen el control emocional y la toma de decisiones adaptativa.
La resiliencia está muy influida por el entorno psicosocial. Las adversidades en la primera infancia no siempre aumentan la susceptibilidad al estrés. Por el contrario, parece que crecer en un entorno estresante dota a los hijos de las habilidades necesarias para afrontar los desafíos de la edad adulta.
Neuroplasticidad e intervenciones terapéuticas
La capacidad del cerebro para modificar su estructura y función en respuesta a las experiencias, el aprendizaje y los cambios ambientales se conoce como neuroplasticidad.
La neuroplasticidad permite la formación de nuevas conexiones entre neuronas (sinaptogénesis) y la modificación de las existentes (poda sináptica). Este proceso permite al cerebro reconectarse y reorganizarse en respuesta al aprendizaje y las experiencias. También implica cambios en la organización funcional del cerebro, lo que permite la redistribución de funciones a diferentes regiones cerebrales para compensar los daños o las interrupciones en las redes neuronales.
Técnicas como la neurofeedback y la estimulación cerebral no invasiva pueden dirigirse directamente a regiones cerebrales y redes neuronales específicas para promover cambios neuroplasticidad. Estas intervenciones son prometedoras para mejorar la resiliencia mediante la modulación de la actividad cerebral.
Sin embargo, las intervenciones terapéuticas que se centran en técnicas cognitivas y conductuales también pueden aprovechar la neuroplasticidad reconfigurando las vías neuronales y desarrollando patrones de pensamiento más adaptativos frente a los factores estresantes.
Marcadores biológicos y direcciones futuras
Los avances en las técnicas de neuroimagen, como la resonancia magnética funcional (fMRI) y la tomografía por emisión de positrones (PET), han permitido a los investigadores identificar patrones de actividad cerebral asociados con el bienestar mental. Estos marcadores pueden proporcionar información sobre los mecanismos neuronales que subyacen a las emociones positivas, la resiliencia y el bienestar.
Numerosos genes y variantes genéticas se han vinculado con resultados relacionados con la salud mental. En el futuro se investigará más a fondo la base genética de la salud mental, junto con la identificación de interacciones entre genes y ambiente y variables epigenéticas que afectan el desarrollo psicológico y la resiliencia.
También se han estudiado las citocinas y las hormonas como posibles biomarcadores del estrés y la inflamación. Además, los investigadores están examinando el eje intestino-cerebro para aprender más sobre cómo la composición microbiana y los metabolitos afectan la salud mental.
El campo de la psiquiatría de precisión también tiene como objetivo personalizar los tratamientos de salud mental en función de rasgos individuales, como los marcadores biológicos. El principal objetivo de las futuras investigaciones será encontrar biomarcadores que puedan predecir la respuesta al tratamiento y orientar el desarrollo de intervenciones personalizadas para el bienestar mental.
Referencias
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Lectura adicional
- Todo el contenido de neurociencia
- ¿Qué es la neurología?
- ¿Cuál es la diferencia entre neurología y neurociencia?
- ¿Qué es la neurociencia?
- Neurodesarrollo: del embrión al cerebro adulto
- Memorias implícitas y explícitas
- ¿Qué es la neurocirugía?
- Introducción a la optogenética
- Cómo afecta el vuelo espacial al cerebro
- Imágenes asistidas por láser de células cerebrales durante el aprendizaje
- Cambios metabólicos que podrían identificar biomarcadores y tratamientos para la adicción
- Evaluación del papel del sistema orexigenérgico en un modelo animal de TEPT
- Una visión general del neuroSIDA
- Uso de mapas cerebrales para predecir comportamientos
- Descubriendo el misterio del cerebro humano con la neurociencia computacional
- ¿Dónde se forman los recuerdos en el cerebro?
- Transcriptómica espacial en neurociencia y trastornos neurológicos
Fuente: https://www.news-medical.net/health/Building-Resilience-the-Neurobiology-of-Mental-Wellbeing.aspx