Hoy asistimos a una auténtica explosión del modelo de “cuidados centrado en la persona”.
Hoy asistimos a una auténtica explosión del modelo de “cuidados centrado en la persona”.
Atender a una persona con una enfermedad avanzada puede producir “efectos secundarios” emocionales, pero hay un antídoto para no sucumbir a ese desgaste psicológico: el autocuidado.
El deterioro cognitivo es uno de los mayores desafíos sociosanitarios de nuestro tiempo. Se estima que su prevalencia seguirá aumentando en las próximas décadas debido al envejecimiento de la población. Aunque en muchos casos forma parte del proceso natural de envejecimiento, en otros puede evolucionar hacia demencias neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, con un impacto profundo en la autonomía personal, la calidad de vida y la organización familiar.
A veces, los profesionales de la salud sienten la necesidad de dar una respuesta a los pacientes sí o sí, a cualquier precio. Pero, ¿qué pasa si esa respuesta no existe y la damos igual? ¿Cuáles son las consecuencias?
El cuidado familiar de una persona mayor es una responsabilidad que debe ser asumida por la familia de manera constante y permanente.
La pandemia ocasionada por el virus de COVID-19 permitió visibilizar el carácter multidimensional de la crisis global actual, que es a la vez económica, sanitaria, ambiental, social, alimentaria, energética, de cuidados, entre otras.
La segunda edición de FITECU, la Feria Internacional de Innovación y Tecnología al Servicio de los Cuidados, celebrada en Zamora del 20 al 22 de febrero, ha puesto de relieve el papel fundamental que juega la tecnología en la mejora de los cuidados a las personas mayores, dependientes o con discapacidad.
El ser humano es biológicamente deficiente. Surge entero pero incompleto. A diferencia
de los animales que nacen ya con sus órganos especializados, el ser humano no tiene ninguno. Para sobrevivir necesita ser cuidado. Dejado en la cuna sin que nadie lo atienda, no tiene posibilidad de buscar su alimento y poco tiempo después acaba muriendo. Para sobrevivir, necesita buscar su sustento en la naturaleza.
La actividad es voluntaria y la asistencia es buena. Ese día, una docena de participantes del ala de vida asistida del centro estaban sentados en un círculo, con cascos de realidad virtual que parecían grandes gafas. Su agenda virtual estaba repleta: un viaje en globo aerostático, luego un safari y después a la tienda de comestibles.
No es infrecuente que una persona mayor sufra ciertas alteraciones mentales (desorientación, agitación…) al ingresar en un hospital. ¿Cómo se puede hacer frente a esta situación?
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