La sexualidad es una parte fundamental de la experiencia humana, un aspecto que persiste a lo largo de toda la vida. Contrario a la creencia popular, el deseo y la capacidad de disfrutar de una vida sexual y afectiva plena no desaparecen con la edad. La sexualidad en la vejez es tan importante como en cualquier otra etapa, contribuyendo significativamente a la calidad de vida, la salud mental y el bienestar general. Este artículo, desde una perspectiva médica especializada en salud sexual, busca desmitificar los tabúes que rodean a la sexualidad de las personas mayores, enfatizando sus derechos, los cambios físicos que experimentan y las estrategias para adaptarse a ellos.

por Dra. Alexandra Caballero Guzmán MD MSc

La vejez, lejos de ser el final de la vida sexual, puede ser una etapa de redescubrimiento y liberación. Con menos presiones sociales o laborales, muchas personas mayores encuentran la oportunidad de explorar su intimidad con una nueva perspectiva. Sin embargo, para que esta exploración sea satisfactoria y saludable, es crucial reconocer y respetar los derechos sexuales y reproductivos de las personas mayores. Estos derechos, a menudo olvidados, son los mismos que los de cualquier otro adulto. Incluyen el derecho a la autonomía, a la intimidad, a la libertad sexual, a la información y educación sexual, a la no discriminación y a la atención de salud sexual adecuada.

En un contexto de respeto a estos derechos, la sexualidad de las personas mayores se convierte en un pilar de su autonomía. Esto implica el derecho a elegir con quién, cuándo y cómo tener relaciones sexuales, libres de coerción o prejuicios. También incluye el derecho a acceder a información veraz y a servicios de salud que aborden sus necesidades específicas. A menudo, los profesionales de la salud pasan por alto este aspecto, asumiendo que la sexualidad ya no es relevante, lo que perpetúa el edadismo y el estigma.

Continúa en el siguiente documento:

Fuente: Dra. Alexandra Caballero Guzmán MD MSc

Deja una respuesta