Cómo abordar la vergüenza

por Karemi Rodriguez Batista

Cómo abordar la vergüenza

La vergüenza es una experiencia emocional, desagradable eso sí, pero muy importante para regular nuestra conducta; sin embargo, puede causar muchos problemas si es excesiva en cualquiera de sus parámetros, ya que responderíamos ya sea con conductas de escape o evitación, además de otras más impulsivas o de afrontamiento ineficaz que veremos más adelante (acciones rígidas e ineficaces) que podrían tener consecuencias graves para el establecimiento de vínculos afectivos en las relaciones sociales y que nos alejarían de nuestra vida de valor. Es por ello que suele estar presente en muchas problemáticas psicológicas tales como ansiedad social, depresión, fobias, trastornos de conducta alimentaria, etc. (Sedighimornani, 2018).

Y es que la vergüenza es una emoción social y autofocalizada. Es decir, sentimos vergüenza cuando violamos las normas sociales en las que creemos. En esos momentos nos sentimos humillados/as, expuestos/as y pequeños/as, entonces esta emoción elicita una respuesta de atención focalizada en nuestro autoconcepto, de una forma global y negativa, principal diferencia con la culpa que se centra en la acción concreta de la que aceptamos responsabilidad y en los sentimientos de los demás (Tangney, Mashek,, & Stuewig, 2005).

Tomando en consideración su propósito fundamental que sería ser una alerta para hacernos cumplir expectativas sociales y lograr ser aceptados/as por la comunidad, cumpliría una poderosa función de regulación social. Dicho de otra forma, una estrategia de limitación de daños mediante el envío de señales sociales a través de, por ejemplo, un patrón de conductas sumisas y apaciguadoras (agacharse, mirar hacia otro lado, esconderse y escapar) que tienen como objetivo, como hemos dicho, disminuir y/o evitar el conflicto interpersonal que podría conducir al rechazo social o la devaluación (Gilbert y McGuire, 1998; Gilbert, 2000).

La vergüenza es una experiencia normal en el ser humano, aunque una de las más dolorosas. Cuando sentimos vergüenza, lo más probable es que nos centremos (o fusionemos) con pensamientos sobre lo malo e inadecuado de nosotros/as mismos/as, otras veces nos quedaremos “en blanco”. Nos sentiremos indefensos/as, expuestos/as, inferiores o vulnerables. Los impulsos de acción ante la vergüenza suelen implicar el deseo de esconderse, huir, retirarse o desaparecer de la vista (Luoma, LeJeune, & Platt, 2020). De hecho, la vergüenza, el desprecio, la devaluación y el rechazo repetitivos pueden llevar al desarrollo de modelos internos del yo (yo conceptualizado) como inferior, inadecuado, vulnerable, indignos de amor, y tiene un gran impacto en la autorrepresentación a través de las habilidades adquiridas con el desarrollo del lenguaje (Gilbert y Gerlsma, 1999).

Hay que mencionar que experimentar la vergüenza en sí misma no tiene porqué llevarnos a la desconexión y la soledad. De hecho, dado que los sentimientos de vergüenza suelen presentar oportunidades para ser vulnerables con otras personas de confianza, lo cual es una de las claves para construir la intimidad y aprender nuevas formas de relacionarse con la vergüenza puede, en realidad, hacer que las relaciones satisfactorias sean más probables. Ahora bien, también consideremos que en muchos momentos no tiene ningún propósito útil y es simplemente el resultado de interiorizar experiencias pasadas de humillación, devaluación y abuso. Esto es especialmente cierto cuando la vergüenza es crónica (Luoma, LeJeune, & Platt, 2020).

Claves estratégicas para abordar la vergüenza desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT)

Ahora es el momento de adentrarnos en puntos estratégicos que puedan ayudarnos con las personas que estén teniendo dificultades derivadas de la excesiva vergüenza y sus efectos limitantes en el repertorio de comportamientos valiosos. Para ello me permito extraer y compartir algunas recomendaciones bastante útiles del libro Working with Shame. Practical Tips for ACT Therapists, que el Dr. Russ Harris (conocido terapeuta, escritor y divulgador de ACT) ha puesto a disposición en la página web Contextual Consulting, y que podéis descargar libremente.

Para comenzar la sesión con el o la consultante, algunas preguntas que nos pueden ayudar para ello serían las siguientes:

Si la vergüenza ya no fuera un problema para ti…

  • ¿Qué dejarías de hacer o empezarías a hacer, hacer más o menos de…?
  • ¿Cómo te tratarías a ti mismo/a, a los demás, a la vida, al mundo, de forma diferente?
  • ¿Qué objetivos perseguirías?
  • ¿Qué actividades iniciarías o reanudarías?
  • ¿A qué personas, lugares, eventos, actividades, desafíos te acercarías, iniciarías, reanudarías o contactarías en lugar de evitar o escapar?

Trabajar con problemas de vergüenza desde el modelo de ACT puede involucrar cualquiera o todos puntos siguientes: defusión (incluyendo notar y nombrar), aceptación (incluyendo normalizar, validar y expandir la conciencia), contacto con el momento presente (incluyendo enraizar y centrar), yo-contexto (incluyendo notar cómo la vergüenza cambia con el tiempo y variadas perspectivas de los demás), valores, acción comprometida, autocompasiónexposición y comprensión de cómo se desarrolló la vergüenza, y las funciones que ha tenido tanto en el pasado como en el presente.

Funciones de la vergüenza en el pasado y presente de la persona

Nos puede ser de mucha utilidad ver cómo ha funcionado la vergüenza en el pasado, en formas que fueron, de alguna manera, útiles o protectoras para la persona, es decir, examinar las consecuencias reforzantes de la vergüenza.

Las funciones pueden incluir algunas o todas las que siguen: reducir el castigo o la hostilidad (si mostramos vergüenza, en algunos contextos, esto disminuirá el castigo, la hostilidad, la crítica, o el juicio de los demás), obtener apoyo o amabilidad (si estamos avergonzados/as, en algunos contextos, esto provocará la simpatía, la bondad, el apoyo o el perdón de los y las demás), evitar el dolor (si respondemos con conductas de escape o evitación hacia estímulos que desencadenen esta emoción, a corto plazo, evitamos el dolor, darle sentido (la vergüenza nos ayuda a “dar sentido” a nuestras experiencias: “Estas cosas sucedieron porque soy malo/a”. En niños/as que han sufrido abuso, el darle sentido de esta forma les libera de la terrible realidad de sus cuidadores que no podrían afrontar.

Ahora, lo más importante, las funciones actuales. Mientras que la vergüenza puede presentar todavía algunas de las funciones “beneficiosas” que ha tenido en el pasado; en el presente es evidente que también tiene algunas funciones que drenan la vida. Una vez que tengamos esta información, podríamos decir algo como; “Así que en el pasado, la vergüenza te ha ayudado de alguna manera, como para X, Y, Z, pero en el presente, se está interponiendo en el camino de ser la persona que quieres ser y haciendo las cosas que quieres hacer, como A,B,C. Entonces, ¿estarías dispuesto/a a aprender nuevas habilidades para que puedas manejar la vergüenza más eficazmente, reducir su impacto en tu vida, quitarle su poder, para que puedas empezar a hacer A, B, C de nuevo?”.

Nota: no tenemos que explorar las funciones pasadas de la vergüenza – son las funciones presentes las que importan. Sin embargo, puede ser útil hacerlo, para la normalización y la validación, lo que a su vez puede facilitar la aceptación, la autoaceptación y la autocompasión.

Fusión/defusión

Cuando trabajemos con la vergüenza, esperamos encontrar fusión con recuerdos doloroso sobre el pasado, y con posibilidades de futuras evaluaciones hostiles o rechazo por parte de los demás, así como un yo fusionado con un autojuicio muy negativo y severo del tipo “Soy mala”, “Soy asqueroso, indigno, no merecedor de la felicidad, etc.” y, por supuesto, la máquina de dar razones por las que no podemos o no debemos intentar cambiar. Por supuesto, podemos encontrar muchos otros tipos de fusión, pero estos a menudo tienden a predominar en la vergüenza.

Nuestro trabajo en defusión estará dirigido entonces hacia el autojuicio, la autoculpa, los recuerdos dolorosos, el miedo a la evaluación negativa por parte de los/as demás y/o el rechazo por parte de los/as demás, etc. Dicho de otra forma, se dirigirá a debilitar ese control de reglas demasiado rígido sobre el comportamiento, de modo que otras funciones (establecidas verbal y no verbalmente) pueden llegar a tener efecto (Ruiz Sánchez, 2020).

Recordemos aquí dos primeros pasos para la defusión que son el “darse cuenta… …y nombrar”. Podemos pedirle al o la consultante que se fije en lo que dice su “mente”, cómo su “mente” (que si, que es una metáfora) la está juzgando y culpando, o notar como su mente es tan rápida en asumir lo que otras personas están pensando de ella, o sea juzgarla, criticarla o rechazarla.

También podemos pedirle que nombre sin juzgar sus pensamientos y sentimientos, por ejemplo: “Aquí está la vergüenza” o “Estoy teniendo el pensamiento de que soy estúpida” o “Estoy teniendo pensamientos que otras personas me juzgarán” o “Estoy teniendo un sentimiento de vergüenza”, o “Estoy teniendo un recuerdo vergonzoso” etc. Aunque en la parte de la defusión, el énfasis está en las cogniciones, más que en los sentimientos y sensaciones; y el objetivo es “ver más claramente’ lo que son las cogniciones: cadenas de palabras e imágenes.

Nota: es oportuno evitar técnicas de defusión más extravagantes como “agradecer a tu mente” o “cantar tus pensamientos” en el trabajo con la vergüenza, al menos en las primeras sesiones, porque pueden resultar contraproducentes e invalidar a los/as consultantes.

Evitación experiencial/aceptación

Esperamos encontrar que la mayoría de estas personas sean muy propensas a evitar o querer deshacerse de: sensaciones desagradables en el cuerpo, muy similares a, o combinadas con, sensaciones/sentimientos de ansiedad o temor, (por ejemplo, tensión en el pecho, el estómago revuelto, en clientes más disociativos, por supuesto podemos encontrar “adormecimiento”), cogniciones desagradables, especialmente juicios duros de sí mismo/a, recuerdos vergonzosos y ansiedades sobre la evaluación negativa o el rechazo de los demás, e impulsos incómodos de realizar acciones autodestructivas (por ejemplo, tomar drogas o el alcohol, autolesionarse, aislarse socialmente).

La aceptación de estos eventos privados que componen la vergüenza, a menudo comienza con la validación y la normalización. Y a partir de ahí, podemos usar cualquier combinación de técnicas de aceptación que prefiramos. La atención expansiva a menudo también es útil para descubrir que hay muchas otras cosas aquí en este momento, además de la vergüenza. Y también podemos utilizar la vergüenza para ayudar a conectar con los valores, o como recordatorio para practicar la autocompasión.

No olvidemos que la aceptación puede verse como un comportamiento de aproximación o ausencia de escape o evitación en presencia de estímulos aversivos, estableciendo un contexto para que sucedan comportamientos más variados y potencialmente más adaptativos (Ruiz Sánchez, 2020).

Momento presente/predominio del pasado y futuro

Como vimos en un apartado anterior, las personas con excesiva vergüenza suelen estar mayormente en ese pasado llenos de recuerdos dolorosos, así como en un futuro angustiante con posibles (que no sabemos que tanto probables) críticas y rechazo de los demás. Es por ello que trabajaremos en fortalecer un repertorio conductual de atención hacia los estímulos en el momento presente, aumentando la sensibilidad a las contingencias ambientales mientras debilitamos las fuentes inútiles de control de estímulos verbales.

Para ello nos pueden ser de utilidad las siguientes técnicas: enraizar, centrar y “echar el ancla”, habilidades esenciales para desarrollar tempranamente, compromiso, conexión y conciencia expansiva, notar y experimentar con cambios en la postura corporal y sus efectos; así como el reconocimiento inicial de los pensamientos y sentimientos que allana el camino para la defusión o la aceptación.

Falta de claridad en valores/valores

Generalmente estas personas tendrán poco contacto con lo que les importa, fruto de las acciones que ponen en marcha para controlar esta emoción que suelen ocasionarles daños en las relaciones con personas significativas y en otros aspectos de la vida que valoran. Es por ello que este punto se vuelve crucial entrenar en la derivación de reglas que funcionen como operaciones motivacionales verbales que apoyen comportamientos más eficaces y adaptativos, especificando las consecuencias de los mismos. Algunas preguntas que nos pueden ayudar en esa línea de exploración son:

  • ¿Cómo tratarías y/o qué consejo le darías a un ser querido que ha pasado por acontecimientos similares y que se siente de la misma manera que tú?
  • ¿Qué te dice esta vergüenza sobre lo que realmente le importa? ¿A qué necesitas enfrentarte, tomar medidas o abordar?
  • ¿Qué te recuerda la vergüenza sobre la forma en que idealmente quieres tratarte a ti mismo/a, tratar a los/as demás?
  • ¿Qué te dice la vergüenza sobre lo que has perdido / necesitas tener cuidado / quieres defenderte / te preocupas profundamente / necesitas tratar?

Acciones ineficaces/acciones comprometidas

Las acciones ineficaces son “desencadenadas” por la vergüenza y sostenidas por reforzamiento, aunque pueden variar enormemente, las más comunes serían: evitar o retirarse de lugares y personas importantes y significativas, eventos, actividades y situaciones que la desencadenan, acciones impulsivas tales como el uso de drogas, cigarrillos, alcohol, comida, etc. (estrategias de control externo) e incluso comportamientos conflictivos y agresivos con los/as demás. Recordemos que per se, ninguna de las anteriores es problemática, sólo lo son al ser estrategias muy rígidas o inapropiadas.

Una vez que hemos explorado los valores de las personas, podemos pasar fácilmente a la acción comprometida: evocando y reforzando nuevos repertorios de comportamiento consistentes con esos valores como una alternativa a los viejos “impulsados por la vergüenza”. Esto puede incluir cualquier o todos los siguientes: resolución de problemas y establecimiento de objetivos y planificación de acciones guiados por valores (recomendable la técnica SMART), entrenamiento en otras competencias pertinentes como lo son las habilidades relacionales, de comunicación, de asertividad, de intimidad, o de empatía.

En esta parte quizá sea muy necesario trabajar las conductas impulsivas y nos puede venir bien centrarnos en lo siguiente: defusión de los aspectos cognitivos (por ejemplo, “Lo necesito”, “Lo quiero”, “Yo no puede evitarlo”), aceptación de los sentimientos y sensaciones del impulso, echar el ancla, enraizar y centrarse en medio del impulso, control conscientemente las acciones (por ejemplo, la respiración, la postura corporal o estiramientos), autocompasión, conciencia expansiva: ¿qué más hay aquí y ahora, así como este impulso?, o Yo-contexto: usar “la parte que se da cuenta” para notar cómo aumentan los impulsos y decrecen con el tiempo.

Ejercicios formales de meditación muy útiles al estilo “aceptación de emociones difíciles”, o “surfeando las olas”, incorporan aceptación, defusión, y contacto con el momento presente.Puedes ir a este enlace de Grupo ACT Argentina donde encontrarás este y otros ejercicios muy interesantes.

Exposición

En particular, muchos clientes encuentran que su comportamiento se organiza en torno a intentar evitar los eventos privados que componen la vergüenza (evitación experiencial ) y a evitar las situaciones, personas, lugares, eventos y actividades que desencadenan vergüenza (evitación abierta o manifiesta).

Por lo tanto, un aspecto importante del éxito del tratamiento es la exposición. Hacemos ambas exposiciones interoceptivas (a “cosas dentro del cuerpo como pensamientos y sentimientos), así como exposición directa (a “cosas de afuera” del cuerpo, como personas importantes, lugares, eventos, actividades, situaciones). Podemos pensar en este trabajo como un “subconjunto” de acción comprometida, porque implica tomar acciones para establecer (o reestablecer) el contacto con elementos importantes, aspectos significativos de la vida.

Yo contenido/yo contexto

Las personas que nos consultan suelen tener un autoconcepto muy deteriorado y además muy fusionado, relacionado con un yo inferior, inadecuado y vulnerable. Es por ello que podemos ayudarles a darse cuenta que son solo historias y que esas historias cambian, podemos usar estrategias del tipo “la parte de ti que se da cuenta” para dar un paso atrás y observar los diversos elementos de la vergüenza- pensamientos, sentimientos, sensaciones, recuerdos, etc.; así como notar que la vergüenza no es la esencia de lo que son; que hay mucho más en ellos/as. De esta manera, damos forma a un comportamiento verbal más flexible y autodirigido en presencia de eventos privados que varían a lo largo del tiempo (por ejemplo, recuerdos del pasado y preocupaciones por el futuro), lugar (por ejemplo, situaciones diferentes, relaciones, roles) y persona (por ejemplo, diferentes perspectivas sobre el mismo evento).

Desde el punto de vista de la RFT, el yo como contexto implica entrenar relaciones deícticas flexibles del tipo yo / tú, aquí / allá y ahora / entonces. Al hacer este tipo de trabajo, a menudo es útil hacer que las personas registren y midan su nivel de vergüenza de 0 a 10 cada pocos minutos durante la sesión, y noten cómo sigue subiendo y bajando.

Y ahora sí, para finalizar, a aquellos y aquellas terapeutas que estéis interesados en trabajar más a fondo estas problemáticas, os recomiendo enormemente que visiteis la página ACT with Compassion, ya que en ella encontrareis multitud de información, escalas, ejercicios para los consultantes, etc.; y aunque mayormente están en inglés, hay bastante material en español.

Referencias bibliográficas

  • Gilbert, P. (2000). The relationship of shame, social anxiety and depression: the role of the evaluation of social rank. Clinical Psychology and Psychotherapy, 7, 174–189.
  • Gilbert, P., & Andrews, B. (Eds) (1998). Shame. Interpersonal behavior, psychopathology, and culture. New York: Oxford University Press.
  • Gilbert, P. & McGuire, M.T. (1998). Shame, status and social roles: psychobiology and evolution. In P. Gilbert, & B. Andrews (Eds). Shame. Interpersonal behavior, psychopathology, and culture. Oxford, UK: Oxford University Press.
  • Gilbert, P., & Gerlsma, C. (1999). Recall of shame and favouritism in relation to psychopathology. British Journal of Clinical Psychology, 38(4), 357-373.
  • Harris, R. (2017). Working with Shame. Practical Tips for ACT Therapists. Disponible en: https://contextualconsulting.co.uk/wp-content/uploads/2020/02/Working-with-Shame-Russ-Harris.pdf
  • Luoma, J., LeJeune, J., & Platt, M. (2020). Case Conceptualization Frameworks for working with highly self-critical and shame prone clients. ACT with Compassion. Recuperado de: https://www.actwithcompassion.com/case_conceptualization
  • Ruiz Sánchez, J. J. (2020). Terapia de Aceptación y Compromiso. Una Definición Funcional desde ABA. Disponible en http://fapcontexto.blogspot.com/2020/10/terapia-de-aceptacion-de-compromiso-una.html
  • Tangney, J. P., Mashek, D., & Stuewig, J. (2005). Shame, Guilt, and Embarrassment: Will the Real Emotion Please Stand Up? Psychological Inquiry, 16(1), 44–48.
  • Sedighimornani, N. (2018). Shame and its features: Understanding of Shame. European Journal of Social Sciences Studies. Vol. 3, 75-107.

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