ryna Inshyna/Shutterstock
¿Está reduciéndose la capacidad de los jóvenes de percibir la violencia por su exposición constante a ella en redes sociales?
pot Uxue Llano-Abasolo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alejandro Villena Moya, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja ; Itsaso Biota Piñeiro, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Joana Jaureguizar Alboniga-Mayor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Lluís Ballester Brage, Universitat de les Illes Balears; María Dosil-Santamaría, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
La percepción de la violencia machista como un problema social está disminuyendo entre los jóvenes: mientras que en 2019 el 82,5 % consideró que era una cuestión de gran relevancia, en 2023 esta cifra se redujo al 65 %. ¿A qué puede deberse esta bajada tan significativa?
El 70% de los adolescentes pasa cuatro horas o más al día conectados. Los algoritmos tienden a amplificar mensajes polarizados y desinformativos, en particular aquellos que refuerzan estereotipos o niegan las desigualdades estructurales. Se accede con tanta facilidad a tanto contenido digital, mucho del cual se produce y comparte de manera anónima, que rumores e información sin verificar circulan de manera masiva e inciden en la capacidad empática de quienes los reciben .
Los datos del Informe Juventud en España 2024 revelan que el 23 % de los hombres jóvenes y el 13,2 % de las mujeres de entre 15 y 29 años afirman que la violencia de género es un “invento ideológico”, duplicando prácticamente las cifras registradas en 2019 (11,9 % y 5,7 %, respectivamente).
Y sin embargo, los datos muestran que estos mismos jóvenes están expuestos, son perpetradores y víctimas de nuevas formas de violencia que, aunque no siempre visibles o reconocidas, generan un profundo impacto en su bienestar.
La violencia digital adopta diversas manifestaciones . Entre ellas se incluyen el envío de material íntimo sin consentimiento y la sextorsión (cuando se amenaza o chantajea con difundir imágenes o información de carácter sexual). Pero también las conductas de control en el marco de pareja o expareja, como la vigilancia en redes sociales, el rastreo de ubicación o el acceso indebido a contraseñas. A ello se le suman otras formas de agresión como el ciberacoso y el Grooming , práctica mediante la cual un adulto establece contacto virtual con un menor con fines de explotación sexual.
Violencia digital
La evidencia señala que la violencia digital está aumentando: el mismo informe de INJUVE revela que un 47% de las personas jóvenes ha estado expuesto a episodios de violencia en el ámbito digital, mientras que sólo un 9% reporta haber vivido experiencias similares en la calle.
Estar expuesto a estos contenidos genera una normalización y cierta insensibilidad frente a la violencia: una especie de “violencia persistente de baja intensidad” . En este contexto, puede hablarse de una situación de desamparo digital durante la adolescencia, entendida como la ausencia de mecanismos eficaces de reconocimiento, prevención e intervención frente a las violencias que tienen lugar en entornos digitales.
Para abordar esta situación novedosa y cada vez más frecuente en la etapa adolescente, proponemos el concepto de violencia digital insidiosa. Se trataría de una forma de agresión que actúa de manera progresiva, silenciosa y que, en algunos casos, puede llegar a ser irreversible.
Este vacío de acompañamiento y control (pues la capacidad de los sistemas familiares, escolares y jurídicos es muy limitada para protegerlos) genera un entorno propicio en el que la violencia digital no solo se produce, sino que se naturaliza, se banaliza y se reproduce .
Violencia y consumo de pornografía
La expansión del acceso a internet no solo ha facilitado la aparición de nuevas manifestaciones de violencia, sino que también ha incrementado el consumo de contenido pornográfico . En el mismo informe, el INJUVE muestra que el 70 % de los hombres jóvenes han consumido contenido pornográfico en alguna ocasión frente al 30 % de las mujeres jóvenes.
Dicho contenido, centrado principalmente en los intereses masculinos , está cargado de dominio y violencia , reproduciendo así la estructura patriarcal y confirmando la atribución del carácter pasivo de las mujeres y el activo de los varones.
La exposición a contenido pornográfico, especialmente en alumnos menores de edad, puede contribuir a una percepción distorsionada de la realidad , dado que con frecuencia en dichos contenidos se diluye tanto el deseo como el consentimiento y se representan como actos sexuales escenas que constituyen agresiones.
En este contexto, diversos estudios han evidenciado una relación significativa entre el consumo de pornografía y la violencia sexual , una relación que aumenta cuando el contenido es violento . De hecho, el informe citado de INJUVE afirma que el 32% de las mujeres jóvenes reconoce haber vivido experiencias sexuales no consentidas, las cuales incluyen situaciones como haber sido forzadas a mantener relaciones, haber tenido encuentros no deseados o haber realizado actos con los que no se sentían seguras.
Estrategias frente a los riesgos digitales
La educación sexual y afectiva es el mejor antídoto para contrarrestar estas tendencias. Se trata de enseñar al alumno cómo se establece y se mantiene relaciones saludables, libres de violencia y basadas en el consentimiento .
Más allá de la perspectiva biológica de la educación sexual tradicional, incluir aspectos relacionados con la empatía, el cuidado, la responsabilidad afectiva, la intimidad o la asertividad sexual ayudará a potenciar las competencias emocionales de los jóvenes.
En lugar de recurrir a la pornografía como fuente de aprendizaje , podemos fomentar una reflexión crítica sobre su impacto en la comprensión de las relaciones afectivo-sexuales.
La educación sexual y afectiva debería ser considerada una obligación legal. Necesitamos establecer un modelo de intervención fundamentado en la evidencia científica, con manuales de carácter universal y apoyado por profesionales especializados. No solo contribuirá al desarrollo personal del alumno, sino que también genera beneficios para la sociedad en su conjunto, promoviendo la salud física y mental y la igualdad de género.