No eres lo suficientemente guapo para ser actor principal. No eres lo suficientemente feo para ser actor de personajes secundarios. Eres un tipo promedio de unos 30 años. Quizás deberías empezar a pensar en qué hacer después de actuar.
No eres lo suficientemente guapo para ser actor principal. No eres lo suficientemente feo para ser actor de personajes secundarios. Eres un tipo promedio de unos 30 años. Quizás deberías empezar a pensar en qué hacer después de actuar.
¿Es algo que vemos en la pantalla grande? Esa no puede ser la respuesta, hoy en día se puede ver casi cualquier cosa en una “pantalla grande” y la mayoría de las experiencias cinematográficas ocurren en casa.
Si has visitado mi perfil, seguramente habrás notado dónde vivo. Así que quiero darte un consejo muy sueco.
Nuestro lenguaje debe ser positivo y afirmativo, sin una pizca de mentiras. Debemos conocer nuestra historia y nuestro potencial de mercado. Debemos conocer el negocio, no proyectar nuestros miedos.
Creo sinceramente que el camino al éxito se basa simplemente en la acción. No importa lo increíble o terrible que seas en algo; sin acción, no experimentarás crecimiento ni progresarás hacia tus metas. Tus sueños nunca se harán realidad y vivirás la vida preguntándote qué podría haber sido.
Permítanme comenzar diciendo que estoy muy orgulloso de mi película. Se llama Rematch . Me llevó mucho tiempo y esfuerzo terminarla, pero está hecha y está ahí afuera .
Emprender el camino de la escritura de guiones exige más que solo creatividad: requiere visión de futuro sobre qué hace que un guion sea no solo atractivo en teoría, sino también viable para la gran pantalla.
Como artista, estás llamado a mostrarte al mundo. Ya sea en el escenario, presentando una propuesta, enviando tu guion o montando una exposición de arte, te expones a los demás una y otra vez.
El zeitgeist cultural habla hoy en día sobre el aislamiento, la alienación y la desesperación de los jóvenes. Hemos visto los horrores de esto en series de televisión como “Adolescencia” (Netflix)
En algún momento, a la mayoría de los cineastas se les ocurre una gran idea para un documental. Puede tratarse de un tema o una personalidad interesante, y uno sabe que hay una historia que contar. Pero, al igual que en el cine narrativo, hay una gran diferencia entre tener una idea y poder plasmarla en una película terminada.
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