Cuando se habla de sexualidad en personas mayores es necesario analizar la Ética del Cuidado. En la gerosexología, no se puede ignorar que la enfermedad crónica, la discapacidad o la fragilidad física son parte de la realidad cotidiana. Aquí es donde la filosofía de autoras como Carol Gilligan y Joan Tronto transforma la práctica clínica: el placer ya no es un “logro individual”, sino un “proceso relacional”. La ética del cuidado brinda herramientas para vivirlo cuando el cuerpo presenta limitaciones reales.

por Dra. Alexandra Caballero Guzmán MD MSc salud sexual, especialista en gerosexología y cuidado con perspectiva de género
A continuación, el artículo completo:
Tradicionalmente, la medicina ha visto el “cuidado” y el “sexo” como dos mundos opuestos. El cuidado se asocia a la enfermedad y a la dependencia; el sexo, a la autonomía y al vigor. Sin embargo, en la edad mayor, estos dos conceptos se funden en una de las formas más elevadas de la experiencia humana: el cuidado erotizado.
Teniendo en cuenta los postulados de la Ética del Cuidado, se puede proponer una visión de la salud sexual donde la vulnerabilidad no es un obstáculo, sino la puerta de entrada a una intimidad más profunda.
1. De la “Autonomía” a la “Interdependencia”
La visión clásica de la sexualidad exige que seamos seres autónomos y “capaces”. Si alguien necesita ayuda para vestirse o bañarse, la sociedad asume automáticamente que ya no es un ser sexual.
La Ética del Cuidado expone que todos somos interdependientes. En la vejez, la sexualidad se desplaza del “yo puedo solo” al “nosotros nos sostenemos”. Una caricia que ayuda a aliviar un dolor puede ser, al mismo tiempo, una caricia cargada de erotismo. La salud sexual aquí no es “funcionar bien”, sino sentirse reconocido y deseado en la fragilidad.
2. La Caricia como Reconocimiento (Más allá del Coito)
En la práctica clínica con personas mayores, a menudo nos enfrentamos a la angustia por la pérdida de la respuesta genital. La propuesta desde la ética del cuidado es el desplazamiento del mapa erótico.
Si el cuerpo es “carne que sufre”, el acto de cuidar ese cuerpo con amor lo devuelve al territorio del placer. Como dice Joan Tronto, el cuidado requiere atención y responsabilidad. Aplicado a la cama:
- Atención: Escuchar qué partes del cuerpo del otro hoy son sensibles al tacto y cuáles al dolor.
- Responsabilidad: Asumir el placer del otro como una tarea compartida, adaptando las posturas o los tiempos a las necesidades físicas del momento.
3. La Sexualidad en Contextos de Dependencia
Un gran desafío para la gerosexología es el cuidado de personas con deterioro cognitivo o físico severo. ¿Existe la sexualidad ahí? La Ética del Cuidado dice que sí.
El mantenimiento de la piel hidratada, el contacto visual, el masaje o simplemente el hecho de permitir que las parejas en residencias tengan espacios de privacidad son actos de salud sexual. Cuidar la sexualidad es cuidar la dignidad de la persona. No se trata de “hacer sexo”, sino de asegurar que la persona siga sintiéndose “alguien” para “otro”.
4. El Cuidador como Facilitador
Como especialistas, nuestra labor bajo esta lente es ayudar a las parejas (o a los individuos) a ver que sus limitaciones no son el fin de su vida sexual, sino el inicio de una nueva gramática del cuerpo.
La Ética del Cuidado nos invita a:
- Normalizar la asistencia: Usar lubricantes adecuados para las personas mayores, almohadas de apoyo o medicación no es “hacer trampa”, es cuidar el placer.
- Validar la ternura: Entender que un beso prolongado o dormir abrazados tiene el mismo valor terapéutico y vital que cualquier otro acto sexual.
Conclusión: Una Salud Sexual Compasiva
La Ética del Cuidado nos devuelve una sexualidad que no juzga, que no exige rendimiento y que no se asusta ante la cicatriz o el temblor. Al final, la salud sexual en la vejez es el arte de acompañarse. Es entender que, aunque el cuerpo cambie y se vuelva dependiente, el corazón y la piel siguen necesitando ese “alimento” que solo el contacto humano y el deseo pueden proporcionar.
Es, en definitiva, pasar de una sexualidad del “éxito” a una sexualidad del acompañamiento y el cuidado.