por Gustavo Tejera – KW Foundation

“Scouting de ideas” (también “Scouting de la innovación”) se refiere al proceso de exploración y recopilación de información sobre tendencias, tecnologías o soluciones innovadoras para impulsar la innovación y la creatividad. Implica buscar, identificar y evaluar ideas o soluciones, ya sea dentro de una organización o en el mercado externo, para encontrar oportunidades y abordar desafíos específicos. 

Momento 1: Un emprendedor unipersonal o microempresa presenta una idea innovadora, cuyo impacto social potencial es enorme. No posee capital y está buscando socios para llevar adelante su proyecto.

Momento 2: Un encargado de innovación de una gran empresa (o “incubadora”) se acerca al emprendedor y, basándose en una falsa empatía sobre valores humanos loables, presenta un interés soberbio que entusiasma al emprendedor. Dice, más o menos: “Nos interesa la idea, estamos buscando algo como ésto, vamos a invertir”.

Momento 3: El emprendedor muestra toda su idea, en el entendido que encontró a alguien que va a ayudarlo y dar vida a su proyecto.

Momento 4: Intercambian tarjetas y la promesa de una reunión personal al siguiente día. El emprendedor está feliz.

Momento 5: Una hora antes de la reunión, el scout la cancela argumentando que “se le complicó”.

Momento 6: El vacío (ghosting).

Esto sucede casi siempre. La pereza creativa (o simplemente incapacidad) de las empresas termina justificando esta traición a la ética. ¿Los motivos? Todos los sabemos, incluso los emprendedores. Esto es parte de la profesión del “Scouting de la Innovación”.

¿Ha sido siempre así?

Shark Tank

Quizá la diferencia es que ahora este comportamiento es considerado “profesional”. Los efectos colaterales de estas acciones casi siempre terminan mal afectando la salud mental de una o más personas. En los hechos, hay daño moral y económico.

Un extremo de esta falta de ética es la postergación casi infinita de la empresa de su “si” ya sea por especulación pura o porque su intención es apagar la energía de un proyecto potencialmente competidor. A menudo estos “empresarios” se jactan por “no tener el sí fácil”.

El monopolio ha escalado, tanto en acción como intención. El costo puede quitarle calidad de vida a personas, familias, regiones y hasta países enteros. Pero hay organismos internacionales que miran para otro lado.

En mi país, Uruguay, este hecho se ha instalado rechazando proyectos de alto impacto en el ecosistema productivo con el argumento que no cumplen con la “ingeniería financiera” que le den sostenibilidad en el futuro. No importa su impacto social. No importa que un proyecto sea humanizante e inclusivo, no vale ayudarle para que sea sostenible. Sí, lamentablemente el emprendedor sano debe batallar contra el edadismo, el amiguismo, la politiquería y el efecto marketing.

Me pregunto: “¿No han aprendido que 9 de cada 10 proyectos financiados fracasan?”.

Bueno, hay dos realidades: por un lado está la falta de compromiso con la realidad más básica de la población, por el otro está la falta de capacitación (y ética) de quienes deciden qué es válido y qué no.

Hay mucho para argumentar sobre hechos, pero sistemáticamente quienes tienen el poder de ayudar quieren más “show” que acción real.

Hay referentes falsos. Hay empresarios que se han convertido en “consejeros” de gobierno (aunque están de los dos lados del mostrador), empresas públicas y privadas… Sin embargo, caen en la paradoja de que no pueden cambiar realidades si ellos son parte responsables de lo que sucede. Es como el uróboros, cuya vanidad les hace comerse su propia cola.

Hay un hecho irrefutable: la enorme omnipresencia digital no termina derramando calidad de vida en casi el 95% de la población, pero sí favorece al 5%. Hay menos educación, menos salud, menos seguridad…

Creo que el progresismo ha confundido el camino. Todos saben que hacer las cosas bien tiene un enorme costo político. Por ello el fundamentalismo que no está basado en la evidencia es otra cara de la misma moneda.

Se nos insulta la inteligencia. En Uruguay un indicador de tal frustración es la falta de puestos laborales de calidad, el deterioro de la salud mental y, en consecuencia, la pérdida de valiosas vidas. En esto Uruguay es campeón del mundo.

Ningún reclutador va a contratar um RRHH si éste puede ser sustituído por Inteligencia Artificial. Esto va a contramano de lo que nos quieren vender. Se van a perder millones de puestos laborales, y no bastará con capacitarse.

Esto va mal, muy mal.

Fuente: Gustavo Tejera – KW Foundation


Del pensamiento a la acción real:

Campaña para la autogestión del conocimiento de la Red Latinoamericana de Cuidadores

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